Barrio a barrio | Añaza
Urbanismo demuele las escaleras de las primeras cinco plantas del mamotreto de Añaza para impedir el acceso
La intervención municipal incluye la demolición de escaleras y rampas interiores, mientras se tramita el derribo definitivo del inmueble de extrema peligrosidad

María Pisaca

El hotel inconcluso de Añaza, convertido desde hace décadas en uno de los principales símbolos del abandono urbanístico del litoral de Santa Cruz de Tenerife, afronta un nuevo capítulo en el camino hacia su desaparición. La Gerencia Municipal de Urbanismo ha culminado la demolición de las escaleras interiores que comunicaban las plantas bajas del inmueble y también las situadas en la sexta planta, una actuación que persigue dificultar al máximo el acceso a una estructura en la que durante años se han registrado accidentes, rescates y varias muertes.
Los trabajos forman parte del plan de emergencia impulsado por el Ayuntamiento para reforzar la seguridad del edificio mientras continúa la tramitación administrativa que permitirá ejecutar su demolición definitiva, financiada con tres millones de euros procedentes del Gobierno de Canarias y del Cabildo de Tenerife.
La actuación llega después de años de intentos para impedir la entrada al inmueble. Pese al vallado perimetral y a las medidas de protección adoptadas, el edificio ha seguido atrayendo a curiosos, aficionados a la exploración urbana y jóvenes que acceden al interior poniendo en riesgo sus vidas. El último accidente mortal volvió a evidenciar la necesidad de intervenir con urgencia en un inmueble que el propio Ayuntamiento considera de "extrema peligrosidad".
Los trabajos ejecutados de manera subsidiaria por la Gerencia de Urbanismo han supuesto la eliminación de las escaleras interiores entre la planta baja y la quinta planta, así como la demolición de las que comunicaban la sexta planta con los niveles superiores.
Escaleras demolidas
Durante una visita a las obras, la concejala de Urbanismo, Zaida González, confirmó que esta fase ya ha concluido y explicó que el objetivo es impedir que quienes logren acceder al edificio puedan continuar ascendiendo por su interior.
"Imposible no sé decirte, porque la capacidad humana de buscar problemas es infinita, pero va a estar muy difícil que puedan subir desde la sexta planta hacia arriba", señaló la edil.
González explicó que, aunque la demolición de las escaleras ya ha finalizado, la intervención todavía no ha concluido completamente.
"Todavía falta retirar la tierra que permite acceder desde el exterior a la sexta planta. Ese terreno se eliminará y se dejará una especie de zanja para impedir que se pueda entrar por ese punto", indicó.
La responsable de Urbanismo considera que, una vez culminen esos trabajos, acceder al edificio será mucho más complicado.
"De la planta cero a la planta seis ya están cortadas las escaleras y se han puesto dificultades para los accesos desde la tierra al edificio. Imposible no es nada, pero mucho más difícil, sí", afirmó.
Cinco actuaciones de emergencia
La demolición de las escaleras constituye una de las cinco actuaciones contempladas en el plan municipal diseñado para blindar el edificio.
La intervención incluye además la reparación del vallado perimetral, la eliminación del sendero que bordea el cerramiento por el lado este, la cancelación del acceso a la sexta planta desde el terreno mediante la retirada del terraplén y el sellado de los huecos accesibles de la fachada con mallas electrosoldadas y perfiles metálicos.

El Día
Solo esta última actuación supone una inversión cercana a 34.000 euros, al cubrir alrededor de 930 metros cuadrados de huecos abiertos para impedir nuevas entradas al inmueble.
En conjunto, el Ayuntamiento destina 112.500 euros a estas obras de emergencia, adjudicadas para reducir el riesgo mientras se materializa el derribo definitivo.
El derribo sigue su tramitación
Las actuaciones actuales no sustituyen la demolición del edificio, sino que pretenden minimizar los riesgos hasta que pueda ejecutarse.
El proyecto de derribo fue adjudicado en 2023, aunque el procedimiento continúa condicionado por el complejo expediente de expropiación forzosa, derivado de la dificultad para localizar a los numerosos propietarios del inmueble, muchos de ellos ciudadanos alemanes.
Para hacer posible la demolición, el Gobierno de Canarias concedió en 2025 una subvención de 2,5 millones de euros, cantidad que posteriormente fue reforzada con 500.000 euros aportados por el Cabildo de Tenerife, elevando hasta tres millones de euros la financiación prevista.
El Ayuntamiento dispone de un plazo de 36 meses para completar el proceso.
Más de medio siglo abandonado
El conocido popularmente como mamotreto de Añaza comenzó a construirse en 1973 como un ambicioso complejo turístico de 741 apartamentos, cuando aquellos terrenos estaban clasificados como suelo residencial turístico.
Sin embargo, apenas un año después, la quiebra de la empresa alemana promotora paralizó las obras, dejando únicamente levantada una gigantesca estructura de hormigón con 22 alturas y planta en forma de "Y", que desde entonces domina el paisaje del litoral de Añaza y Acorán.
Durante más de cinco décadas el edificio ha permanecido abandonado, convirtiéndose en uno de los principales focos de inseguridad del municipio y en escenario habitual de actos vandálicos, incendios, grafitis y accesos ilegales.
Un paso más hacia su desaparición
El alcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez, considera que la eliminación de las escaleras supone "un paso importante para impedir el acceso a las zonas más altas del inmueble y reducir los riesgos que supone la entrada de personas a un edificio abandonado y en estas condiciones".
Por su parte, Zaida González insiste en que el objetivo municipal es seguir dificultando cada vez más el acceso mientras culminan los trámites del derribo. La retirada del terraplén de la sexta planta será la siguiente actuación antes de dar por finalizadas unas obras que pretenden acabar con uno de los principales puntos de entrada al edificio.
Aunque el mamotreto de Añaza continúa en pie, la desaparición de sus escaleras marca un punto de inflexión. Por primera vez en más de medio siglo, el interior del edificio deja de ser fácilmente transitable y comienza a perder la condición que durante años lo convirtió en un reclamo para quienes desafiaban el peligro. El siguiente objetivo ya está fijado: su demolición definitiva.
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