Ante el escenario de malestar e incertidumbre generado por la crisis del coronavirus y las directrices de permanecer en casa, ¿cuáles pueden ser las claves para atravesar la cuarentena prevista para los próximos días?

En primer lugar, este es un escenario al que nunca nos habíamos enfrentado, ni yo desde el ámbito profesional, ni nadie en el ámbito social. Se me ocurre que los jóvenes de 30 años para abajo no van a tener absolutamente ningún problema mientras tengan pantallas a mano. Esto lo digo desde esa cierta ironía que creo que podemos ponerle al asunto de permanecer un tiempo recluidos en nuestras casas, aunque lo cierto es que una de las cosas que probablemente va a ayudar mucho a soportar una cuarentena es el hecho de poder estar conectados. En ese sentido, la posibilidad del manejo de las redes sociales y otras formas de comunicación a través de Internet o de dispositivos móviles, así como la televisión por cable o la radio, son aspectos que, sin duda, nos van a ayudar mucho a que estemos aislados y, al mismo tiempo, muy comunicados. Luego, evidentemente, es fundamental tratar de conservar la calma, porque ni estamos viviendo una guerra ni nos estamos enfrentando a un peligro mortal.

¿Cómo expondría la situación a la ciudadanía de tal manera que pudiese comprender que, aunque es importante permanecer en nuestras casas, no hay motivos para la angustia o la alarma social?

Lo expondría de la siguiente manera: la clave de la cuarentena es mantener la tranquilidad y la calma, porque no estamos ante un apocalipsis ni nada por el estilo, sino que estamos haciendo un esfuerzo solidario para facilitar las cosas a los que tienen que trabajar en este momento, que son los responsables sanitarios. El resumen de la situación es que las medidas de cuarentena se implantan para evitar la propagación de un virus y los contagios, de modo que son medidas preventivas pero de una situación que, en principio, no tiene que suponer un peligro inmediato. El otro día, Angela Merkel apelaba a la solidaridad de la población porque preveía que hasta el 70% de los alemanes podrían contagiarse de coronavirus. Por tanto, si las medidas de cuarentena sirven y evitan que te contagies, o que, si te has contagiado, puedas contagiar a otros, eso probablemente retrasará la propagación del virus, lo cual permitiría que los servicios sanitarios pudieran hacerse cargo de las personas a medida que fuesen llegando los casos más graves. Entonces, la situación de cuarentena no se debe a que afuera haya un peligro horrible, sino que es un acto solidario para intentar generar los menores conflictos posibles por parte de cada uno.

Por lo tanto, se trata de una cuestión de asumir nuestra responsabilidad personal como ciudadanos o ciudadanas.

Claro, al igual que también se reducen servicios o actividades comerciales y culturales. La lógica es que, cuanto menos salgas a la calle para demandar cualquier tipo de servicio, más fácil lo pones para frenar la propagación del virus.

En cuanto a la hiperconexión que mencionaba antes como realidad a nuestro favor, ¿considera que puede también puede constituir un arma de doble filo, en el sentido de que nos exponemos a la sobreinformación, a los bulos y a esa sensación de angustia que debemos evitar?

Claro, evidentemente. Además, muchas veces digo que si hay algo en lo que es especialista el ser humano es en producir basura, y lo hacemos en todos los ámbitos. En esta cuestión, hemos colonizado un ámbito como son las redes sociales o el intercambio masivo de comunicación y lo hemos llenado de basura enseguida. Entonces, efectivamente, un problema de la hipercomunicación es la cantidad de bulos absurdos que circulan porque, además, hay muchas personas que no tienen la capacidad o el criterio para dirimir hasta qué punto algo es cierto o no. Y luego, muchas veces, un exceso de información angustia y aturulla. En este sentido, hay un fenómeno curioso en psicología, que se llama "disonancia cognitiva", que consiste en que, paradójicamente, un exceso de información puede angustiarnos, por una parte, pero, en la medida en que nos angustia, nos negamos, por otra parte, a aceptarlo. Entonces, cuando un mensaje nos asusta demasiado, se genera lo que llamamos una disonancia cognitiva, en la que a nuestra mente le cuesta mucho trabajo prestar atención a una realidad y, como respuesta inmediata, tendemos a ignorarla. En cierta medida, es una especie de autorregulación de nuestro nivel de alarma. Y en este sentido, habrá mucha gente que se active mucho con todas estas noticias, pero también mucha otra gente que, cuantas más noticias alarmantes reciba, más negará la realidad. Es un fenómeno curioso, pero así funciona nuestra mente.

¿Hasta qué punto puede ser común que una parte de la sociedad tienda a negar la existencia del coronavirus o de sus consecuencias?

En este punto es importante señalar que nos enfrentamos a una situación límite que, desde el punto de vista adaptativo, es desconocida para la mayoría de nosotros. Las situaciones límite pueden propiciar que surja lo que de disparatado tenemos en la cabeza cada uno de nosotros. Yo trabajo en el servicio de Psiquiatría y luego también atiendo a pacientes ambulatoriamente, pero la verdad es que locuras como la que se han visto en los supermercados en los primeros días han sido nuevas para todos. No tiene sentido. No estamos hablando del nivel de alarma, pero eso es lo que permite esta disonancia cognitiva que mencionaba, que hace que, por ejemplo, haya gente convencida del terraplanismo, pese a todas las evidencias científicas posibles. De hecho, habrá gente que empiece a pensar que esta crisis es una maniobra o conspiración política, o que piense, incluso, que la misma existencia del coronavirus es una mentira.

¿En qué medida estas crisis sociales nos ponen delante un espejo?

Absolutamente. Por eso es fundamental entender el sentido de las medidas que se han ido adoptando. Se trata de algo tan sencillo como el hecho de que, si evitas salir a la calle, evitas exponerte a posibles situaciones de peligro, como podría ser conducir, con lo cual liberas la posibilidad de tener que utilizar las consultas o los hospitales, y eso permite, a su vez, que si la situación se agravase y hubiese que atender a un volumen grande de población, se pueda afrontar. Por ejemplo, otra de las cosas que se han hecho ha sido cancelar o posponer operaciones, precisamente para tener más recursos disponibles en los hospitales.

Con todo, si la cuarentena se prolongara, ¿cuál es la actitud que debe adoptar una persona a la que le cueste permanecer encerrado o encerrada en casa?

Pues creo que una cuestión positiva en relación con la cuarentena es la siguiente: cuando nos tenemos que enfrentar a una situación de impedimento o de minusvalía de cualquier tipo, en lugar de pensar en lo que no podemos hacer, tratemos de pensar qué es lo que podemos hacer y que, en otras circunstancias, hubiésemos aplazado. Una situación de cuarentena, evidentemente, te impide hacer muchas cosas, pero precisamente porque te impide hacer un montón de cosas, te da la posibilidad de hacer otras tantas cosas que a lo mejor deseabas haber hecho, pero que no las haces o no las puedes hacer porque siempre tienes que ocuparte de otras cosas. En definitiva, se trata de centrarnos en qué tipo de cosas son las que podemos hacer: cuántos libros tengo pendientes de leer, cuántas películas y series de televisión hay que no he podido sentarme a ver, qué arreglos domésticos tenía pendientes (aunque no te subas mucho a escaleras, porque los accidentes domésticos también son peligrosos). En definitiva, si nos paramos a pensar, hay un montón de cosas que sí se pueden hacer en una situación de aislamiento, como leer, estudiar o, incluso, hacer deporte, que es algo que también podemos hacer en casa.