01 de septiembre de 2019
01.09.2019

Tanorexia: obsesión por estar moreno

Tener la piel clara es el mayor temor para quienes sufren este trastorno. Acostumbran a hacer uso de los rayos UVA, aunque estén contraindicados

01.09.2019 | 01:24
Dos jóvenes toman sol en la playa de Las Gaviotas, en Santa Cruz de Tenerife.

"Qué blanco estás, te tiene que dar más el sol". Este tipo de comentario que nos acostumbra a sonar el verano. Obedece al deseo social de cumplir con una parte del canon de belleza actual: estar bronceado. Aunque todos hemos oído hablar de los efectos negativos de la exposición a los rayos solares o UVA, estar moreno es para algunas personas una prioridad que incluso pasa por encima de su propia salud y que puede llegar a desembocar en un trastorno obsesivo, la llamada tanorexia.

"Para un tanoréxico es horrible estar blanco y su compulsión consiste en hacer todo lo posible por broncearse, a pesar de la comunidad médica lo desaconseje. Nunca se ven lo suficientemente morenos y esta distorsión de la realidad les genera ansiedad, que reducen momentáneamente tomando el sol o dándose rayos UVA, pero que a la larga solo incrementa el temor por tener la piel clara", explica Don Antonio Cano, doctor en psicología, quien equipara este comportamiento con el de un fumador de tabaco: "Saben que se exponen a un cáncer y aún y así no cesan", dice. Otro factor preocupante es que a día de hoy no existen pacientes con este problema en las consultas de psicología, porque "es raro que uno sea consciente de que lo tiene y reconozca que necesita ayuda", según el experto. explica el doctor José Luis Martínez-Amo, miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).

Una década de rayos

Rosa del Mar González vivió durante 13 años este problema en primera persona e incluso llegó a comprarse una máquina de rayos UVA para tomarlos a diario en su casa. "Siempre he sido muy blanquita de piel y, como también era muy presumida, empecé a darme sesiones de UVA en centros de estética y, más tarde, compré una máquina horizontal casera. Cada día la ponía encima de la cama y ahí hacía un vuelta y vuelta, como si fuera un sándwich. Además, en verano también tomaba el sol", cuenta.

Como era previsible, las consecuencias de esta sobreexposición a las radiaciones acabaron apareciendo. "Cuando ya llevaba varios años alternando los rayos UVA con tomar el sol, fui al dermatólogo a que me miraran un lunar sospechoso y, aunque resultó no ser maligno, me indicó que debía realizarme controles anuales por mi alto riesgo de cáncer de piel", explica González, a quien a partir de ese momento se le prohibió continuar bronceándose: "A día de hoy no puedo tomar el sol y cuando salgo a la calle tengo que ponerme protección solar muy alta. Ahora tengo un montón de lunares por todo el cuerpo. Me fueron apareciendo progresivamente pero no les di importancia porque me podía más el querer estar guapa. La estética iba antes que la salud" cuenta.

El triple de radiación

En el 2009 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró cancerígeno el bronceado artificial con rayos UVA, y en Australia y Brasil ya se ha prohibido. "El uso de cabinas de bronceado está altamente contraindicado, pues incrementa hasta siete veces la posibilidad de padecer melanoma, el cáncer de piel más mortal de todos", advierte el doctor José Luis Martínez-Amo, para quien el uso de estos métodos resultan altamente preocupantes: "Los rayos UVA son auténticos atracones de sol que nuestro cuerpo no está preparado para soportar. Pueden emitir hasta tres veces más radiación ultravioleta que el sol de mediodía", apunta el experto, que también pone en el punto de mira los gimnasios, donde asegura "hay una falta de regulación y los menores de 18 años pueden acudir a las máquinas, pues el sistema funciona con monedas". En España, al igual que en otros países, está restringido el uso de rayos UVA para los menores de edad.

Aunque es cierto que las lámparas de bronceado son más peligrosas que el propio sol, ponerse moreno en cualquier contexto está desaconsejado, a pesar de que usemos protección solar. "El moreno es la respuesta que da nuestro organismo ante una agresión", explica Martínez-Amo. Eso sí, mucho peor todavía es quemarnos: "el efecto más inmediato del abrasamiento por el sol es una lesión inicial, que se cura en días o semanas. Pero el daño permanece toda la vida", informa el doctor. "La piel recuerda toda la radiación recibida desde la infancia y los efectos negativos pueden ir manifestándose a lo largo de la vida adulta", dice. El más preocupante es el riesgo de cáncer de piel. Aparte, el experto recuerda que nos pueden aparecer manchas, arrugas quistes, comedones, ceguera, daño corneal crónico, cataratas, entre otros problemas.

Cuidado con los niños

La población más vulnerable ante las quemaduras solares son los niños. "En la infancia las quemaduras son mucho más perjudiciales, pues la piel aún no está formada completamente, los medios de reparación ante agresiones no son del todo óptimos y el daño acumulativo es mayor", explica Martínez-Amo.

Igualmente, que nos dé el sol con moderación sí nos aporta beneficios. Según el doctor, como la síntesis de vitamina D o la mejora del estado de ánimo. El tiempo de exposición moderando dependerá de cada persona y de su fototipo de piel.

Ponerse crema no evita el cáncer ni las arrugas

  • Usar un filtro solar solo nos permite reducir las posibilidades de quemarnos y, como consecuencia, las de sufrir cáncer. Pero igualmente no nos garantiza estar fuera de peligro; "El riesgo cero no existe", declara el Dr. Gallardo, jefe de dermatología del hospital del mar. "Es como si te fumas un paquete de tabaco diario en lugar de tres; tendrás menos riesgo de padecer cáncer pero las posibilidades estarán ahí de todas formas".
  • La crema tampoco nos libra de las arrugas, ya que "el envejecimiento cutáneo va ligado a estar moreno" según cuenta el experto, que añade: "Si pudiéramos ver cómo será nuestra piel dentro de unos años habiendo tomado el sol y sin haberlo hecho, nadie se expondría a él".
  • Es muy común estar más horas al sol por hacer uso del filtro solar, ya que nos da sensación de protección que nos da, algo que supone "un gran error", según el Dr. Martínez-Amo. El experto asegura que, aunque hay que protegerse siempre, no debemos hacerlo solamente con las cremas, sino también con medidas físicas como camisetas, sombreros y gafas de sol.
  • También es importante buscar la sombra y evitar las horas de máxima radiación. "Ni un negro del Senegal con fototipo VI puede estar expuesto al sol de las 12 del mediodía", asevera el Dr. Fernando Gallardo.

Inyectarse por bronceado

La desesperación por tener un tono de piel más oscuro puede ir mucho más allá de usar cabinas de rayos UVA y de tostarse al sol en las horas más peligrosas. Y es que ahora algunas personas están optando por pincharse un fármaco que broncea su piel sin necesidad de exponerse a los rayos. Se trata del Melanotan, también apodado Barbie drug (droga Barbie), que consiste en un polvo blanco que se mezcla con agua y luego se inyecta en el estómago con una aguja. La sustancia induce la producción de melanina, por lo que permite adquirir un intenso tono bronceado.

En sus inicios, el Melanotan se popularizó entre los culturistas, y más tarde entre modelos, novias y actrices hasta que, finalmente, acabó llegando a otras personas fanáticas del moreno. Eso sí, se trata de un fármaco en fase experimental cuya comercialización es ilegal en España, aunque se puede conseguir por internet. El doctor Martínez-Amo alerta de la importancia de no comprar jamás un medicamento online, "donde no están sujetos a ningún tipo de control".

El uso de la Barbie drug tiene dos efectos inmediatos a parte del moreno: la pérdida de apetito y el aumento del deseo sexual. Así, sus consumidores cada vez se ven más morenos, delgados y con la líbido por los aires, lo que no les invita a querer dejar de pincharse. Sin embargo, las consecuencias a largo plazo del Melanotan siguen siendo desconocidas y la comunidad médica sospecha que en un futuro pueda provocar cáncer de piel, ya que oscurece los lunares existentes. Otro factor preocupante es que el propio usuario se inyecta él mismo la sustancia mediante jeringuillas, algo que puede poner en peligro su salud y seguridad en el caso de que se compartan las agujas, lo que puede favorecer la transmisión de hepatitis o VIH. Además, cuando uno no está debidamente capacitado para inyectar fármacos con agujas es fácil que se provoque lesiones en la piel a raíz de los pinchazos mal realizados.

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