10 de diciembre de 2019
10.12.2019
Rescate heroico

"A unos 80 metros de la orilla sentía que se acercaba el final"

Luis Rodríguez habría muerto ahogado si no hubiera sido por la fortaleza del sargento Ismael Moreno, que arriesgó su vida para rescatarle en el mar

10.12.2019 | 09:19
Luis Rodríguez, ayer por la mañana, en las oficinas de Livinautic, su negocio en el puerto deportivo de Santa Eulària.

Al borde de la muerte. El miércoles por la tarde, Luis Rodríguez cometió una grave negligencia: estaba pescando y se lanzó al mar para recuperar una bolsa que una ola arrastró al mar. Casi le cuesta la vida. Según sus propias palabras, sobrevivir a este trance ha sido "un milagro". "Le debo la vida al ángel de la guarda", dice.

Luis Rodríguez estuvo una hora y cuarto en el mar a punto de ahogarse pensando que esa noche, la del pasado miércoles, era la última. Es pronto todavía para comprender cómo ha cambiado todo, pero ayer ya sabía que "lo más importante es priorizar", "ser buena persona", "aprender" y "mejorar". Le debe la vida "al ángel de la guarda", que en su caso es el sargento de la Guardia Civil del puesto de Sant Antoni Ismael Moreno, que se desvistió y, en calzoncillos, se lanzó al mar embravecido y a oscuras de Cala Tarida. "Quiero hacer un agradecimiento público a la Guardia Civil y en especial al sargento, porque yo no estaría aquí si no fuese por él, eso lo tengo muy claro", dice Rodríguez, que aunque nació en Canarias hace 50 años vive en Ibiza desde que tiene dos. "Soy canario con barriga ibicenca", bromea. "Es un milagro", resume.

Esa tarde fue a pescar calamares con un amigo, y cometió "una negligencia". Una ola se llevó una bolsa en la que tenía la documentación y, casualmente, una cantidad de dinero que necesitaba esa tarde para unas compras que finalmente no realizó. "Entró la ola, me dejó empapado de cintura para abajo y mi compañero, al ver que el mar se llevaba la bolsa, me dijo que no me tirase, pero yo pensé, '¿que no?, ahora mismo', así que me puse una chaqueta de plástico y me tiré pensando que serían ocho brazadas", relata Rodríguez en su oficina del puerto deportivo de Santa Eulària, donde tiene un negocio de náutica.

"A trancas y barrancas alcancé la bolsa, pero empezaron a llegar olas muy malas y la solté (...) ya no podía regresar a la orilla, y con la ropa mojada me puse panza arriba para poder respirar, tragué mucha agua, los pulmones se me llenaron, me veía solo, sin ayuda, y a unos 80 metros de la orilla, una sensación horrible, veía que ya era el final", explica.

Luz en la costa

"Cuando el mar me puso de lado vi en la orilla cuatro o cinco linternas juntas y pensé que venían a por mí, ['aguanta, aguanta, te van a salvar'], había más gente, pero se tiró el sargento... Otro guardia civil se lanzó antes, pero vio que era muy difícil llegar hasta mí", recuerda. Intentó bracear, pero las olas le sumergieron varias veces. "Hubo un momento en que me quedaba dormido, lleno de agua, sin sentir las piernas, y entonces escuché al sargento: 'vas a salir de aquí, estate quieto", describe Rodríguez. Antes que la Guardia Civil llegaron a la zona dos agentes de la Policía Local de Sant Josep , pero vieron que para ellos era imposible intentar el rescate. Rodríguez tuvo la suerte de que al sargento Moreno le tocara trabajar esa tarde. "Ese hombre está fuerte, hace bicicleta y está muy bien, yo he hecho deporte a nivel profesional [fútbol sala], le escuchaba respirar y se notaba su buena forma física, dice. Cuando ya casi estaban en la orilla, otros dos agentes se lanzaron al agua para, entre los tres, sacarlo del mar. Como la ambulancia no llegaba, le cubrieron con una manta térmica y en el mismo coche patrulla de la Guardia Civil lo llevaron a la Policlínica Nuestra Señora del Rosario, donde pasó casi tres días en la UCI. También el sargento sufrió síntomas de hipotermia, pero esa misma noche recibió el alta. Rodríguez dejó el hospital el sábado por la mañana,

"Debería haber estado unos días más (...) aún estoy muy débil y los médicos me tienen que hacer pruebas, porque hay que asegurarse de que no me entró ninguna bacteria, tragué demasiada agua y cuando el mar está tan movido hay más suciedad", explica.

Sin estrés

Rodríguez quiere ahora llevar una vida más tranquila, alejada del estrés. "Esto me ha pillado en un momento en el que quería cambiar algunas cosas de mi vida, y esto ha hecho que no me vaya a temblar la mano, estaba yendo al psicólogo desde hace un mes, y ahora, cuando le cuente lo que me ha pasado...", dice Rodríguez.

"Volveré a pescar, es algo que me gusta mucho, pero voy a comprarme un chaleco, porque hay que ir a pescar con chaleco", advierte.

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