16 de mayo de 2019
16.05.2019

Un alumno del Nuryana de Tenerife gana el Concurso de Relato Hiperbreve de El Sauzal

Al certamen se han presentado 413 narraciones de toda España

16.05.2019 | 16:58
Hugo Tesifón Hernández.

El alumno del Colegio Nuryana de Tenerife, Hugo Tesifón Hernández, ha ganado el VIII Concurso de Relato Hiperbreve de El Sauzal. Su obra "Ángela" una historia de amor en el trabajo llena de emoción, se ha impuesto a cientos de relatos que este año se han presentado al concurso en Categoría Juvenil para participantes entre 14 y 17 años de toda España.
Al certamen, al que se podía concursar bajo seudónimo con un máximo de dos obras en prosa, se han presentado 413 narraciones de toda España. Los escritos no debían superar las 25 líneas. El jurado estuvo compuesto por doña Carla Gil López(escritora), Yaiza Lorena Díaz Pérez (licenciada en Historia del Arte), y don Marcos Rodríguez Plasencia (graduado en Periodismo y magister en Periodismo cultural).
Este premio refleja el compromiso constante del Colegio Nuryana con la lectura y el arte, fomentándolas en las clases con programas de animación a la lectura en todos los niveles educativos y el fomento del interés por la creación.
A lo largo de sus más de 50 años de historia ha demostrado su labor en el fomento y desarrollo de la excelencia en todos los campos, ya sea desde las ciencias hasta el arte, poniendo en el centro de la educación al alumnado. "Es un gran orgullo y una recompensa al trabajo de toda la comunidad educativa contar entre nuestro alumnado con artistas como Hugo Tesifón o como Paula Acosta, que se alzó también con el mismo premio en la edición de 2018", afirma su director, David Luis Casado.

"Ángela", de Hugo Tesifón Hernández

Y otra vez igual. Siempre ocurre lo mismo. Ya he perdido la cuenta de las veces que he intentado acercarme a ella y hablarle. No entiendo cómo soy tan cobarde. Cada mañana la misma rutina. A las nueve menos cinco la veo llegar, con la respiración agitada y algo despeinada porque se le hace tarde. Entra, y pasa junto a mí sin decir nada, como si no existiera; no pido mucho, un simple saludo o una sonrisa bastarían para darme ánimos. A veces se me acerca y me mira como buscando algo. En alguna ocasión incluso ha llegado a colocarme bien el nudo de la corbata o me ha quitado alguna pelusa de los hombros. Eso es todo y, sin embargo, yo no puedo dejar de pensar en ella. La miro cuando está detrás del mostrador y juguetea con su flequillo. Hoy está más guapa que de costumbre; no ha dejado de observarme desde que entró en la tienda. Me mira de una forma distinta. Yo aparto la mirada, como siempre. Cómo me gustaría ser como esos actores de las películas que, en cuanto les gusta una chica, se acercan a ella y tienen siempre una frase perfecta para la ocasión. Está hablando con el jefe. Nunca me ha gustado la forma en que la mira. Cuando le habla, se acerca demasiado y puedo notar cómo Ángela se siente incómoda. ¡Si no fuera tan cobarde! No logro oír su conversación, pero ambos miran hacia mí; incluso me señalan. Algo en mi interior me hace no apartar la mirada. Los miro fijamente, de forma desafiante. Parece que ha surtido efecto; el jefe se marcha y Ángela viene hacia mí. Cada vez está más cerca y, por fin, voy a hablarle. ¡Hola!, le digo, pero ella comienza a quitarme la chaqueta. Siento un tirón; luego otro. Tiene mis brazos en sus manos. Pero ¿qué haces? Los arroja a un lado y comienza a darle vueltas a mi cabeza; ¡Ángela!, le grito entre lágrimas, pero solamente alcanzo a escuchar una última frase: ¡Bueno, un maniquí menos que limpiar!

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