28 de abril de 2020
28.04.2020
Crisis del coronavirus

Alfonso Raffin del Riego: "Nos queremos anticipar al pánico, que va a generar muertes y problemas"

El veterinario y consultor entiende que "si no hacemos nada, nuestra vida, nuestra salud y nuestra seguridad dependerán de la suerte..."

27.04.2020 | 21:37

Alfonso Raffin del Riego (Madrid, 1966) se crió en un pueblo de Asturias. De ver cómo sus abuelos producían miel pasó, acabada la carrera, a ser veterinario rural. Un viaje a Canarias acabó metiéndole en el sector agroalimentario, donde ha ocupado puestos directivos en todo el mundo.

¿Por qué y cuándo nace el proyecto HiCov de Inmunidad?

Mi trabajo me ha servido para analizar los escenarios más previsibles de la crisis sanitaria, y el panorama es bastante desolador. Ahora estamos con muertos, aplanando la curva y preparando el desconfinamiento, pero no somos capaces de ver lo que se nos va a ir viniendo encima en cuatro, cinco o seis meses. Cuando trasladé esto a los veterinarios, encontré una actitud activa, ganas de anticiparse.

¿Por qué los veterinarios?

Mientras en países como Alemania nuestro gremio ha liderado la crisis, aquí no se ha contado mucho con ellos. Esto es una zoonosis, una enfermedad originaria de los animales, que conocemos bien. Pero, además, es una epidemia, y tenemos mucha experiencia en eso que se llama la salud del rebaño. A diferencia de los médicos, tratamos muchas enfermedades desde el punto de vista del grupo, no tanto del individuo.

¿A qué quieren anticiparse?

Este proyecto se llama HiCov, siglas en inglés de "inmunidad de grupo controlada, organizada y voluntaria", y ese nombre ya indica algo así como "¡hola, Cov, sabemos lo que buscas y no te tenemos miedo!". Nos queremos anticipar al pánico, que va a generar muertes y problemas. El confinamiento tiene consecuencias en el debilitamiento de la salud del rebaño, problemas psicológicos, problemas de obesidad, de hipertensión y económicos. Podríamos estar avanzando hacia un deterioro de salud y pérdida de confianza en las instituciones. El rebaño estará muy débil cuando llegue la segunda oleada de la epidemia.

Detalle ese deterioro.

La economía no es la de antes, no vamos a parar totalmente los contagios y empezaremos a ver cosas muy dramáticas en otros países que van a afectar a nuestro tejido productivo. Veremos países con tensiones políticas, pérdida del orden social... Cuando eso suceda en un país que abastece de soja, minerales o vitaminas a todos nuestros animales, dejaremos de tener leche, carne y huevos. Un efecto dominó. Por eso hay que ser responsables y anticiparnos. También es importante tener una actitud activa, porque el confinamiento es pasivo y va minando el ánimo a la sociedad, quitándole su capacidad de ser útil, lo que genera una enorme frustración psíquica.

El panorama que pinta es muy malo, y la situación actual, más esperanzadora.

Nuestra previsión es que mayo va a ser un mes dulce, muy bueno. Parecerá que tenemos la epidemia controlada, habrá movimiento de gente, la propia época del año favorecerá psicológicamente nuestros ánimos. Pero también vamos a darnos cuenta de la realidad económica. En cuanto los bancos sean¬accesibles veremos situaciones que nos crisparán mucho y el virus será menos importante. Estos cambios serán difíciles de ver porque se producirán día a día. Veremos cosas en otros países que nos parecerán tan lejanas como nos pareció lo de China en su momento, pero aumentará la ansiedad. Y ahí hay un chip que se despierta en la conciencia de las personas preguntándose que si, tal vez, sus organizaciones no consiguen protegerlas, igual hay que empezar a moverse por su cuenta. Veremos dos actitudes, la del que se hiperconfina y se encierra, con armas como sucede en Estados Unidos, o el que sale y arriesga.

Habla de países donde el avance del virus no ha sido por ahora significativo.

Hay especulaciones de todo tipo sobre esto. Primero se habló del calor y los países cálidos, pero ahora se ve que el calor no atenúa tanto. La otra especulación es la de la vacuna de la tuberculosis, que muchos países subdesarrollados y alguno europeo, como Portugal, mantienen. La vacuna BCG, muy antigua. Y es verdad que no se sabe si por un efecto heterólogo podría proteger también del coronavirus. En cualquier caso, estos países están tan expuestos por sus condiciones socioeconómicas que la enfermedad será imparable.

Aunque no se haya visto aún.

Porque en sus primeras fases es una enfermedad de ricos, de políticos, de directivos de empresas, de personas que viajan. Pero cuando entra en un país se va transformando en un virus de pobres. Las personas ricas se protegen, se lavan más las manos, y las pobres no tienen ninguna oportunidad. Tienen que salir de su casa, de su favela o de su chabola a ganarse la vida. Y muchas veces, como ya sabemos que está pasando en Estados Unidos o Brasil, ni siquiera anuncian su enfermedad porque no tienen sanidad universal y necesitan trabajar. Tomemos el ejemplo de la India o Pakistán. La leche allí se produce en las aldeas, la produce gente que tiene tres o cuatro búfalas y la lleva personalmente a las ciudades. Si no pueden hacer eso, no habrá leche, porque su sistema logístico está determinado por la relación próxima entre las personas. Por eso digo que va a ser brutal y nos va a afectar mucho cuando veamos que empiezan a faltar cosas. Porque la India es la oficina del mundo igual que China es la fábrica o Brasil el frigorífico.

Lo pinta muy negro.

No pretendemos ser alarmistas. Lo que queremos es hacer ver que podemos adelantarnos y evitar que la gente entre en pánico. Queremos que se entienda que todo lo malo que puede pasar es perfectamente posible y muy probable.

Bien. Entonces, ¿qué se puede hacer?

Hay tres vías. Las dos primeras son muy conocidas y se basan en la mejora de los tratamientos y en llegar al máximo conocimiento del virus. Pero también hay que ser muy realistas. Es un virus, como el sida o la gripe, que tienen tratamientos paliativos pero no curativos. No nos vamos a tomar ninguna pastilla que nos quite el virus. La segunda vía es la de la vacuna. Hay cinco proyectos muy avanzados, en China, en Estados Unidos y en Europa. Sabemos que esa será la solución, que el día que se produzca una vacunación masiva en todo el mundo quedaremos tranquilos y relajados. Pero hasta que llegue ese día, el deterioro de las condiciones económicas, sociales y de salud será tremendo. Acelerando todos los pasos, esas vacunas no estarán antes del invierno.

¿Y la española?

El proyecto del CSIC es, de entre todos, del que saldrá la vacuna más fiable, porque tiene todo el virus. Mientras las otras están montadas para identificar la proteína spike, que es lo más maligno, y no servirían si el virus muta, la española sí. Tal vez a principios de 2021 las vacunas chinas o norteamericanas estén en el mercado, pero se aplicarán primero en esos países, y la capacidad de los laboratorios es limitada. La nuestra no llegará antes de la tercera o cuarta oleada, en otoño de 2021.

¿Y cuál es la tercera vía?

Lo que nosotros planteamos es ser inoculados de forma voluntaria con el virus, o la vacuna con la que trabaja el CSIC. Tendríamos el virus ligeramente atenuado y sufriríamos la enfermedad de una forma muy leve o imperceptible, con una perfecta monitorización y aplicación anticipada de bloqueantes de la tormenta de citoquinas. De esta forma, estaremos listos para trabajar sin riesgo de contagiar a nadie y donaremos nuestro suero sanguíneo, con anticuerpos inmunes, a ancianos, niños asmáticos...

Hay muchos problemas, también éticos, parar convertirse en cobayas humanos.

Sabemos muy bien que existen una legislación y un código y que no se puede poner en riesgo la vida de unas personas para salvar muchas más. Pero el hecho de que en España haya un proyecto muy avanzado de una vacuna viva atenuada, como la del doctor Enjuanes, abre las puertas a nuestro proyecto. Si recibimos inmunización por esta vacuna empezaríamos a ser cortafuegos y nos convertiríamos en donantes de suero hiperinmune, un campo en el que España es también líder con los proyectos que hay en la Carlos III. Avanzaríamos en la inmunización del rebaño y en la producción de suero. Además, no solo estaríamos ayudando a probar la vacuna, también a que se conozcan las evoluciones de los pacientes en los primeros estadios de la enfermedad. Respecto a nuestros riesgos, además de que sería un virus atenuado, estaríamos protegidos por los tratamientos de corticoides que tan buenos resultados están dando.

¿Tiene algo que ver con el proyecto '1 Day Sooner' de Estados Unidos?

Tiene algunas similitudes. Pero ellos son científicos que se ofrecen para probar la vacuna, infectarse vacunados y no vacunados y probar que es correcta. Se ofrecen para recibir una vacuna en fase muy experimental.

¿Qué más supondría su proyecto?

Aumentar la inmunidad del rebaño. Todo el mundo habla de aplanar la curva, que es fundamental para no saturar el sistema sanitario, pero también cuanto más la aplanas, más la alargas, y más tiempo tardas en llegar a ese 70% de población inmune en el que el virus encuentra muy pocas posibilidades de propagarse. No es lo de Boris Johnson, que era una infección a lo bestia, es ir ganando la inmunidad del rebaño de forma organizada. Eso genera conciencia social y evita que la gente salga a la calle a lo loco a coger el virus.

¿Lo dice por los carnés de inmunidad?

Sí, eso abre una vía muy peligrosa, la de personas que para encontrar trabajo más rápidamente busquen el contagio accidental y, a la vez, estarían propagando la enfermedad.

¿Por qué no lo comunican a las autoridades?

No se puede imaginar lo saturado que está ahora mismo el poder. Están totalmente desbordados con decisiones domésticas sobre si llegan los kits o cuántos necesitan. Nosotros, gracias a estar en la retaguardia, podemos hacer ese pensamiento crítico.

¿Conclusiones?

Si lo hacemos bien, todo irá bien. Pero si no hacemos nada, nuestra vida, nuestra salud y nuestra seguridad dependerán de la suerte... Es el momento de tomar decisiones.

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