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Barrio a barrio | García Escámez

Las 96 viviendas de García Escámez reclaman mejoras urgentes ante el abandono de calles y servicios básicos

El asfaltado de una calle, la desratización, limpieza del barranco y un solar, ampliación de una acera y cambio de contenedores, principales demandas vecinales

García Escámez, en Santa Cruz de Tenerife

Andrés Gutiérrez

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Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Antes de comenzar el recorrido, la presidenta de la comunidad de propietarios, Mary Carmen Ventura, advierte al visitante como si le fuera la vida: «¡No te vayas a confundir y escribe claro que somos las 96 viviendas de García Escámez, no de Somosierra!». Asumida la llamada de atención, miembros de la directiva guían el recorrido por una barriada que se extiende por tres calles, lindando con la carretera general, donde precisamente incluyen una de sus demandas: la ampliación de la acera para poder transitar a la vez dos personas, petición que incorporan entre la relación de actuaciones encaminadas a poner a punto su entorno.

Entre las necesidades que advierten las familias de este enclave del distrito Ofra-Costa Sur figuran el asfaltado de una calle, la desratización, la limpieza del barranco y un solar o el cambio de contenedores, como detallan durante el recorrido con el mismo celo que quien cuida su propia casa.

Los vecinos de esta urbanización, que hace tres años protagonizaron la mejora de sus inmuebles gracias a la ejecución de Áreas de Regeneración y Renovación Urbana (ARRU), con la colaboración ejemplar de los residentes, fueron noticia el pasado jueves cuando una avería dejó sin agua a ocho mil vecinos de Santa Cruz de varios barrios.

Tuvieron que esperar veinte horas para recuperar el suministro y aún hoy se preguntan por qué les negaron una cuba de agua para atender las primeras necesidades de los residentes, tanto para hacer la comida como para asear a los mayores que viven en este núcleo. A la llamada de urgencia que hicieron tanto al Distrito como a Emmasa, la única respuesta que encontraron fue que la avería y la situación no conllevaban tanta emergencia como para enviar una «cisterna» de agua.

La herida de la avería sigue abierta

Cinco días después de la avería que obligó a abrir la calle central de la barriada, Juan de Mattos y Azofra, todavía se mantiene la «herida» sin cerrar, con una retroexcavadora aparcada en el centro de la calzada, como para marcar dónde hay que continuar los trabajos. «El lunes estuvieron ahí», disculpa la vecina que sirve de guía; a diferencia de este martes. Claro que eran las diez de la mañana e igual no habían comenzado su jornada laboral...

«Cualquier día ocurre una tragedia y se mete fuego el barranquillo entre el polideportivo y el colegio», denuncian

Aprovechando la zanja, la comunidad de propietarios solicitó que se procediera a desratizar la zona... «Le he dicho a los vecinos que estén pendientes, pero aquí no han visto venir a nadie», comenta la presidenta, que no quiere perder la oportunidad ahora que están los tubos vistos y es más fácil actuar en el subsuelo. Otra vecina se lamenta del ritmo para restituir la normalidad: «Está la calle cortada en el centro. ¿Y si tiene que venir una ambulancia?», para apostillar que encima coincide con la plaza de estacionamiento para persona con movilidad reducida de un vecino. «Ya podrían aprovechar para asfaltar la calle, que está fatal», demandan casi con desconsuelo cuando ven cómo se desarrollan actuaciones en otros barrios de Santa Cruz estos días.

A la salida de la calle, rumbo a la vía Francisco Fernández, el barranco que linda también con la carretera general sería, a priori y sin entrar en condicionantes urbanísticos y posibles afecciones del Consejo Insular de Aguas, la solución ideal para el desahogo de los conductores, que cada vez encuentran más limitaciones para estacionar en la urbanización.

Aceras, maleza y contenedores

En la acera contigua a la barriada, un paso tan estrecho que impide el tránsito de dos peatones. Por si fuera poco, las semillas de un ficus gigante ensucian la zona y suponen un riesgo para el transeúnte, pero las autoridades del área de Servicios Públicos prefirieron construir una acera enfrente, junto con trasplantar el árbol a la explanada del barranco y, de paso, resolver el problema que soporta la vecina de la casa de la esquina, a la que se le cuelan las raíces por el piso, levantado varias veces.

En la misma esquina, cruzando la carretera general, el barranquillo que se localiza entre el polideportivo y el colegio de García Escámez trae de cabeza a los vecinos por la altura que ya tiene la maleza que nadie limpia. Asegura la vecina que «la alcantarilla que está pegada se ha prendido fuego varias veces; luego vendrán los lamentos...».

Junto a la barriada de García Escámez, al lado de la carretera general, otra acera por la que es imposible el paso a la vez de dos personas. ¿Solución? «Recortar un metro a los jardines», sentencia otro de los residentes en la zona.

Y más quejas en esta puesta a punto que piden los residentes: en la calle de arriba de la barriada, en la vía José Crosa, proceder a reparar el firme de la zona por la que transitan los mayores, tanto donde están los bancos —y hasta una silla de madera que ha colocado una residente— como limpiar el muro que acota el espacio, además de colocar baldosas en una acera que empicharon un día y se olvidaron.

Como ocurrió con los contenedores, que un día rodaron desde la esquina, donde no molestaban, hasta el frente de unas viviendas que hoy no pueden abrir las ventanas por el olor, aunque haya más de treinta grados de temperatura en este verano que se hace de rogar. Como algunos políticos para resolver las demandas vecinales como las de García Escámez. Y eso sin entrar en detalles en que el barrio continúa siendo un cementerio de coches abandonados, apostilla la presidenta vecinal.

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