07 de marzo de 2020
07.03.2020

Diez muestras de cómo la mujer ha sido relegada a la invisibilidad

Las desigualdades de género se perpetúan hasta hoy incluso en los ámbitos menos pensados. Muchas discriminaciones pasan desapercibidas pero afectan a las mujeres

06.03.2020 | 21:33

El mundo en el que vivimos ha sido diseñado por y para los hombres. Sí, en masculino. Y es que mientras la marea violeta se prepara para un nuevo y combativo 8-M, las desigualdades de género siguen enquistadas en nuestra realidad. Los datos dan prueba de ello. La violencia contra las mujeres sigue haciendo estragos. La brecha salarial entre hombres y mujeres persiste hasta nuestros días, mientras ellas, además, cargan con hasta el 75% del trabajo invisible y no remunerado que implica el cuidado del hogar y de la familia. Pero eso no es todo.

El relato que hemos construido sobre la historia de la humanidad también gira alrededor de ellos, destacando sus logros como los únicos protagonistas. Incluso la ciencia, ese estamento tan aparentemente neutro e imparcial, ha avanzado tomando como referencia el conocimiento aportado por los varones, creando así un conocimiento sesgado que distorsiona la veracidad y la aplicabilidad de sus resultados.

La periodista y activista británica Caroline Criado Pérez resume el origen y las consecuencias de muchos de estos sesgos (más o menos conscientes) en el aclamado libro La mujer invisible (Seix Barral). "Tomar el modelo masculino como referencia universal, como neutral, produce una distorsión de base. Significa que cuando se diseñan cosas que sirven para todo el mundo, se diseñan para ellos. Eso tiene un coste humano y económico", explicó la autora a este diario hace unas semanas con motivo de la presentación de su libro. Y es que mucho del sexismo que persiste hasta nuestros días se basa en la (equivocada) idea de que vivimos en un mundo neutro. Pero ni los humanos somos totalmente objetivos ni los datos son imparciales.

Gran parte del conocimiento que tenemos sobre nuestra especie y, sobre todo, sobre nuestra salud, parte de estudios en los que se ha tomado como referencia el molde de un hombre caucásico, de entre 25 y 30 años y unos 70 kilos. Y ha sido hasta ahora la imagen del ser humano de referencia encargado de representar a todos los demás, creando así un conocimiento fragmentado y poco inclusivo.

Este sesgo de base también ha acabado distorsionando las ideas que configuran nuestra visión del mundo. Si no, basta fijarse en cómo se habla de la "historia del hombre" como sinónimo de "historia de la humanidad". Y no solo. Prueba de ello, estas 10 historias que muestran cómo las mujeres siguen siendo invisibles en un mundo de hombres.

Ellas pintaron las obras rupestres. Ellas pintaron las obras rupestres. La falta de información se rellena con prejuicios. Y cuando en las historias del pasado falta información sobre el género de sus protagonistas, se presupone que estos fueron hombres. Las pinturas rupestres, por ejemplo, han sido atribuidas a los varones de la tribu porque, dado que en estas se representaban escenas de caza, se daba por hecho que tanto la tarea como su representación debía ser obra de estos. Estudios sobre la cuestión, sin embargo, muestran que la mayoría de los artistas del Neolítico eran mujeres. Hasta el 75% de las huellas halladas en cuevas neolíticas de España y Francia pertenecieron a hembras.

Sin aseos públicos en Bombay. Estos sesgos más o menos conscientes se trasladan a la realidad aumentando las desigualdades entre unos y otros. El acceso a las instalaciones sanitarias también sufre el efecto de la brecha de género. En Bombay, por ejemplo, mientras que los urinarios públicos masculinos se cuentan por miles, más de la mitad de mujeres que residen en la ciudad no disponen de un aseo público. Este problema, que afecta a más de dos millones de personas, implica que las jóvenes han de hacer sus necesidades al aire libre de noche o en lugares apartados, quedando expuestas a situaciones de riesgo como robos, intimidaciones o violaciones.

Entorno laboral mal diseñado. Algunos estudios apuntan a que muchas oficinas tienen problemas de diseño que dificultan el acceso de las mujeres, como es el caso de puertas demasiado pesadas, escaleras o suelos de cristal que pueden incomodar a las personas que visten falda o adoquines demasiado estrechos para quienes caminan con tacones. La temperatura de estos espacios también presenta un importante sesgo, ya que los cálculos para establecer la medida ideal se han establecido en función de las necesidades de un hombre medio de unos 40 años y unos 70 kilos. Este cálculo crea un entorno de unos cinco grados más frío para las mujeres.

Móviles grandes y bolsillos pequeños. Algunos estudios sostienen que el tamaño de los móviles, cada vez más grandes, no se adapta a las necesidades de las mujeres. El ancho medio del palmo de ellas se sitúa entre los 18 y los 20 centímetros, mientras que las nuevas pantallas ya superan los 14 centímetros. A esta diferencia, además, hay que sumarle el hecho de que muchas de las prendas diseñadas para mujeres apenas tienen bolsillos en los que quepan estos dispositivos. Una investigación del colectivo Pudding.cool calculó que tan solo el 40% de los bolsillos frontales de los pantalones de mujeres pueden albergar cómodamente un móvil.

Sin protocolos de seguridad reales. Aunque los protocolos sobre seguridad laboral hayan avanzado significativamente, apenas hay datos sobre los efectos de algunas labores tradicionalmente ejercidas por mujeres. Es el caso, por ejemplo, del desconocimiento sobre las consecuencias que acarrea la exposición a largo plazo a los químicos utilizados para las labores de limpieza. Algunos trabajos sobre este tema calculan que una persona dedicada al cuidado de personas mayores, por ejemplo, podría levantar en un día más peso que un minero o un obrero. Y sin indicaciones sobre cómo realizar todos estos procedimientos sin causarse un daño físico.

Más opciones en la selección a ciegas. La presencia de mujeres en instituciones de prestigio también sufre los efectos voluntarios o involuntarios de esta brecha de género. La filarmónica de Nueva York, por ejemplo, apenas contaba con mujeres en su orquesta hasta que se impusieron las audiciones a ciegas como método de selección. Este cambio de criterio supuso un incremento de las contrataciones de mujeres, que actualmente ya suponen casi la mitad de la orquesta. De la misma manera, también se ha observado que los artículos científicos en los que se oculta la identidad (y el género) de los autores suelen crear una brecha de género menor de lo habitual.

Uniformes que no se adaptan. Los uniformes diseñados para las fuerzas armadas, teóricamente creados a partir de un molde unisex, solo se adaptan correctamente a la fisonomía de los soldados varones. Las mujeres de estas instituciones denuncian, entre otros problemas, fundas de pistola que no se ajustan bien a las caderas, correas incómodas, botas demasiado anchas y chalecos que no se adaptan a la forma del pecho. O dispositivos especiales que solo funcionan de manera óptima sobre un tipo de piel gruesa. La mala adaptación de estos trajes entorpece el trabajo de hasta el 57% de las profesionales del sector, según sugieren algunas estimaciones.

Desprotegidas por los tests. Los errores de diseño van más allá de algo anecdótico. El diseño de los coches, los asientos, los cinturones e incluso los airbags (y otros dispositivos de seguridad) parte tomando como referencia modelos masculinos. Y, además, los tests de seguridad vial que se realizan para poner a prueba estos componentes se basan en pruebas con maniquís que emulan el cuerpo, la estatura y el peso de un hombre medio. Los resultados que se obtienen de este proceso, sesgado desde su punto de partida, podrían dejar desprotegidas a todas aquellas personas que no encajen en este molde. Especialmente a las mujeres.

Los niños, dueños de los parques. La presencia de niñas en los parques disminuye a partir de una cierta edad. Mientras que en los primeros años de vida niños y niñas comparten los espacios de manera más o menos uniforme, a partir de los 10 años las pequeñas parecen desaparecer del terreno de juego en detrimentos de los chicos. Todo apunta a que juegos típicamente dominados por los pequeños, como el fútbol u otras actividades deportivas que requieren espacio, son los responsables de crear un entorno de competencia que acaba con la exclusión de ellas. De ahí que se proponga dividir estos espacios en porciones más pequeñas para que todos y todas encuentren su lugar.

¿Por qué se olvidan del tenis femenino? El riesgo de situar al hombre como referente es que la historia también gire exclusivalemtne alrededor de los éxitos de ellos. Cuando en el 2013 el tenista Andy Murray logró una victoria en Wimbledon, su logro se relató como la primera victoria británica en 77 años, contando como precedente la victoria de Fred Perry en 1935. Esta narrativa, sin embargo, olvidaba el triunfo de la tenista británica Virginia Wade en 1977. En esta línea, Murray también fue elogiado por ser el primero en ganar dos medallas olímpicas de tenis, aunque por aquel entonces Venus y Serena Williams ya habían ganado cuatro cada una.

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