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En primera persona. Juan Manuel Vega Valle

Pachi, el voluntario que encontró su vocación en un reparto de alimentos

La iniciativa, que comenzó hace 14 años para aprovechar un local comercial, es hoy un pilar para muchas familias del barrio

Juan Manuel Vega, a la izquierda, uno de los coordinadores de la asociación de García Escámez.

Juan Manuel Vega, a la izquierda, uno de los coordinadores de la asociación de García Escámez. / El Día

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Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Juan Manuel Vega Valle no llegó a García Escámez buscando una asociación ni pensando que acabaría organizando repartos de alimentos. Hace más de siete años acompañaba a su novia al trabajo y, en lugar de regresar a casa, se quedaba por la zona. «Venía aquí, me ponía por fuera a hablar con ellos y, al final,s me fui metiendo poco a poco», recuerda.

Ese rato de espera terminó cambiándole la rutina. Se ganó la confianza de África Fuentes, presidenta de la asociación, entró en la directiva y acabó convirtiéndose en una de sus manos derecha. Hoy, junto a Canono -hijo de África- y Adela, es uno de los coordinadores de la organización diaria mientras África, con 89 años y vinculada al proyecto desde sus comienzos, ha dado un paso a un lado.

De acompañante a voluntario

A Juan Manuel casi nadie lo llama por su nombre. Es Pachi. Y detrás del sobrenombre y una trayectoria deportiva como árbitro, hay siete años de cajas, bolsas, listados, cámaras frigoríficas y personas que llegan buscando para completar la despensa. El reparto había empezado antes. Hace casi 14 años varias asociaciones del barrio se unieron para aprovechar unas instalaciones comerciales cerradas y convertirlas en un lugar desde el que ayudar.

Pachi recuerda las historias de África y de su marido, Manuel Perea, los promotores. Su compromiso con la solidaridad comenzó el día que fueron a hacer una compra cuando una madre con su niña se acercó a pedir comida. Mientras Perea aparcaba, África entregó lo que llevaban. Gestos como aquel terminaron formando parte de una iniciativa que fue creciendo.

Ahora Pachi habla de derivaciones, mercancía, caducidades y turnos con la naturalidad de quien ha aprendido sobre la marcha. Treinta voluntarios sostienen el servicio. Unos preparan alimentos; otros revisan fruta, verdura y refrigerados; otros atienden la oficina o clasifican ropa.

Siete años después

Él resume su llegada con sencillez: no vino para dirigir nada. Llegó porque tenía que hacer tiempo mientras esperaba a su novia. Siete años después, aquel lugar en el que se quedaba charlando se ha convertido en una parte importante de su vida y en un punto de apoyo para centenares de familias.

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