17 de noviembre de 2019
17.11.2019

Un futuro a flote, pero con más golpes de mar

La subida del nivel del mar a final de siglo provocará la pérdida de Las Teresitas, las dunas de Maspalomas y la playa de Barlovento e incrementará la frecuencia con la que se producen inundaciones

17.11.2019 | 17:32
Playa de Las Teresitas.

El calentamiento global va a provocar de forma prácticamente inevitable la pérdida de parte de la costa canaria. En 80 años, las dunas de Maspalomas, en Gran Canaria, la playa de Las Teresitas, en Tenerife, y la playa de Barlovento, en Lanzarote, no quedarán más que en el recuerdo. No obstante, los riesgos del incremento en un metro del nivel del mar a final de siglo van más allá, y son más importantes que la simple pérdida del lugar donde remojar los pies.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha situado en aproximadamente 98 centímetros el incremento del nivel del mar en el peor escenario de emisiones de gases efecto invernadero (GEI) en 2100 para prácticamente todo el mundo. El volumen del mar crecerá fundamentalmente debido a la expansión térmica (aproximadamente 33 centímetros) y al deshielo de los glaciares, Groenlandia y la Antártida (55 centímetros). Estas estimaciones son incluso peores de las que se barajaban hace una década, lo que denota que el calentamiento global está siendo más feroz de lo que se creía entonces.

En Canarias, la pérdida de las playas tiene un potencial efecto negativo en el modelo económico asentado en el turismo. Sin embargo, las zonas de costa que más sufrirán -a pesar de lo que estiman modelos como Climate Central- serán tres en todo el Archipiélago: Las Teresitas, Maspalomas y Barlovento. Tres lugares que, además, coinciden en una característica, su inclinación respecto al mar es menor a 0,3 grados.

No obstante, que el mar se encuentre más cerca de la población supondrá riesgos aún mayores que van desde la pérdida de infraestructuras vitales para la población, como potabilizadoras y depuradoras, a la mayor ocurrencia de eventos extremos, como embates de mar e inundaciones.

"Si ahora se producen una vez cada 10 años, es posible que en el futuro lo lleguen a hacer tres veces al año", explica José Luis Esquivel, biólogo e investigador de la ecología de los archipiélagos macaronésicos. Por ejemplo, si hasta ahora era "muy raro" que el agua se adentre en la costa de San Andrés, el fenómeno se repetirá varias veces al año en un futuro no tan lejano. "Las zonas que hasta ahora eran inundables una vez al año, podrán serlo hasta tres veces anualmente", remarca, por su lado, el doctor en Ciencias del Mar de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), Aridane González. Las infraestructuras, por una parte, habrá que trasladarlas a un lugar seguro o protegerlas de la fiereza oceánica. Para ello, habrá que recurrir a la ingeniería. "Podemos cambiar la situación, adelantarnos y proteger estas infraestructuras, para que cuando llegue el problema los daños sean menores", incide González, quien también preside el comité de expertos para Cambio Climático, Economía Circular y Azul de Canarias.

La vida en la costa

Actualmente 360 millones de personas en todo el mundo viven en la costa y, aunque a efectos prácticos, por la orografía de las islas y su "verticalidad", como incide Esquivel, el territorio canario no sufrirá el incremento del nivel del mar tanto como otros lugares del mundo, sí que lo harán sus ciudadanos. Las acciones de mitigación que ha podido acometer el Archipiélago en este tiempo ha sido prácticamente imperceptible a nivel mundial, bien sea porque las emisiones de Canarias tan solo representan el 0,04% del total global o bien porque los objetivos no estaban adaptados a las características de las Islas.

"Nos hemos centrado tanto en dejar de emitir dióxido de carbono que nos hemos olvidado de tapar las papeleras cercanas a las playas", asevera González, que asume que una pequeña medida de adaptación como esta podría evitar que los residuos volaran hasta el agua. Con este símil el doctor en Ciencias del Mar pone de relieve la necesidad de que Canarias empiece a enfocar sus políticas contra el cambio climático a la adaptación de la población a sus consecuencias.

Una adaptación que, además, "tendrá que ser superior a la de otros lugares", señala González. En este nuevo escenario climático, la legislación, la planificación y el uso de la ingeniería serán fundamentales para poder afrontar el reto al que se enfrentará la humanidad. No obstante, será "la coordinación y la voluntad política" mundial y a largo plazo los que realmente marquen la diferencia, porque a nivel local e individual "no somos capaces de tomar decisiones" que repercutan en el rumbo al que la humanidad ha abocado a la Tierra.

Liderazgo mundial

"Tenemos datos suficientes para adaptarnos y mitigar el cambio climático y, para ello, es fundamental que no existan colores políticos", reitera González. El experto en Ciencias del Mar además considera que Canarias ocupa una posición única para "liderar los planes de adaptación en archipiélagos", ya que es uno de los territorio con mayor tradición de investigación relacionada con el cambio climático.

Pero "hay que cambiar el discurso". González considera que tratar de avanzar hacia un escenario de emisiones cero no es de recibo en un territorio fragmentado y aislado como Canarias. "Podemos trabajar para reducirlas, pero siempre vamos a emitir un remanente de gases de efecto invernadero", por ejemplo, en el transporte aéreo y marítimo. De ahí que el experto respalde las acciones orientadas a mejorar la absorción de dióxido de carbono.

Esto significa, en otras palabras, que Canarias tendrá que trabajar en mejorar la eficiencia de los dos sumideros naturales de dióxido de carbono de los que dispone la naturaleza: los bosques y los mares. Para el primero, las opciones son variadas y van desde la prevención de incendios hasta la reforestación. Para el segundo reto, los investigadores de las Islas ya se encuentran imbuidos en distintos proyectos de investigación cuyo objetivo es evitar la estratificación de las aguas o la pérdida de biodiversidad de las capas altas del océano.

Las claves

El volumen del mar en 2100 crecerá fundamentalmente debido a la expansión térmica (33 centímetros) y al deshielo de los glaciares y la capa de hielo que hay en Groenlandia y la Antártida. En el peor escenario de emisiones, esto provocará un incremento del nivel del mar de un metro.

360 millones de personas en el mundo estarán expuestas en 2100 a las inundaciones anuales. En 2050, según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) se estima que ya serán entre 140 y 170 millones de personas alrededor del globo las que sufran estos eventos extremos cada año.

Restauración de los sumideros naturales de dióxido de carbono, -es decir, los bosques y los mares- es una de las medidas de mitigación clave para Canarias, pues el objetivo de emisiones cero en las Islas no tiene en cuenta las especificidades del Archipiélago. Por mucho que descienda el volumen de emisiones de gases de efecto invernadero, siempre habrá un remanente a raíz del transporte.

La adaptación es fundamental porque las consecuencias del calentamiento global ya son imparables. De ahí que los expertos soliciten a los Gobiernos mundiales ponerse de acuerdo y crear una hoja de ruta que incluyan acciones capaces de proteger a la población a largo plazo.

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