22 de junio de 2020
22.06.2020
Crisis del coronavirus Cronología del estado de alarma

Cien días después

La crisis desencadena la reforma del Gobierno | El estado de alarma modifica el aspecto del paisaje urbano y deja las calles desiertas

21.06.2020 | 21:27
Calles vacías en el centro de Santa Cruz en los primeros días del estado de alarma.

Canarias ha vivido cien días que pasarán a la historia. Para frenar la expansión de la Covid-19 la sociedad se vio obligada a quedarse en casa y a cambiar hábitos tan cotidianos como saludar a un ser querido. Las mascarillas, la distancia social y la cautela son imprescindibles en la recién estrenada nueva normalidad para garantizar que la calma tras la tormenta dure hasta que una vacuna segura permita recuperar la vieja normalidad.

El año 2020 trajo un invitado que nadie esperaba, el coronavirus. Percibido inicialmente como un adversario inofensivo y lejano, sacado de un guión de ciencia ficción, el virus no tardó en convertirse en un enemigo real capaz de paralizar el planeta y poner en jaque al conjunto de la humanidad. Para frenarlo la sociedad se ha visto obligada a vivir una realidad distópica, en la que encerrarse en casa y renunciar a derechos fundamentales como la libertad de movimientos y el contacto social eran las mejores barreras para hacer frente a una batalla que todavía está lejos de terminar. Se cumplen 100 días desde la entrada en vigor del estado de alarma, decretado el 14 de marzo por el Gobierno central para contener la pandemia de la Covid-19. No obstante, para esa fecha nuestro Archipiélago ya había reaccionado ante el virus tras detectar el primer caso de España en La Gomera a finales de enero y confinar un hotel del sur de Tenerife, con más de 1.000 huéspedes en su interior, cuando se confirmó que un médico lombardo, de vacaciones en la isla, resultó ser también positivo. En estos tres meses la oleada de la pandemia ha afectado especialmente a los trabajadores sanitarios, quienes han supuesto el 25% de los contagiados en las Islas e hizo temblar los cimientos del Gobierno de Canarias, llevándose por delante a las consejeras de Sanidad, Teresa Cruz, y Educación, María José Guerra, por las discrepancias con los profesionales de ambos sectores durante la gestión de la crisis.

Días antes de que el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, anunciara el inicio del estado de alarma, Canarias ya había adoptado medidas drásticas de contención como la suspensión de la toda la actividad lectiva en el Archipiélago, el cierre de las residencias de mayores y la restricción de las visitas a los hospitales. El 14 de marzo, la vida en las Islas ya no era igual.

En los primeros días de confinamiento la incertidumbre reinaba en los hospitales. Con más de un centenar de casos diagnosticados, los sanitarios de las Islas empezaban a notar la presión por el avance de la pandemia. Sin casi recursos materiales para protegerse y organizándose contrarreloj para hacer frente a un rival desconocido, que ya mostraba su cara más dramática en otras comunidades autónomas. El objetivo era doblegar la curva de contagios. Una curva que crecía a una velocidad exponencial y que hasta el 6 de abril no alcanzó su pico máximo de casos activos -1.450-, para por fin empezar a descender poco a poco.

El mercado internacional de material sanitario se convirtió en la jungla, completamente colapsado y convertido en una sala de subastas donde el mejor postor se hacía con la mercancía, siempre por encima del precio real en el mercado en una situación normal. Todas las naciones necesitan grandes cantidades de mascarillas, guantes, reactivos para los tests y respiradores. La centralización de las compras en Madrid se reveló como insuficiente y, el 23 de marzo, Canarias asumió esa responsabilidad para poder paliar la falta de material, que los sanitarios miraban con mucha preocupación. Desde entonces, se creó un corredor aéreo directamente desde China por el que no han parado de llegar cargamentos.

En medio de la vorágine creada por el desconocimiento de lo que iba a acontecer, el temor de los profesionales de la sanidad a no poder dar una respuesta digna a sus pacientes y las presiones políticas, el 25 de marzo el presidente del Gobierno de Canarias, Ángel Víctor Torres, destituye a la consejera de Sanidad y la reemplaza temporalmente por Julio Pérez, que compatibiliza ese puesto con la consejería de Presidencia, Justicia y Seguridad durante 87 días, para relevarlo el pasado viernes el nuevo responsable del área, Blas Trujillo. En total, tres consejeros de Sanidad para una crisis sanitaria.

Tres consejeros para una crisis


El 27 de marzo el Archipiélago alcanzó la cima de contagios con 127 positivos en 24 horas y tres días después hubo que lamentar la jornada con más fallecidos con 15, aunque parte de ellos ocurrieron durante el fin de semana pero no fueron registrados. Durante el confinamiento la lacra de la violencia de género no se contuvo. Para tender la mano a las mujeres que pudieran estar viviendo una situación de maltrato en su hogar, surgió la iniciativa Mascarilla-19, impulsada por el Instituto Canario de Igualdad y los colegios de farmacéuticos de ambas provincias. Más de una veintena de mujeres canarias acudieron durante el estado de alarma a sus farmacias a solicitar esta mascarilla como una forma discreta de dar un grito de auxilio. Este protocolo ideado en las Islas se ha replicado en toda España, incluso, en otros países como Francia, Argentina o Australia.

En mayo, conceptos como desescalada o nueva normalidad se instalaron en el vocabulario cotidiano de los españoles. La Gomera, El Hierro y La Graciosa tomaron la delantera a la hora de avanzar en las fases y dieron todos los pasos una semana antes que el resto del Archipiélago. Empezaron a abrir los negocios de hostelería, las visitas a familiares y amigos, los comercios comenzaron a subir las persianas, las playas se llenaron y las mascarillas se convirtieron en un complemento más. También el corazón de la cultura volvía a latir y, el 29 de mayo, el Teatro Guiniguada se convirtió en el primero de España en ofrecer un concierto tras el confinamiento, de la mano de Yull Ballesteros.

Lo que se resistía a retomar la actividad era la educación. El caos durante la preparación del plan para la reapertura de los centros escolares desembocó en la dimisión de la consejera de Educación. Guerra dio un paso a un lado el 25 de mayo y Torres le confió al consejero de Transición Ecológica, Lucha contra el Cambio Climático y Planificación Territorial, José Antonio Valbuena, la cartera de Educación para que pusiera orden a la vuelta al cole. Finalmente, después de muchas negociaciones con los agentes implicados, las aulas abrieron solo para dar clases de refuerzo a los alumnos de los cursos que terminan etapa educativa el 3 de junio. En concreto, los estudiantes de Segundo de Bachillerato afrontan a un reto especialmente duro, puesto que tienen que realizar las pruebas de la EBAU, que se celebrarán del 1 al 4 de julio bajo estrictas medidas de seguridad sanitaria. Pero estos exámenes ya los harán con Manuela Armas como nueva consejera del área.

Las noticias que empezaron a llegar en mayo desde los hospitales eran alentadoras. Las plantas iban quedando libres del virus poco a poco y los centros iban recuperando la normalidad, pero no fue hasta el 16 de junio cuando las unidades de cuidados intensivos de la comunidad autónoma se vaciaron de pacientes con la Covid-19, tras atender a un total de 184 personas desde el inicio de la crisis sanitaria. El día 10 de junio se produjo una doble coincidencia que también vislumbraba una victoria contra el virus, al menos momentánea. Esa jornada, por primera vez en 100 días, no se registró ninguna muerte ni ningún contagio. Y, al siguiente día, el número de casos activos en el Archipiélago llegó a bajar bajó del centenar. Tras este periplo de más de tres meses, Canarias estrenó ayer la nueva normalidad. Mientras, los expertos insisten en apelar a la responsabilidad y la cautela para que la calma sea duradera hasta la aparición de la vacuna eficaz que la haga definitiva.

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