15 de octubre de 2019
15.10.2019
PEPE NARANJO PERIODISTA

"La libertad en este oficio no es algo que te dan, sino algo que conquistas"

15.10.2019 | 02:02
"La libertad en este oficio no es algo que te dan, sino algo que conquistas"

El periodista Pepe Naranjo (Telde,1971) recogió ayer el Premio Saliou Traoré de periodismo en español sobre África, instituido por Casa África y la Agencia EFE, que distingue su serie de crónicas sobre la vida cotidiana en el continente publicadas en los periódicos de Prensa Ibérica en Canarias, y que compila en el libro El río que desafía al desierto.

La concesión del Premio Saliou Traoré de periodismo en español sobre África por su serie de crónicas semanales sobre la vida cotidiana en el continente, publicadas en 2018 en los periódicos de Prensa Ibérica en Canarias, culmina con la publicación de estos textos bajo el título El río que desafía al desierto (Azulia, 2019). ¿En qué se distinguen estos trabajos de sus piezas habituales?

Lo que me plantearon fue la posibilidad de hacer una serie diferente sobre el día a día en África, que reflejara esa intrahistoria de personajes, paisajes y realidades cotidianas que no suele salir en los medios, y que es ese tejido invisible del que, en realidad, está hecha la vida. La idea me pareció atractiva y empezamos en enero de 2018. Para mí se convirtió en un regalo, porque me dio la posibilidad de encontrar otra manera de contar África, lejos de la que uno está más habituado como periodista, en la que escribes, por así decirlo, con un traje más ajustado. En esta serie se me soltó la mano y pude dejar volar más el estilo pero, sobre todo, me divertí escribiéndola, porque me sentaba a escribir muy ligero de equipaje. A veces costaba encontrar el tema, porque era una serie semanal, pero no fallamos ni una vez y publicamos un total de 52 crónicas, aunque en el libro se han quedado 50.

¿Se introdujeron variaciones o contenidos nuevos durante el proceso de edición?

Precisamente, otra de las razones por las que le tengo mucho cariño a este libro es porque nace de un trabajo conjunto con el editor, que es mi buen amigo José Luis González-Ruano, a través de su editorial Azulia. El hecho de que se trate de una editorial pequeña me ha permitido vivir el proceso creativo muy de cerca y me encanta porque es también una apuesta por una editorial canaria que está empezando a crecer. Además, en el libro introducimos nuevos contenidos y reflexiones sobre estos ocho años de viajes por países como Senegal, Malí, Mauritania, Ghana, Nigeria, Níger, el Congo o Liberia.

¿A qué se debe el título de este volumen?

El título se debe, por un lado, a una de las crónicas, que trata sobre el río Níger y de la importancia que tiene en la historia del África occidental, porque es uno de los tres grandes ríos africanos junto con el Nilo y el Congo, cuna de grandes civilizaciones y símbolo de esa África muy desconocida en Occidente, pero con un pasado majestuoso. Y por otro lado, este título es también una metáfora, porque es un río que nace en las montañas de Guinea y penetra en el desierto del Sáhara, así que simboliza cómo la vida se abre paso a través de un entorno tan hostil. Para mí, el África cotidiana representa eso: cómo la gente lo pelea en condiciones que a veces son muy complicadas, pero sale adelante, porque lucha, innova y crea. Por ejemplo, hay una crónica sobre Lagos, una ciudad nigeriana que es, a primera vista, muy agresiva, pero donde la gente está haciendo cosas de creación y de innovación tecnológica espectaculares. Por tanto, me refiero a ese río de gente y de creatividad, de gente joven y de mujeres, que se sobreponen muchas veces a las dificultades y tiran adelante.

Aun con ese giro estilístico que imprime en sus crónicas, el conjunto se inscribe en su vocación de romper la foto fija y estereotipada que pesa sobre el continente africano. ¿Cree que, en los últimos años, se ha abierto la mirada y se ha progresado en esa dirección en el marco de la sociedad española, en general, y canaria, en particular?

Creo que las cosas están cambiando en el sentido de que cada vez se abren más ventanas para contar África. A mí me contactan todos los meses periodistas o gente del mundo de la cultura o la cooperación que quiere hacer cosas en África, pero con un enfoque diferente. En ese sentido, creo que se está superando esa visión muy esclerotizada de la África a la que hay que ayudar o de la que se pueden sacar recursos, si lo miramos desde el ámbito económico, porque cada vez hay más ventanas desde las que se está contando otra realidad. El rostro de África está cambiando ante nuestros ojos y creo que España se ha dado cuenta -a veces, a trompicones e, incluso, con pasos hacia atrás-, de lo importante que es establecer vínculos con países africanos. Por supuesto, todavía hay viejos tics de seguir pensando que África es lo de siempre, que todo es un caos o un desastre, y quedan muchos prejuicios que derribar, pero ya nadie puede decir hoy que no hay información suficiente y disponible sobre África para saber que en el continente están cambiando muchas cosas y muy rápido. Y por esa parte, aunque estoy muy lejos de considerar que yo haya conseguido nada extraordinario, me alegro de haber contribuido.

¿Cuál diría que ha sido el mayor reto al que se ha enfrentado, a título profesional y cotidiano, desde que tomó la decisión de establecerse en Dakar en 2011?

Curiosamente, la semana que viene se cumplen 8 años desde que me establecí en Dakar. Creo que, cuando te instalas en un lugar nuevo en el que tienes que aprender lo más evidente desde el punto de vista cotidiano, como una lengua que no es la tuya, una forma de relacionarse con los otros, un espacio y una geografía diferentes u otras maneras de desplazarse, ese es el gran reto, aunque, al mismo tiempo, es el gran atractivo. Para mí, África es un lugar de aprendizaje y de descubrimiento, y lo bueno es que sigue siéndolo. La suerte es que, ocho años después, estoy muy lejos de decir que lo comprendo todo, porque siempre estoy aprendiendo. Y esta sigue siendo mi motivación constante: intentar entender para poder contar. Eso es lo más bonito de lo que yo vivo en África.

Con todo, en este punto de su trayectoria, en el que suma a su currículo el Premio Canarias de la Comunicación 2016 y, desde este mismo año, la Cruz de la Orden del Mérito Civil, ¿considera que puede desempeñar este oficio con libertad?

Yo diría que para alguien que sea o haya sido periodista durante más de 20 años -en mi caso concreto, ya llevo unos 25- sería muy naíf decir que nunca recibe algún tipo de presión. Evidentemente, cuando estás más abajo en la estructura de un medio, esas presiones llegan de una manera determinada y, cuando estás en la cúspide, que no es ni mucho menos mi caso, las presiones son mucho más evidentes y directas. Pero de una manera o de otra, siempre hay distintos tipos de presiones. Ahora, en ese sentido, yo he tenido mucha suerte, porque me dedico a un tipo de información en un lugar geográfico concreto sobre el que no hay tanto interés o no es tan explícito. Entonces, para bien y para mal, siempre he podido ser muy libre a la hora de escribir. Luego, ha habido fenómenos como el tema migratorio, por ejemplo, en el que sí que estás pulsando una tecla que es política y socialmente más sensible, pero creo que tampoco he sentido ahí una gran presión en ninguna dirección. Por otra parte, los medios con los que yo colaboro me dan mucha libertad y, en ese sentido, he tenido mucha suerte y estoy muy contento. Creo que, al final, la libertad en este oficio es algo que va en los dos sentidos, porque no es algo que te dan, sino algo que conquistas. Y yo creo que todos los periodistas estamos en ese camino de ganárnosla.

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