La calidad de los grupos de investigación en biomedicina que trabajan en los hospitales de Canarias ha sido reconocida en distintas ocasiones, la última vez a principios de esta semana con la entrega de los Premios Disa de Investigación Biomédica a nueve investigadores de las Islas. Son grupos pequeños, con trabajos que, sin embargo, están marcando la diferencia diagnóstica en las patologías que integran los principales retos a los que se va a enfrentar la sociedad canaria de aquí a 10 años. En otras palabras, estos investigadores están trabajando en el cáncer, la resistencia antibiótica y las patologías cardiovasculares.

Sin embargo, su subsistencia está muchas veces ligada y limitada a que una entidad privada decida financiar sus proyectos y no a que exista una línea de financiación suficiente que piense en las necesidades sociales a largo plazo. Así lo constatan los científicos de la Unidad de Investigación más premiada en esta convocatoria, la del Hospital Universitario de Canarias (HUC), que concluyen que si tan solo tuvieran que subsistir con la financiación pública, "habría limitaciones y costaría mucho" seguir avanzando. Por lo que es necesario un "equilibrio" que permita desarrollar proyectos públicos con fondos privados.

En estos últimos años, la financiación pública de la investigación sanitaria en Canarias ha estado rozando los dos millones de euros. De esta irrisoria cantidad, prácticamente el 90% se dirige a la Fundación Canaria Instituto de Investigación Sanitaria de Canarias (Funcanis), encargada de repartir estos fondos en una convocatoria pública. Este año han sido 53 los grupos de investigación admitidos para poder disfrutar de esta subvención dotadas con un máximo por proyecto de 300.000 euros.

La partida del Gobierno de Canarias también contempla una partida presupuestaria directa 63.000 y 53.000 euros para cada uno de los cuatro hospitales de tercer nivel de Canarias. Pero es que, solo con la financiación privada de la Fundación Disa, los cuatro pequeños grupos de investigación del HUC premiados han podido captar 40.234 euros. O lo que es lo mismo, esta cantidad es equivalente al 67% de la financiación total que recibe el centro a través de la financiación pública del gobierno.

Los grupos de investigación más punteros también pueden acceder a alguna de las convocatorias de proyectos a nivel nacional. Pero, como señala, Juan Ramón Hernández, biólogo especialista en proteómica, estos fondos suelen estar reservados a aquellos investigadores "con currículums más pesados". Así, los que llevan más tiempo investigando -y especialmente lo hacen en ciencia básica- son los que tienen más papeletas para conseguir esas fuentes de financiación públicas. Una situación que va en detrimento de aquellos grupos pequeños que, pueden tener buenas e interesantes ideas para aplicar al día a día sanitario, pero con menos experiencia y puntos que les permita acceder a la subvención.

El problema que genera este reparto de fondos excede las dificultades con las que se puedan encontrar los grupos de investigación, pues puede provocar la falta de desarrollo de ideas que no tengan que ver con esos grandes proyectos de investigación y, a largo plazo, "el colapso de la ciencia".

"Los jóvenes investigadores nos vemos a la sombra de esos científicos y acabamos desarrollando siempre las mismas ideas", insiste el investigador. "Los grandes currículums hacen ciencia básica y la gente joven ha tratado de aplicarla a algo: ahí es donde estamos nosotros", remarca, por su parte, Fernando Gutiérrez, jefe de la Unidad de Investigación del HUC y también premiado en esta convocatoria, que no por ello deja de insistir en la importancia de la ciencia básica. "Sin una buena base no haces nada", resalta.

Pero, ¿qué ocurre cuando esos grandes currículums se jubilan? Los científicos lo tienen claro. Sin una inversión estratégica que permita crecer a los grupos más pequeños, la ciencia caduca. "Si quieres que nuestra economía se base en algo más que en el turismo, tienes que invertir en esos grupos aunque sean de alto riesgo, porque si no, a largo plazo, la ciencia va a morir", insiste Hernández. Por esta razón, como señala el investigador, los grupos pequeños en biomedicina suelen agarrarse a las convocatorias de fundaciones u otras entidades privadas, porque finalmente, son las que les permiten "poder crecer". "Esas pequeñas fundaciones nos dan la oportunidad de empezar, de arrancar proyectos, de hacernos grandes, competitivos y empezar a generar conocimiento", insiste.

Objetivos a diez años

En cuanto a la financiación pública, los investigadores consideran que se debería establecer una estrategia que pensara "dónde queremos estar en diez años". "Dependiendo hacia dónde queramos avanzar, podemos estimar cuánto hay que invertir", afirma el biólogo. "En mi opinión, creo que lo que se está invirtiendo nos garantiza un futuro precario con el que no vamos a lograr llegar a los objetivos impuestos por la Unión Europa, ni vamos a ser competitivos, por lo que la ciencia no va a ir a ningún lado", resalta Hernández. En este sentido, señala que solo para luchar contra la resistencia antibiótica, España tendría que invertir 3.500 millones de euros en esta línea investigación. Canarias, por extensión, tendría que hacerlo en más de 150.000 euros. "Se está invirtiendo, se están dando proyectos, pero no estamos preparándonos para los retos que va a afrontar la humanidad de aquí a 10 años", concluye Hernández.

No obstante, no todo en la ciencia es escasez de fondos. Los médicos tienen un problema añadido con respecto a otros científicos para realizar investigación: el tiempo. "No tenemos tiempo oficial", reclama Gutiérrez, que afirma que el principal obstáculo al que se enfrentan los facultativos es el tener que entregar su tiempo libre a la ciencia. No obstante, la solución no puede pasar, en ningún caso, por la dedicación única. "No puedes sacar a un profesional de su faceta clínica, porque con la propia investigación perderá perspectiva", afirma Gutiérrez.

Una medida eficaz podría pasar por la verdadera integración de científicos y clínicos en los grupos de investigación. Una situación que sucede en algunos casos, pero que no deja de ser minoritario. "Las fundaciones deberían también sacar proyectos de colaboración que permitan a los científicos puros dedicar el tiempo a investigar y a los médicos, que conocen los problemas que ocurren en la clínica, se unan para mejorar la perspectiva", reclama Hernández.

En otras palabras, es necesario crear una figura que se encuentre entre ambos mundos y que permita que se integren de manera real y efectiva. Algo que hasta el momento no ha ocurrido. "Cuando se creó la Unidad, los profesionales estaban muy desvinculados al hospital", relata el biólogo, que asegura que en otros centros internacionales la integración fue prácticamente inmediata. "No existe una herramienta que nos ayude a comunicarnos entre nosotros, ni una costumbre de hacerlo", lamenta por su parte, el responsable de la Unidad de Investigación. Por tanto, el avance de biomedicina pasa por una unión de fuerzas entre facultativos y científicos.