23 de abril de 2020
23.04.2020
Crisis del coronavirus

Rafael Máñez: "Buscamos los anticuerpos que ayudan al coronavirus"

El jefe del Servicio de Medicina Intensiva de Bellvitge afirma que "la gran conclusión de esta pandemia es que somos vulnerables"

22.04.2020 | 21:34
El doctor Rafael Máñez lleva 35 años trabajando como intensivista y su línea principal de investigación es la inmunidad.

Rafael Máñez (Barcelona, 1958) es el jefe del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital de Bellvitge de Barcelona. Lleva 35 años trabajando como intensivista y su línea de investigación principal es la inmunidad. Actualmente dirige uno de los tres proyectos de investigación sobre Covid-9 del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (Idibell) financiados por la Consejería de Salud de la comunidad autónoma de Cataluña.

¿En qué consiste el proyecto que usted dirige?

Sabemos que en las infecciones por coronavirus hay anticuerpos que ayudan al virus. Nuestro objetivo es identificar la diana de estos anticuerpos.

¿Anticuerpos que ayudan al virus?

Los anticuerpos son fundamentales contra las infecciones causadas por cualquier virus o microbio. Los anticuerpos reaccionan ante estos antígenos, activando el sistema inmunitario. Sin embargo, nuestro organismo también produce muchos otros anticuerpos capaces de identificar a estos antígenos y que no actúan contra ellos. El problema es que los microbios han aprendido a utilizar como escudo a estos anticuerpos que no les matan, para facilitar infecciones. Es decir: los microbios dejan que se les unan estos anticuerpos y, de esa forma, evitan que se les puedan unir otros que sí activan el sistema inmunitario. Buscamos eliminar selectivamente los anticuerpos facilitadores de infecciones.

¿Para cuándo los resultados?

Tardaremos entre 12 y 18 meses. Si realmente identificamos esta diana, el tratamiento vendrá rápido: ya hay una familia de medicamentos de este tipo.

¿Qué es clave conocer para entender el coronavirus?

Tenemos muchos coronavirus entre nosotros continuamente; el virus del resfriado, por ejemplo, lo es. En el caso del covid-19, no sabemos por qué tiene las características que tiene. Se puede transmitir con mucha facilidad.

¿Había imaginado usted que llegaríamos a esta situación?

Hace 30 años yo participé en comités internacionales que analizaban situaciones hipotéticas como la que estamos viviendo. Cuando yo investigaba el xenotrasplante [técnica que consiste en trasplantar un tejido externo, normalmente de animal, en un individuo], se descubrió que había un retrovirus endógeno porcino que se podía transmitir a personas. Entonces analizamos qué medidas de seguridad había que tomar para evitar situaciones como la actual. Todo quedó en ejercicios intelectuales, porque la realidad no había ocurrido. Pero ahora sí.

¿Lecciones aprendidas?

Yo no soy virólogo, pero para mí la gran conclusión de esta pandemia es lo vulnerables que somos. Hemos llegado a sentir que todos los avances médicos y científicos nos protegían, y que algo así no iba a pasar. Es verdad que la mayor parte de los pacientes con coronavirus lo viven como un resfriado, pero hay un porcentaje que hace cuadros muy graves, entre él gente muy joven también. He tenido una paciente de 26 años con miocarditis. No sospechamos que una infección más propia del siglo pasado que de este podría ponernos en una situación tan límite.

Aún es muy desconocida.

Sabemos que, ante cualquier infección, existe la capacidad del propio virus para infectarte -algo en lo que influye el nivel de exposición al que estamos sometidos y la carga vírica-. Y también hay otro aspecto, la susceptibilidad individual, el porqué de que unas personas respondan de una forma ante el virus y otras, de otra. Espero que el próximo año tengamos más información sobre ambos aspectos.

¿Qué hacer para convivir con el coronavirus?

Haciendo lo que ahora. La población se ha comportado muy bien, las medidas de aislamiento son lo mejor, pero no se puede mantener de forma indefinida el confinamiento. Y el impacto del virus en los hospitales ha bajado mucho. Pero habrá que seguir evitando las grandes aglomeraciones y, seguramente, deberemos acostumbrarnos a que haya medidas de protección, de distancia social. También está la parte educativa: ante la mínima sintomatología, tendremos que ponernos mascarilla.

¿Cómo ha afectado la pandemia al Hospital de Bellvitge?

De una forma muy significativa. Ha pasado a ser un hospital con el 90% de pacientes con covid-19. Hemos tenido hasta 500 pacientes ingresados. En las UCI ha habido 108 pacientes positivos. Tuvimos la suerte de que el hospital tenía un área nueva de UCI, pendiente de abrir porque le faltaba equipamiento, pero que habilitamos para esta pandemia.

Un gran impacto.

Sí. Recuerdo al primer paciente en la UCI, el 12 de marzo. Aquellas semanas, hasta finales de mes, no dábamos abasto. Cada día teníamos diez ingresos diarios en UCI. Preparábamos una nueva unidad cada día, pero a la mañana siguiente ya estaba cubierta. Pudimos parar el golpe, pero con un gran esfuerzo de los profesionales, llegando al límite. No hubo colapso, aunque estuvimos cerca. En todo momento tuvimos camas y pudimos continuar aceptando pacientes.

¿Qué hacer a partir de ahora?

Ser conscientes de que los microbios siempre acaban encontrando alternativas, que seguirán yendo por delante de nosotros. Pueden aparecer otros. Por fortuna, creo que esta vez, aun pagando un precio muy alto porque mucha gente ha fallecido, lo vamos a superar.

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