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Ocio

El Parque Marítimo César Manrique baila con Quevedo en un verano para la historia

El recinto de ocio en Cabo Llanos celebra su verano más animado con el nuevo Club de Manri y una oferta reforzada de actividades para toda la familia

Jornada de activiades de verano en el Parque Marítimo de Santa Cruz de Tenerife

Andrés Gutiérrez

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Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Mediodía del martes 18 de agosto. En el Parque Marítimo César Manrique de Santa Cruz de Tenerife se respira ambiente festivo. Junto a las temperaturas estivales y la recta final de las vacaciones que afrontan muchas familias antes del inicio de las clases, las instalaciones de ocio que se localizan en Cabo Llanos estrenan esta edición el Club de Manri, que viene a consolidar la apuesta por este recinto.

Con el mimo de Daniel Cañibano, quien en el pasado fue director del mismísimo Hotel Mencey y desde hace ya una docena de años está al frente del legado del artista lanzaroteño que atesora Santa Cruz, el Marítimo, como gran parte de la población se refiere a este enclave, vive esta edición uno de sus mejores registros desde las 282.000 entradas que marcaron el techo en el año 2023, tras la pandemia y coincidiendo con el regreso a la normalidad.

Desde entonces, esa cifra quedó en 260.000 tickets vendidos en 2025, mientras las instalaciones del parque marítimo, que están bajo la tutela política de Javier Rivero, vienen de sumar 11.000 visitantes en los mejores periodos comprendidos entre viernes y domingo.

Hasta once mil visitantes se llegaron a reunir del viernes al lunes de hace unas semanas

Más allá del mareo de cifras, hay algunas letras que vienen marcadas por los protagonistas que dan vida a estas instalaciones, que suman treinta y un años desde su inauguración en Santa Cruz de Tenerife.

El verano de Manri

Basta un paseo entre las dos piscinas grandes y la infantil que integran el parque para que quede de manifiesto el espíritu familiar que se respira en este particular balneario de la capital, que incrementa su oferta para el público más joven durante los meses de julio y agosto. Bajo el nombre del Club de Manri se han duplicado este verano los hinchables del Marítimo: uno terrestre y otro acuático que se ha convertido en el predilecto de los bañistas.

Curioso: aunque la mascota del novel club es un pulpo, la atracción estrella es un pato acuático. Y no es la única que se oferta: también los pequeños pueden disfrutar, desde las once de la mañana y hasta las cinco de la tarde, de kayak, minigolf sobre diez moquetas o talleres en los que media docena de monitores que dan vida a Manri acompañan a los menores a pintar peces, también a la mascota en 3D y con témperas, como cuentan, a pie de piscina, Paula y Florián, dos de los animadores del club. A su vera, junto al hinchable del pato acuático, hacen cola decenas de chiquillos a la espera de que les llegue el turno para cruzar el túnel y... al agua.

Las instalaciones registran a diario más usuarios que vecinos tiene La Graciosa

Y junto a las actividades del Club de Manri, también baile en la piscina grande, a la una de la tarde, y a las cuatro, en la zona infantil. Se impone entonces la música, que abre Quevedo, que canta a La Graciosa, isla con menos habitantes que visitantes registró el Parque Marítimo el pasado domingo —3.200— o el lunes —2.200—. Y no se dan tregua los animadores del Marítimo, que saltan en su lista de éxitos de Quevedo a clásicos como La Macarena, La Bomba o uno de los himnos infantiles: "La tetera, la cuchara y el cucharón".

Un día de piscina en familia

Y para comer, las viandas de las que se acompañan Javier y Jéssica, con su hija Aurora, de nueve años, y que acuden junto a Andrés y Emma, también de nueve. Y es que las pequeñas, compañeras en el colegio Nuryana, son las 'culpables' de esta excursión, en el primer día que visita este año Jéssica el Marítimo. Y lo de excursión... porque estas familias llegan desde sus domicilios en Los Baldíos y Geneto. "Jéssica prefiere el Parque Marítimo a la piscina de Bajamar", apostilla Javier, mientras ella revive la infancia y su juventud, que la trasladan al vecino edificio del Rascacielos, cuando la avenida Tres de Mayo acababa con el giro para "entrar" a Santa Cruz por La Salle, cuando la avenida era una calle.

Jéssica y Javier, llegados de Los Baldíos, disfrutan de un día en el Marítimo.

Jéssica y Javier, llegados de Los Baldíos, disfrutan de un día en el Marítimo. / Andrés Gutiérrez

Entre tortillas y palitos de pollo que dan aroma a uno de esos días de playa, en este caso a orillas del Marítimo —sin arena ni viento, al menos este martes—, Jéssica recuerda que la única vez que abrieron la azotea del Rascacielos fue para celebrar el concierto de Michael Jackson, mientras Javier revive aquellas noches en la discoteca Pachá o cuando estaban instaladas en la zona las primeras terrazas de verano que desembarcaron en Santa Cruz a comienzos de los años noventa.

Historias junto al agua

No hace falta preguntar la hora para saber que es la una de la tarde porque el baile se ha adueñado de la piscina grande. Entre las hamacas, una pila de neumáticos, o flotadores, de todas las edades. Cinco, seis y hasta siete apilados junto a Carmen Dolores, una vecina de San Pío. "Yo viví toda la vida en Cuesta de Piedra hasta que nos sacaron de allí hace, por lo menos, veinte años...". La sexagenaria se define como una incondicional del Marítimo: "Yo soy de las que vengo hasta cuando llueve; aquí, al lado mío, está siempre un señor que es de una murga, muy moreno, que nunca falla".

Este martes Carmen Dolores está en el Marítimo con toda la prole, aprovechando que Marisa, la mayor de sus hijas, vino de la Península de vacaciones con sus tres nietas. "Prefiero venir aquí que ir a Las Teresitas. Cojo la guagua delante de mi casa, me dejan en el Intercambiador y de ahí hasta aquí es un paseíto".

También el Marítimo se convierte en un lugar donde surgen amistades y hasta parejas. Este último es el caso de Joaquín y Marta. Ambos docentes y vecinos de Santa Cruz, que disfrutaron el pasado verano de sus vacaciones en el Marítimo, donde iniciaron su relación. "Después de semanas viéndonos y charlando, un día se me averió el coche y ella se ofreció a llevarme a casa", cuenta Joaquín, un viaje que continúa un año después. "Las instalaciones están magníficas", sentencian. Si tuvieran que valorarlas como si fuera el examen de uno de sus alumnos, le pondrían un notable alto.

El Marítimo no solo tiene el Club de Manri, sino que atesora cientos de historias.

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