10 de marzo de 2020
10.03.2020
CIENCIA

La calima enrojece la superluna

Por segunda vez en el año, nuestro satélite se llena y se coloca más cerca de La Tierra

10.03.2020 | 15:49
Instante de la puesta de sol en el Teide junto a la superluna

Una gran y brillante luna se postró ayer frente a la sombra del Teide. Con un diámetro un 12% mayor –al menos desde nuestro punto de vista– la superluna de marzo colmó el cielo canario en otro de esos fenómenos naturales de los que hay que ser testigo al menos una vez al año. Este año, los canarios tendrán la opción de hacerlo hasta dos veces más: el 8 de abril y el 7 de mayo.

Esta cita astronómica coincide con el momento en el que la órbita que sigue el satélite alrededor de La Tierra es más cercana a nuestro planeta. Coincide además con la última luna llena del invierno en el hemisferio norte, verano en el sur. "No es la más grande, la del mes que viene será mayor", destaca Miquel Serra, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y coordinador del proyecto EELabs. Este tipo de eventos son bastante habituales, ya que simplemente requieren que coincida la fase llena del satélite y su acercamiento máximo a nuestro planeta. Así, las superlunas ocurren entre tres y cinco veces al año.

No obstante, y a pesar de no ser el más asombroso de los que se esperan este año, el evento ayer tenía una peculiaridad: la luna iba a coronar el Teide. Como si se tratara de la estrella de un árbol de navidad, el satélite se alineó de forma impecable con la sombra que deja el Teide al atarceder y ahí, sobre el mar –y a unos cuantos kilómetros de altitud– cualquiera podía ser testigo de esta curiosa estampa navideña a destiempo.

En los primeros instantes, la forma de la sombra reprojo la silueta del pico de la montaña y, conforme avance el tiempo, la longitud de esta sombra fue creciendo progresivamente debido a que la cada vez menos altura del Sol. De esta manera, la proyección del volcán en la atmósfera acabó siendo triangular. De hecho, el Teide, por su altura, y porque desde su pico tiene todos los horizontes despejados, es uno de los mejores lugares para observar la formación y evolución de la sombra de una montaña. Esta es la razón por la que el equipo del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), se trasladó hasta allí para retransmitir todo el evento.

Al igual que en otros eventos astronómicos y gracias a la colaboración del proyecto EELabs, que coordina el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), sky-live.tv retransmitió ayer en directo todo el evento. Como el plenilunio y el crepúsculo solar se produjeron prácticamente a la vez, fue posible observar la sombra del Teide y la Luna llena. La alineación (aproximada) entre la sombra del Teide y el satélite natural del Teide ocurre cuando coincide con el amanecer o el atardecer, lo que sucedió ayer.

El término "superluna" fue acuñado hace apenas unas décadas, concretamente en 1979. Fue el astrólogo Richard Nolle quien llamó así a una luna nueva o llena que ocurre con la Luna en o cerca (dentro del 90%) de su aproximación más cercana a la Tierra en una órbita determinada". Hace referencia a la percepción que, desde nuestro planeta, se tiene del diámetro y el brillo de la Luna llena. Con respecto al apogeo –cuando la órbita del satélite se encuentra en el punto más alejado de más de nuestro planeta–, en el perigeo la luna puede aumentar aparentemente su tamaño hasta un 14% y su brillo hasta un 30%.

"No es la mayor"


En el caso de la que se pudo contemplar ayer, su tamaño y brillo aparentes aumentaron un 12% y un 29,2% con respecto al apogeo, respectivamente. "No es la mayor que será visible este año", explicó Serra. Esto es debido a que el el satélite pasó a 363.972 kilómetros de la Tierra (apogeo máximo 2020, 406.690km).

Cabe recordar que la órbita de la luna "no es circular" sino elíptica "como la de la mayor parte de astros", incide Serra, que señala que "si fuera una circunferencia, la luna siempre estaría a la misma distancia".

Sin embargo, la calima que estos días afecta a las islas ha deslucido, al menos, el mayor brillo que el satélite debía haber emitido estos días. Este polvo en suspensión, como explica el investigador del IAC, provoca que tanto la luna como el sol "se enrojezcan". Justo lo que ocurrió ayer al atardecer.

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