26 de diciembre de 2019
26.12.2019

La era del transhumanismo

El 24% de los canarios está dispuesto a implantarse un chip en el cuerpo para sustituir al 'smartphone' | La memoria ilimitada y la cámara son las funciones más deseadas

25.12.2019 | 23:28
Una persona sujeta un microchip que se implanta bajo la piel y permite ser localizado por GPS, abrir puertas o almacenar información sanitaria.

A pesar de que hay un gran número de personas dispuestas a implantarse chips que les permitan ampliar sus capacidades, otros muchos prefieren abrir un debate médico y ético sobre las desventajas que conllevarían estos avances tecnológicos. Posibles problemas de salud por tener un cuerpo extraño en el organismo (59%), tener que ceder datos de su vida personal a terceros (57%) y no poder desconectar digitalmente (53%) son las principales pegas señaladas por los encuestados. Además, estar siempre localizables y no llevar dispositivos físicos encima son las ventajas que destacan sobre los implantes.

"Los transhumanos no son hombres ni mujeres, sino mejores". Así explica Bethany Bisme-Lyons a sus padres que quiere vivir para siempre, pero como datos. "A donde iré no hay vida o muerte, sólo hay información, voy a ser información", concluye entusiasmada la adolescente. Esto no es más que una escena de la serie Years and years, que predice un futuro distópico no muy lejano, con profecías que resultan plausibles. Aunque la ficción va muy por delante de la realidad, la tecnología actual le pisa los talones a la fantasía y ya es posible ver cómo las habilidades naturales de algunas personas, tanto físicas como psicológicas o intelectuales, son mejoradas o ampliadas por máquinas.

Las funciones médicas de la tecnología aplicada al cuerpo humano -como los marcapasos, los implantes cocleares o las prótesis robóticas-, están muy normalizadas. Sin embargo, la meteórica evolución de la conectividad hace que la ciencia vaya más allá y piense en el desarrollo de aplicaciones que conviertan a las personas en cíborgs o humanos aumentados. El 24% de los canarios estaría dispuesto a implantarse un chip en el cuerpo para sustituir al smartphone y sus funciones, según se desprende de un informe realizado por Línea Directa. La media nacional se sitúa en el 20% y el Archipiélago es la tercera comunidad, solo por detrás de La Rioja (28%) y Andalucía (26%), en la que más ciudadanos accederían a incorporar componentes electrónicos en su cuerpo -en sustitución de sus dispositivos móviles- para mejorar sus condiciones de vida. Las funcionalidades más deseadas por los españoles que accederían a ser cíborgs son poder almacenar miles de datos (46%), tener una cámara de fotos o vídeo integrada (31%) y contar con un GPS (27%). A pesar de que hay un gran número de personas dispuestas a implantarse chips que les permitan ampliar sus capacidades, otros muchos prefieren abrir un debate médico y ético sobre las desventajas que conllevarían estos avances tecnológicos. Posibles problemas de salud por tener un cuerpo extraño en el organismo (59%), tener que ceder datos de su vida personal a terceros (57%) y no poder desconectar digitalmente (53%) son las principales pegas señaladas por los encuestados. Por otro lado, estar siempre localizables (31%) y no tener que llevar dispositivos físicos encima (30%) son las ventajas que los españoles destacan sobre los implantes. De momento, y hasta que se desarrolle la tecnología necesaria para que los humanos puedan llevar integradas las funciones de los teléfonos inteligentes en el cuerpo, en Canarias, la empresa Overloadd realiza implantes de chips que permiten abrir puertas o almacenar información sanitaria. "El transhumanismo busca la fusión entre las habilidades del ser humano y de la máquina", afirma Juan Melo, fundador y CEO de Overloadd. Esta compañía importa los dispositivos desde Estados Unidos y su misión es "la evangelización de estos transmisores, así como la creación de una comunidad alrededor de este movimiento y de esta tecnología".

Cuerpos 3.0

Melo se ha implantado dos chips, uno en cada mano, y en España hay unas 150 personas que ya cuentan con este tipo de dispositivo. Los países escandinavos -Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca- están muy avanzados tecnológicamente por lo que están más extendidas este tipo de tecnologías de identificación y hay unos 35.000 ciudadanos implantados.

Según explica Melo, se está testeando un chip que permitirá realizar pagos, como si fuera una tarjeta de crédito, y espera que pronto esté completamente desarrollado para traerlo a España. "Esta función es muy interesante, por la demanda que hemos tenido hasta ahora, espero que dentro de cinco años esto se convierta en algo habitual", sostiene Melo.

El chip, que tiene una vida media de diez años, mide dos milímetros de ancho y doce de largo. Está recubierto por una cápsula de vidrio flexible y se implanta, en menos de cuatro segundos entre el dedo índice y el pulgar. "Se puede colocar en establecimientos de piercing y tatuajes y para extraerlo solo hay que hacer una pequeña intervención", explica Melo. El coste del dispositivo está entre los 50 y los 250 euros, dependiendo de las características que tengan y la implantación supone entre 15 y 30 euros.

Una de las funciones que suelen demandar con más frecuencia a Overloadd es la de GPS, para tener localizadas a la persona que lo lleva las 24 horas del día. Sin embargo, esta empresa no apuesta por este tipo de capacidad por el debate ético que implica.

La serie futurista Black Mirror -que analiza cómo la tecnología afecta al ser humano- ya plateó ese polémico uso de los microchips. El capítulo Arkangel relata la historia de una madre que implanta un dispositivo experimental en el cerebro de su hija mediante el que puede conocer su localización exacta, así como todo lo que ve y escucha a través de una tableta. Esta medida empuja a la progenitora a una superprotección enfermiza de la menor.

Para el tecnólogo humanista e ingeniero superior en Ciencias de la Computación, Pedro Mujica, el desarrollo de la bioimplantación va más lento de lo que suponemos y estima que será una realidad fuera de los laboratorios en el año 2050, "cuando de verdad sea de utilidad y esté muy probada".

Por su experiencia, Mujica sostiene que las personas han demostrado que "no desean trasformarse en Terminator, porque queremos conservar la esencia del ser humano intacta". Lo que sí ve más factible es que se incorpore al cuerpo tecnología "muy probada y muy funcional, con la que nos iremos convirtiendo en humanos aumentados". Cuando la tecnología ofrezca las infinitas funcionalidades del smartphone de una forma que ninguna otra tecnología permita, porque es algo disruptivo, y deje obsoleto todo lo anterior, entonces, afirma Mujica, "nos veremos obligados a hacer el cambio para evolucionar al mismo ritmo que la especie y no quedarnos atrás". Desde el punto de vista de la salud, el director de la Cátedra de Tecnologías Médicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Manuel Maynar, defiende que no hay que fijarse en las limitaciones técnicas actuales, ni en la economía, porque "todo lo tecnológico es posible y se va a conseguir". Además, considera que no estamos acostumbrados a analizar que "la tecnología nos ha hecho mejores, nos llevará más lejos y nos permitirá vivir en mejores condiciones". Si bien, apunta que el problema está en la magnificación del uso y en la cantidad de tecnología que nos invade. "El problema no es técnico, es de educación. Sin duda, la tecnología nos ayudará, siempre y cuando la usemos correctamente", afirma.

Como ejemplo puntero en el que la tecnología implantada en el cuerpo ayuda a mejorar la salud, Maynar cita los microchips que se pueden colocar en la bifurcación carotídea para controlar el exceso de palpitaciones y algunas lesiones cardíacas. "Eso es tecnología para la salud y es genial", concluye el especialista.

La empresa norteamericana de neurotecnología Neuralink está especializada en desarrollar interfaces cerebro-computadora implantables y se caracteriza por el secretismo de sus proyectos. Esta compañía reveló que trabaja para lograr "coser hilos" en el cerebro y comunicar áreas concretas con el exterior. Esta tecnología ayudará a restaurar capacidades como el habla, la escucha o el movimiento en quienes los perdieron. La información recopilada por los hilos se transmite a un aparato sobre el oído, que recopilará los datos y los enviará a un dispositivo externo que los leerá. Las pruebas se realizan en animales y la empresa espera hacer las primeras en humanos en un año.

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