02 de noviembre de 2019
02.11.2019

La potente ecolocalización de los calderones

Una nueva investigación, en la que ha participado la ULL, arroja luz sobre esta herramienta evolutiva que permite a los cetáceos cazar en las oscuras aguas de las profundidades marinas

02.11.2019 | 00:37
La potente ecolocalización de los calderones

Delfines, orcas, calderones, zifios y cachalotes usan la ecolocalización para encontrar alimento en el mar y en la oscuridad de las aguas profundas, pero los científicos nunca han podido averiguar cuánta energía conlleva esta impresionante capacidad sensorial. Un estudio publicado ayer por la editorial Nature en Scientific Reports, en el que participan las universidades de La Laguna, St. Andrews (Escocia) y Aarhus (Dinamarca), muestra que, al menos para los calderones o ballenas piloto, activar esta potente ecolocalización es muy barato. Esto contribuye a explicar por qué la ecolocalización es un arma evolutiva tan exitosa para que los cetáceos conquistaran los mares a lo largo del mundo.

El estudio se realizó en el suroeste de Tenerife, en el área protegida a nivel europeo Zona de Especial Conservación Teno Rasca, donde se encuentra la mayor población de calderón tropical o ballenas piloto de Europa. Las formas modernas de los cetáceos evolucionaron desde mamíferos terrestres hace 30 millones de años y la habilidad de buscar presas bajo el agua con chasquidos sonoros, la ecolocalización, surgió de forma temprana en este proceso evolutivo. Para ello los chasquidos se producen de forma neumática, circulando aire a través de un esfínter musculoso en su cabeza. Esto conlleva increíbles adaptaciones de la anatomía de la producción del sonido. Pero la profundidad constituye un reto, porque la presión hidrostática aumenta y se comprime el aire.

No obstante, la investigación demuestra que esto no es un problema porque las ballenas piloto usan pequeñas cantidades de aire para producir cada chasquido de ecolocalización, por lo que aun con el aire comprimido que quedó en sus pulmones, pueden utilizar su sonar para buscar presas.

El equipo de la Universidad de La Laguna que codirige este buceo está liderado por la investigador, Natacha Aguilar, del Grupo de Investigación en Biodiversidad, Ecología Marina y Conservación (BIOECOMAC), quien apuntó que "este estudio descubre los increíbles desarrollos evolutivos que permiten a los calderones cazar eficientemente en la oscuridad", a lo que añade que su dependencia del sonido "los hace vulnerables al ruido de los barcos que estamos introduciendo en el océano". Para enfrentar este desafío, el equipo internacional colocó unos dispositivos adheridos por ventosas, unas computadoras en miniatura, a los calderones en el sur de Tenerife, pudiendo grabar así el sonido de los chasquidos de ecolocalización durante los buceos profundos de las ballenas piloto. Mark Johnson, investigador de la Universidad de St Andrews en Escocia, afirmó que, en ese instante, se percataron de que "el sonido de cada clic cambia gradualmente a medida que las ballenas ecolocalizan, dependiendo de la cantidad de aire utilizado".

Aire para cada chasquido

Esto significaba que se podían medir por primera vez el volumen de aire que usan las ballenas para hacer cada chasquido. Y, consecuentemente, concluir que "los pequeños volúmenes de aire significan que la ecolocalización no requiere mucha energía".

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook