04 de septiembre de 2019
04.09.2019
Cambio Climático

Las olas de calor en las Islas subirán 2 grados de media a final de siglo

La aclimatación es el único método para reducir la mortalidad asociada al calor

04.09.2019 | 01:10
Dos personas pasean bajo el sol en plena ola de calor en Canarias.

En España el número de fallecidos por estos fenómenos se multiplicaría por diez sin planes de adaptación

Las olas de calor en Canarias serán 2 grados más calurosas cuando acabe el siglo. Pero en un escenario donde globalmente España tendrá que adaptarse a un aumento de 0,6 grados en la temperatura máxima durante el verano cada década hasta 2100, Canarias tendrá una posición relativamente buena, pues las temperaturas crecerán menos -una variación media de 0,4 grados por década- y, por tanto, la adaptación no tendrá que ser tan extrema.

Así lo constata un estudio liderado por investigadores del Instituto de Salud Carlos III, titulado Mortality attributable to high temperatures over the 2021-2050 and 2051-2011 time horizons in Spain: Adaptation and economic estimate, que concluye que las temperaturas diarias durante el verano van a aumentar en España 1,6 grados entre 2021 y 2050, y hasta 3,3 grados durante el periodo comprendido entre 2051 y 2100. En Santa Cruz de Tenerife, el aumento de temperaturas se reducirá 0,3 grados desde 2021 y hasta 2050, pero aumentará 1,7 grados desde entonces hasta 2100. En Las Palmas, cada diez años subirán las temperaturas unos 0,3 grados centígrados, sufriendo un aumento de 3 grados a final de siglo.

La investigación pone de relieve que "hay que adaptarse al cambio climático para mitigar los impactos en la salud", según constató Julio Díaz Jiménez, doctor en Ciencias Físicas e investigador principal del estudio. En los próximos años la mortalidad asociada al calor en toda España se multiplicará por diez (de 1.414 muertes actuales hasta 12.986 en 2100) en caso de que no haya una adaptación clara a las nuevas condiciones climáticas.

En el caso contrario, en un escenario donde la adaptación sea total, las muertes asociadas a las olas de calor incluso se reducirán. De modo que entre 2021 y 2050 sean 651 muertes al año y de 2051 a 2100, 931. En el Archipiélago, según Díaz Jiménez, debido a que el ritmo de crecimiento de las temperaturas será inferior que en el resto de España, "si no descuidan los planes de prevención, no aumentará la mortalidad por las altas temperaturas". En cualquier caso, en Canarias, las muertes atribuibles al calor seguirán seguirán siendo menos que en otros lugares de España.

Más muertes en grandes ciudades

De hecho, las grandes ciudades serán las más afectadas. En Madrid, por ejemplo, en un escenario sin adaptación, las muertes por calor podrán pasar de 190 en los próximos 40 años a llegar a las 2.250 entre 2050 y 2100. Algo similar ocurre en Barcelona, donde se pasará de dos a 1.466. Alicante, Sevilla y Zaragoza cierran el grupo de las provincias con mayor riesgo a las olas de calor.

No obstante, si se consiguiera adaptar a la población a estos fenómenos meteorológicos, Madrid tendría las mayores variaciones y aun así la variación se encontraría entre las 186 muertes anuales en los próximos 40 años (hasta 2050) y las 295 para final de siglo.

"El ser humano puede adaptarse de forma natural a su nicho ecológico, pero las variaciones que trae consigo el cambio climático son demasiado rápidas", insiste el experto. Algunas de estas adaptaciones serán más difíciles dependiendo de dónde se encuentre el individuo y el umbral de temperatura que considera su provincia ola de calor. En Tenerife la temperatura máxima que el Ministerio de Sanidad considera como perjudicial para la salud son los 32 grados -momento en el que se activan las alertas sanitarias por calor-, pero en A Coruña este límite está en los 26 y en Sevilla en los 40. Por tanto, "a un coruñés le costará más aclimatarse a los cambios de temperatura que a un sevillano", pero siempre depende de cuánto suban las temperaturas, remarca el investigador.

No obstante, la adaptación fisiológica no cuenta con las herramientas suficientes como para poder adaptarse al aumento de temperaturas de 0,6 grados; por eso es necesario establecer planes de prevención para la sociedad. Pequeñas acciones pueden marcar la diferencia. "No salir a correr a las tres de la tarde, que las embarazadas no se expongan al calor o que los hospitales y residencias cuenten con aire acondicionado en sus instalaciones" son algunas de estas medidas que este grupo propone para reducir en una cantidad importante la ratio de muertes asociadas a estos fenómenos. "Tenemos ejemplos: en Estocolmo ha aumentado la temperatura 0,8 grados por década y en Japón la variación ha sido de 1,5 grados", explica el investigador, que insiste que "ellos se han adaptado" a este nuevo escenario. "Si ellos han podido, nosotros también", insiste.

Sistemas efectivos

En todo caso, los sistemas de prevención que ya se han puesto en marcha son efectivos. "En otro estudio realizado por nuestro equipo comprobamos que por cada grado que superaba la temperatura umbral entre el año 83 y el 93, aumentaba un 14% la probabilidad de muerte asociada", explica Díaz Jiménez, que se muestra positivo por la tendencia posterior: "Desde entonces el porcentaje ha disminuido hasta el 2%".

La pérdida personal no es la única que han estudiado este grupo de investigadores. También han hecho hincapié en lo que costaría para el sistema público sanitario estos fallecimientos. Teniendo en cuenta los datos del grupo de investigación estadístico de la Universidad de Girona que calcula en cuatro millones de euros el coste de una muerte, los investigadores han concretado que, en el peor escenario posible, España se gastará más de 53.000 millones de euros entre 2051 y 2100 en estas muertes atribuibles al calor. En caso de que consiguiera adaptarse totalmente a este nuevo y caluroso escenario, el coste se reduciría considerablemente, hasta un 92%. De hecho, se pasaría a gastar "tan solo" 4.108 millones de euros en las muertes atribuibles a las altas temperaturas. "En perspectiva se puede ver que la adaptación es siempre más barata que el coste en salud, ya no solo el personal, sino también económico", alega el investigador, que insta a los Gobiernos a continuar trabajando en este sentido para evitar las peores consecuencias del cambio climático.

Las claves

  • Fallamos en mitigación. La mayoría de expertos está de acuerdo en que objetivos propuestos por el Acuerdo de París para 2020 son totalmente inasumibles. Dicho documento pretendía la neutralidad de las emisiones de gases de efecto invernadero en 2050. "Mitigar no se está mitigando, las emisiones continúan subiendo", afirma Julio Díaz, que, sin duda, opta por que la población se adapte a la realidad que va a llegar.
  • Avisando desde 2001. Desde principios de este siglo, se viene avisando de las consecuencias económicas y sociales que tendrá el cambio climático. Ya muchas de ellas las estamos viviendo. Olas de calor, tener que cambiar modelos turísticos (por ejemplo en estaciones de esquí) o la repercusión de la contaminación en la salud.
  • Refugiados climáticos. Quizás una de las consecuencias más importantes del cambio climático son las migraciones forzosas debido a la imposibilidad de vivir en un lugar. Según la ONU, cada año, hasta 40 millones de personas se ven obligadas a migrar debido a desastres climáticos. En 2050 habrá ya 200 millones de desplazados por el impacto catastrófico del clima en todo el mundo.
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