A propuesta de la Consejería de Sanidad, hace ahora nueve meses, acepté ilusionada el reto de responsabilizarme de la dirección del Hospital Universitario de Canarias (HUC), para lo que me comprometí con un proyecto que implicaba, por lo menos, la mejora de la calidad asistencial, tanto en el ámbito médico como con el resto de los servicios que debe prestar un centro de referencia de estas características: universitario, con una amplia cartera de servicios como hospital de tercer nivel y comprometido con la calidad asistencial, la docencia y la investigación.

Si bien la tarea no me resultaba novedosa (no soy neófita en estas lides, y mi experiencia, que me respalda, es de sobra conocida), sí me comprometía aún más el hecho de dirigir un centro sanitario con la excelente tradición del Hospital Universitario de Canarias. Familiar me era por muchas razones, entre otras la de ser la referencia de una Facultad de Medicina en la que realicé los tres primeros años de la carrera; época en la que fui testigo muy directo de la excelente calidad de sus profesionales, en todos los niveles, con profesores de gran reconocimiento, de altísima formación, responsables de muchas promociones de Enfermería y ¬de Medicina. Ni que decir tiene que el nivel de la investigación realizada en nuestro Hospital, como institución necesariamente complementaria de la Facultad, mantiene el dignísimo nivel de los primeros maestros, cuyos sucesores, maestros hoy en sus respectivas especialidades, han sabido mantener en muy alto nivel el prestigio de estas instituciones que enorgullece a los tinerfeños y a todos los canarios.

Muy consciente, pues, de aceptar tan alta responsabilidad, vengo ejerciendo como directora gerente desde el 25 de septiembre. Confieso con total sinceridad que en este tiempo he gozado del apoyo incondicional del personal (al menos es lo que percibo). Ahora estoy segura de que ha sido así, porque estamos recibiendo cartas de apoyo a la dirección de numerosos jefes de servicio y de sección y de repulsa a esta guerra mediática que deteriora la imagen de nuestro hospital. Creo que, con el equipo que he ido conformando de forma paulatina y concienzuda hemos conseguido logros más que evidentes.

Obviamente, soy también plenamente consciente de que es muy probable que algunas de las decisiones adoptadas no hayan sido compartidas en su totalidad por algunas personas, sobre todo cuando intereses personales o situaciones de privilegio se superponen al espíritu de servicio, que en esta profesión como en otras muchas, debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración.

Hago este breve recorrido por mi corta historia en este Hospital Universitario para tratar de explicar a la opinión pública la sorprendente y mediática reacción de un grupo de profesionales del servicio de urgencias por haber adoptado una decisión tan legítima como la de decidir otorgar mi confianza para el cargo de coordinador del servicio a una persona que es máster por la ULL en urgencias y emergencias, con una amplia experiencia en los diferentes niveles asistenciales y muy bien predispuesta para el trabajo en equipo y para alinearse con las directrices del proyecto que me he marcado y cuya eficacia, como he dicho, se muestra muy evidente.

Creo oportuno aclarar que en esta designación no ha existido ninguna motivación de tipo personal ni mucho menos con connotaciones político-ideológicas, como desde ciertos sectores se ha querido presentar. Antes bien, debo decir, como en su momento le manifesté al cargo cesado, que no había que entender mi decisión de otra manera que no fueran exclusivamente razones de mejora en la organización y gestión, normales y naturales en estas circunstancias. Considérese, si no, el hecho de que el citado doctor ocupaba el puesto de coordinador del servicio por el mismo sistema de designación directa (legítimo, como he dicho), seguramente por la plena confianza de quien en aquel momento (hace seis años) desempeñaba el cargo que ahora me ha tocado a mí desempeñar. No deja de ser una paradoja que ahora se manifieste disconformidad, y se considere "injusto", el mismo procedimiento que se siguió en su momento para su designación.

Me reitero en el reconocimiento del trabajo realizado por el servicio afectado por este cese, no solo en este periodo pandémico sino en todo momento, a pesar de que algunas de sus actuaciones, concretamente en el ámbito administrativo y de gestión no estaban en la línea marcada por esta gerencia; discordancia en las tareas de la que ya tenía conocimiento el hasta ahora coordinador del servicio, y razón por la que se había encargado una evaluación externa -también tenía conocimiento de este extremo- que no pudo iniciarse por la irrupción del Covid que paralizó los plazos administrativos sin que se finalizara el concurso público de libre concurrencia de adjudicación a la empresa que hubiera correspondido según el procedimiento que la legislación prevé.

Pero no puedo -ni debo- aceptar las irresponsables actuaciones de quienes han observado una conducta poco cortés, por no utilizar otros calificativos, menospreciando a su propio centro de trabajo y a su dirección con valoraciones que solo descalifican a quienes las profieren.

Tengo la certeza de que la situación se reconducirá y que con la profesionalidad que siempre ha caracterizado a nuestros profesionales sanitarios continúen trabajando con el mismo espíritu de equipo y colaboración con esta gerencia. Saben que siempre nos tendrán a su entera disposición en la defensa de los intereses comunes, que son los de nuestra propia sociedad, mas no contribuyendo con nuestra connivencia a que se perpetúen intereses espurios, malos hábitos, tóxicas actitudes.

(*) Gerente del Hospital Universitario de Canarias