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Servicios Públicos

Mil kilómetros de tuberías de agua cruzan el subsuelo de Santa Cruz de Tenerife

La red municipal suma 38 depósitos con 204.000 metros cúbicos y una autonomía media de más de cinco días para garantizar el suministro

Presentación a los vecinos de la estación de Bombeo de Aguas Residuales (EBAR) de Los Alisios.

Presentación a los vecinos de la estación de Bombeo de Aguas Residuales (EBAR) de Los Alisios. / María Pisaca

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Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Abrir un grifo en Santa Cruz de Tenerife activa, sin que el usuario apenas lo perciba, una red que se extiende durante unos 1.000 kilómetros bajo el subsuelo de la capital. Tuberías, depósitos, estaciones de control, bombeos y plantas de tratamiento forman parte de un engranaje que permite abastecer diariamente a hogares, hospitales, comercios y servicios públicos en un municipio marcado por una orografía compleja.

El sistema, gestionado por el Ayuntamiento a través de Emmasa, dispone de 38 depósitos en servicio con capacidad para almacenar unos 204.000 metros cúbicos de agua potable. Ese volumen permite mantener una autonomía media superior a cinco días, una reserva estratégica para afrontar averías, problemas en la producción o cualquier episodio que pueda afectar temporalmente al suministro.

Los depósitos se distribuyen por distintos puntos del municipio y aprovechan las cotas del terreno para facilitar la distribución. Entre los de cabecera destacan Los Campitos, fundamental para las zonas medias, y Ofra, que abastece a uno de los sectores residenciales y hospitalarios más poblados. A ellos se suman instalaciones como Fumero, que da servicio al entorno de Anaga y Los Lavaderos; el histórico depósito de la Plaza de Toros, el más antiguo de la red; y los de Cueva Roja, Salamanca y La Salud.

La red también se extiende hacia el Suroeste, con infraestructuras que atienden a barrios en crecimiento como El Sobradillo o Barranco Grande. En Anaga, la dispersión de la población obliga a contar con pequeños depósitos locales que garantizan el suministro a núcleos y caseríos como San Andrés, Pico del Inglés, Taganana o Roque Negro.

El mar, principal fuente

El origen del agua que consume Santa Cruz ha cambiado de forma sustancial durante las últimas décadas. La ciudad, que tradicionalmente dependía de pozos y galerías, obtiene hoy buena parte del recurso directamente del mar. Aproximadamente siete de cada diez litros consumidos se producen con recursos propios del municipio.

La Estación Desaladora de Agua de Mar se ha convertido en la pieza central de este modelo. La planta genera cerca de 33.000 metros cúbicos diarios y aporta alrededor del 62% del agua consumida en la capital, una producción equivalente a llenar unas 16 piscinas olímpicas cada día. El porcentaje restante procede de pozos y galerías, tanto propios como privados.

Una vez producida o captada, el agua entra en una extensa red de distribución sometida a vigilancia permanente. Unas 40 estaciones automatizadas controlan distintos parámetros para garantizar la calidad y detectar anomalías. El sistema permite supervisar presiones y localizar posibles fugas. Para mantener las condiciones sanitarias del recurso se utilizan anualmente más de 100 toneladas de cloro.

El agua vuelve al sistema

El ciclo no acaba cuando el agua desaparece por los desagües. Santa Cruz dispone también de más de 800 kilómetros de red de saneamiento, nueve estaciones de bombeo y un tanque de tormentas con capacidad para 1.500 metros cúbicos, diseñado para ayudar a gestionar episodios de lluvias intensas.

Las aguas residuales son conducidas hasta las depuradoras de Los Moriscos y Buenos Aires. Esta última incorpora un sistema de regeneración que permite recuperar agua para nuevos usos. El recurso tratado se distribuye por una red específica de 43 kilómetros destinada principalmente al riego de parques y jardines públicos, reduciendo así la necesidad de emplear agua potable para estas tareas.

La dimensión de estas infraestructuras convierte el ciclo integral del agua en uno de los servicios municipales menos visibles y, al mismo tiempo, más extensos. Solo las redes de abastecimiento y saneamiento suman alrededor de 1.800 kilómetros de conducciones, a los que se añaden depósitos, estaciones, plantas de tratamiento y sistemas de telecontrol.

El alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez, destaca que garantizar el suministro en una ciudad con una orografía tan compleja exige inversiones sostenidas y pone en valor la capacidad de almacenamiento de los 38 depósitos. El regidor subraya que disponer de más de cinco días de autonomía permite afrontar el servicio con mayor capacidad de respuesta ante posibles incidencias.

Por su parte, el concejal de Servicios Públicos, Carlos Tarife, incide en el mantenimiento de los aproximadamente 1.000 kilómetros de tuberías de abastecimiento y en el control tecnológico de la red. El edil destaca que la monitorización permite ajustar las presiones, localizar pérdidas y actuar con rapidez ante cualquier anomalía.

Bajo calles, avenidas y barrios, Santa Cruz mantiene así una infraestructura que permanece prácticamente invisible hasta que se produce una avería. Una red de mil kilómetros de tuberías, 38 depósitos y una desaladora que ha convertido el mar en la principal reserva hídrica de una capital que busca garantizar el suministro sin depender exclusivamente de sus recursos subterráneos.

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