Barrio a barrio | Barrio Nuevo
Barrio Nuevo reclama un refuerzo de personal para acelerar las obras de saneamiento y renovar redes
El Ayuntamiento de Santa Cruz asegura que la primera fase de las obras de alcantarillado en Barrio Nuevo está a punto de concluir, a pesar de las quejas vecinales por la lentitud

María Pisaca

La visita a Barrio Nuevo, antes de llegar a Los Campitos, regala una de esas panorámicas de Santa Cruz que durante años presidieron despachos municipales. Desde la ladera, la imagen tranquila se rompe hoy con el ruido de la maquinaria, la zanja y las vallas de las obras de saneamiento que avanzan por la parte alta del núcleo.
En la venta de Bárbara, una especie de ayuntamiento pedáneo del barrio, las conversaciones giran desde hace meses alrededor de estos trabajos. «Estamos desesperados porque el ritmo de la obra es muy lento y está todo muy atrasado», resume David. Unos sitúan el comienzo efectivo de los trabajos en marzo o abril; otros, en mayo. La percepción común es que llevan demasiado tiempo conviviendo con cortes, excavaciones y recorridos alternativos.
El Ayuntamiento puso en marcha a comienzos de año un proyecto para ampliar y renovar las redes de alcantarillado, abastecimiento y drenaje de las aguas pluviales de Barrio Nuevo, con un presupuesto superior a 1,7 millones de euros, financiado al 50% por el Consistorio y el Cabildo. El plan afecta principalmente a las calles Drago, Verodes y Tajinaste y fue concebido para su desarrollo durante aproximadamente doce meses.
Una obra necesaria, pero lenta
Los trabajos incluyen una nueva red separativa para aguas residuales y pluviales, con tuberías que conectarán con el colector de la TF-111. También se renovará la red de abastecimiento, se instalarán conducciones para evacuar la lluvia e hidrantes exteriores contra incendios. La intervención contempla además mejoras en firmes, aceras y elementos de seguridad.

Obras de saneamiento en Barrio Nuevo. / María Pisaca
Los vecinos no discuten la necesidad de la obra. El malestar surge por el ritmo que perciben sobre el terreno y por las molestias acumuladas. «Hay mala organización», repiten varios residentes. Recuerdan que los carteles de los trabajos aparecieron desde noviembre y que, meses después del comienzo, la maquinaria continúa todavía concentrada en las calles superiores.
Junto a la supresión de aparcamientos para dejar expedita la calle, rompieron una escalera que dificulta el tránsito
Uno de los puntos que más críticas provoca es la interrupción de una escalera situada a la altura del número 49 de la carretera de Los Campitos, conocida popularmente por algunos vecinos como «la escalera de los meados». Más allá del apodo, era un paso utilizado habitualmente para salvar la pendiente y acceder a las viviendas con la compra. Su cierre obliga ahora a subir por una cuesta y realizar un rodeo considerable.
«Hasta una señora se cayó con las bolsas», relata Bárbara mientras reproduce las quejas que escucha a diario. Otra residente insiste: «Era el único acceso que había a esa altura y ahora tienes que coger toda esa cuesta». Para las personas mayores o con dificultades de movilidad, el rodeo se ha convertido en uno de los efectos más molestos de la intervención.
Cuatro o cinco operarios, según los vecinos
A ello se suma la sensación de lentitud. Los residentes aseguran que habitualmente observan a cuatro o cinco trabajadores afrontando las excavaciones y reclaman al Ayuntamiento un refuerzo de personal para acelerar la ejecución. «Nos dijeron que se comenzaría en las calles de la parte alta y todavía no han salido de allí», lamentan.
El proyecto fue presentado inicialmente con una ejecución organizada en cuatro fases para reducir las afecciones sobre la movilidad y el estacionamiento. Antes del inicio, el Ayuntamiento explicó que se habilitarían plazas alternativas a medida que avanzaran los trabajos.
Desde Servicios Públicos, sin embargo, se sostiene que la primera parte de la intervención está ya próxima a concluir. El primer teniente de alcalde y concejal del área, Carlos Tarife, explica que la obra comenzó precisamente por las calles más altas, «las más complicadas para el tema del aparcamiento, sobre todo con respecto a personas con poca movilidad y personas mayores».
Tarife asegura que recientemente mantuvo contacto con la dirección de la obra y que esta fase se encuentra «a puntito de terminar». Una vez finalizada, añade, los trabajos descenderán hacia la zona media y posteriormente hacia la parte baja de Barrio Nuevo.
Del desespero a la siguiente fase
La visión municipal contrasta con la impaciencia de quienes conviven a diario con las zanjas. Mientras Servicios Públicos destaca que la actuación avanza sin incidencias de consideración, los residentes piden que se acelere un calendario que, desde su perspectiva, se está haciendo eterno.
La obra de 1,76 millones separará las redes de saneamiento y pluviales en todo el núcleo
Tarife defiende que se trata de una actuación «muy necesaria» porque permitirá separar las redes de pluviales y saneamiento, mejorando el funcionamiento del sistema en episodios de lluvia. La nueva infraestructura deberá también reforzar el abastecimiento de agua potable y modernizar unas redes que ya no respondían adecuadamente a las necesidades actuales del núcleo.
El concejal sostiene que la intervención no ha generado incidentes relevantes. Ese balance no elimina las incomodidades que describen los residentes: accesos cortados, pendientes más largas, problemas de aparcamiento y la presencia constante de maquinaria junto a las viviendas.
En Barrio Nuevo nadie cuestiona que levantar calles para renovar el alcantarillado resulte incómodo. Lo que reclaman es que la obra avance con mayor rapidez y que el esfuerzo cotidiano tenga un horizonte visible. La tranquilidad del barrio, interrumpida ahora por excavadoras y cortes, depende de que la primera fase termine realmente en breve y de que la maquinaria empiece por fin a abandonar la parte alta.
Mientras tanto, en la venta de Bárbara sigue resonando ese particular pleno vecinal sin actas ni micrófonos. Allí, entre conversaciones, se sigue tomando el pulso al progreso de la obra con un criterio mucho más sencillo que cualquier cronograma: cuándo desaparecen las vallas de una calle y aparecen en la siguiente. Con bolsas en las manos; así se soporta la obra que resulta eterna a los vecinos.
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