07 de diciembre de 2019
07.12.2019

La primera nevada del otoño atrae hasta el Teide a cientos de curiosos

Ni el frío ni la persistente lluvia evitan que las zonas con más nieve se llenen de gente después de que el Cabildo reabriera los accesos, cerrados a primera hora para limpiar las vías

07.12.2019 | 00:39
La primera nevada del otoño atrae hasta el Teide a cientos de curiosos
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Novelería, tradición o, simplemente, la atracción propia de pisar la nieve. Cada cual por un motivo, cientos de curiosos aprovecharon ayer la primera nevada caída este otoño en el Teide para lanzarse a la cumbre y disfrutar de un día o, al menos de unas horas diferentes.

Ni el frío ni la persistente lluvia que cayó durante casi toda la jornada evitaron que aquellas zonas en las que se acumuló más nieve se llenaran de gente, más o menos pertrechada para la ocasión.

Es verdad que esta vez no se produjeron los atascos registrados en años anteriores, pero también es cierto que las vías se reabrieron al tráfico en torno a las 14:00 horas. Tal vez fue esta la razón que motivó que muchos prefirieran posponer para otro día la visita a la cumbre, una circunstancia que agradecieron, seguro, los que sí se atrevieron a desafiar las condiciones meteorológicas de ayer. Por poner un ejemplo, el termómetro alcanzó los 1,5º en Izaña y los 3,5º en las Minas de San José. A ello se unió la lluvia y el viento.

Antes de su reapertura, las vías habían permanecido cerradas por el Cabildo de Tenerife para que las máquinas especializadas retiraran de ellas la nieve -entre 8 y 10 centímetros- y el hielo acumulados durante la noche en varias puntos de los distintos accesos. Izaña y el entorno de Montaña Blanca, al margen de la propia cima del Teide, fueron las zonas en las que la nevada fue más intensa y, por tanto, alcanzó su mayor espesor.

Y fue en las dos primeras en las que los más atrevidos aprovecharon para jugar con la nieve, deslizarse en ella, hacerse fotos para el recuerdo o dejar que disfrutaran sus mascotas. Davinia y Miguel, por ejemplo, fueron dos de estos últimos. Con Sirius, un joven husky siberiano que ayer conocía por primera vez el Teide, hicieron una primera parada en el Corral del Niño, cerca de Izaña.

Pacientemente, esta pareja de La Laguna había esperado, bocadillo en mano, a que el acceso por La Esperanza fuera de nuevo accesible -permaneció cortado a la altura del cruce de Arafo-. "Queríamos dar un paseo y comiéndonos el bocadillo abrieron la carretera", relataron. Tras disfrutar un rato con su perro en esta zona, en la que llovía a esas horas (14:40), continuaron el camino y volvieron a parar en las Minas de San José.

También en el Corral del Niño hicieron una parada para inmortalizar el momento Javier y Sandra, otra pareja de La Laguna. Llegaron allí por el acceso de Vilaflor. Antes habían dado marcha atrás en La Esperanza al encontrarse la vía cerrada. Como otros, suelen acudir al Teide cuando se produce la primera nevada, contaron. El regreso a casa lo hicieron, esta vez sí, por el Norte.

Tania y Mara, por el contrario, prefirieron las Minas de San José para que sus pequeños disfrutaran un rato de la nieve. Lo hicieron equipados con una pequeña tabla de surf. "Venimos siempre que hay nieve", reconocieron estas vecinas del centro de Santa Cruz. "Es la novedad", apuntaron.

Sin un recurso como el de los más pequeños, Noelia y Cecilia también aprovecharon este punto para deslizarse por la nieve. Habían llegado por Vilaflor desde Los Abrigos, en el sur de la Isla. Ambas jóvenes, que estaban acompañadas por su madre, utilizaron una bolsa reutilizable de supermercado para lanzarse.

Al igual que ellas, otros agudizaron el ingenio y ante la falta de medios tiraron del socorrido parasol del coche para no mojarse la ropa. También los hubo que, desafiando el termómetro, acudieron en manga corta, bermudas o falda.

No obstante, no todos los que subieron al Teide lo hicieron para tirarse por la nieve. Los hubo más clásicos, como el pequeño Facundo, de 10 años y de San Isidro, que, junto a su familia, elaboró un pequeño muñeco de nieve en el vehículo familiar. Una tradición venida a menos pero que antaño era casi una seña de identidad de las nevadas. Hasta la costumbre de lanzarse bolitas se ha ido perdiendo, según lo visto ayer.

Lo que se impone ahora es el recurso del selfie. Da igual la edad y el sexo. La posibilidad que ofrecen los nuevos dispositivos ha reducido tanto que se pida a un desconocido que te tome una fotografía que cuando se hace resulta extraño. Cuestión de costumbre.

Lo que no cambia con el tiempo es la magia del Teide. Mientras los protagonistas de la historia que se cuenta disfrutaban de la nieve y de la lluvia -que también los había-, apenas un kilómetro más al sur el sol se hacía hueco entre las nubes y resplandecía como cualquier otro día. En esta parte, del teleférico hacia el Parador -y más abajo-, la temperatura era algo más benevolente -seis grados-, y la nieve mucho más escasa, pero permitía unas vistas del pico que atrajeron a muchas personas.

Al menos hasta las 17:00 horas, los incidentes que se habían registrado eran mínimos. Solo un vehículo que se salió de la calzada y cayó por un barranquillo cerca de Montaña Blanca. En todo caso, agentes de la Guardia Civil no pararon de patrullar de un lado a otro para evitar colapsos.

Para hoy la previsión meteorológica es algo más suave, con viento del nordeste en general fuerte en altas cumbres, pero con menos probabilidad de lluvias.

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