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La batalla en la que Santa Cruz de Tenerife dejó sin brazo a Nelson y que Gran Bretaña ‘ignora’

Santa Cruz de Tenerife conmemora desde hace dieciocho años su histórica victoria frente a las tropas británicas el 25 de julio de 1797

Recreación de la Gesta del 25 de julio de 1797, en Santa Cruz de Tenerife.

Recreación de la Gesta del 25 de julio de 1797, en Santa Cruz de Tenerife. / Andrés Gutiérrez

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Santa Cruz de Tenerife

«Nadie en Gran Bretaña sabe nada sobre la derrota, hace ya 229 años, de su gran héroe nacional, Horacio Nelson, en Santa Cruz de Tenerife». Así lo admite el escritor, aparejador y apasionado de la historia Alastair Robertson, el único componente británico de la Tertulia de Amigos del 25 de Julio de 1797. Esta asociación cultural, con sede en la capital chicharrera, fue fundada en 1995 para investigar, divulgar y conmemorar la victoria de Santa Cruz frente a las tropas comandadas por el contraalmirante Nelson. Y es que fue aquí, en esta ciudad, donde Nelson perdió su brazo derecho, un episodio que, según Robertson, los británicos prefieren ‘ignorar’. Ocurrió durante una batalla que se convertiría en uno de los acontecimientos históricos más importantes para Santa Cruz de Tenerife, pues reforzó el prestigio y la relevancia de la ciudad, y contribuyó a su posterior designación como capital del Archipiélago canario.

En concreto, la citada victoria sobre los ingleses supondría para Santa Cruz que, seis años más tarde, el 28 de agosto de 1803, el rey Carlos IV le otorgara el privilegio de villazgo, lo que implicaba dejar de depender de La Laguna, pasando a denominarse: Muy Leal, Noble e Invicta Villa de Santa Cruz de Santiago de Tenerife. Por esta razón, desde hace 18 años, la capital chicharrera viaja al pasado para conmemorar y recrear aquella «histórica defensa» de las tropas españolas contra el ataque británico liderado por Nelson, la Gesta del 25 de julio de 1797, logrando que la ciudad vuelva a oler a pólvora. Lo hace de la mano de la Asociación Histórico-Cultural Gesta del 25 de Julio y de la Tertulia de Amigos del 25 de Julio de 1797, con la colaboración del Ayuntamiento chicharrero. Durante varios días, las calles se llenan de actividades con las que se pretende divulgar la importancia de aquella victoria.

El único miembro británico de la Tertulia de Amigos del 25 de Julio admite que poco se cuenta de aquella derrota

Sin embargo, no ocurre lo mismo en Reino Unido. Mientras que, por ejemplo, la victoria del gran héroe británico en Trafalgar se celebra anualmente con cenas y discursos, la derrota que sufrió en Santa Cruz aquel 25 de julio «ni se destaca, ni se recuerda ni se enseña en las escuelas», indica Alastair Robertson, autor del libro The English Armada. «Otras batallas, eventos y lugares famosos relacionados con la carrera de Nelson se recuerdan con visitas a distintos puntos de Europa e, incluso, de las Indias Occidentales».

Pero a Santa Cruz de Tenerife, añade, solo se acudió en 2022 y lo hizo un pequeño grupo de la Nelson Society, que «nunca conmemora esta batalla en su revista trimestral». La Nelson Society es una organización benéfica del Reino Unido fundada en 1981 cuyo objetivo es divulgar la vida, logros y época del almirante Horacio Nelson (1758-1805). «Desde entonces, ya no se ha hablado más de este asunto», afirma. En Londres, capital de Inglaterra, la famosa Columna de Nelson, de más de 50 metros de altura, ha inmortalizado al héroe nacional sin brazo, pero, insiste Alastair Robertson, «poco se sabe allí de cómo y de dónde lo perdió». Para este escritor y aparejador, miembro británico de la Tertulia de Amigos del 25 de Julio de 1797, la recreación de aquella batalla «poco conocida» que se realiza cada verano en las calles de Santa Cruz de Tenerife debería ser una visita obligada para los visitantes británicos.

El presidente de la Tertulia de Amigos del 25 de Julio, el arquitecto Carlos Pallés, señala que este acontecimiento «tan importante» para Santa Cruz de Tenerife se ha intentado ocultar en Reino Unido, «como si nunca hubiese existido», aunque, y según añade, la citada entidad chicharrera logró hace unos años que la Nelson Society y el embajador de Inglaterra reconocieran la derrota de Nelson en estas tierras.

Para Santa Cruz de Tenerife, aquella victoria supuso el refuerzo del prestigio y de la relevancia de la ciudad

Pallés considera que desde el Consistorio capitalino se debería promocionar más turísticamente la recreación que se realiza cada 25 de julio en el centro de la ciudad y se debería «contar mejor, por parte de los guías turísticos, lo que realmente ocurrió aquí». El presidente de la Tertulia confía en que cuando se ponga en marcha el Museo de la Historia de Santa Cruz en el Palacio de Carta, ubicado en la plaza de la Candelaria, la derrota de Horacio Nelson en el litoral chicharrero llegue a todos los rincones del mundo.

¿Qué ocurrió aquel 25 de julio?

El 25 de julio de 1797, Santa Cruz fue escenario de una de las gestas más asombrosas de la historia militar española. Aquel día, las tropas y milicias canarias, al mando del general Antonio Gutiérrez, lograron repeler el ataque de una poderosa escuadra británica, la Royal Navy, liderada por el ambicioso almirante Horacio Nelson. Frente a una fuerza muy superior en número y armamento, la ciudad resistió con valentía, astucia y una defensa férrea que sorprendió al enemigo. Así se cuenta en diferentes obras de historiadores y expertos locales, como el libro La Historia del 25 de Julio de 1797 a la luz de las Fuentes Documentales, de Luis Cola Benítez y Daniel García Pulido, o en el Museo del Ejército.

La operación británica, preparada desde Cádiz, tenía como objetivo conquistar Tenerife para debilitar a España y controlar una posición estratégica en el Atlántico. Nelson confiaba en la sorpresa, en la supuesta debilidad de la Isla y en un presunto botín de oro que lo motivó aún más. Pero los intentos de desembarco entre el 22 y el 25 de julio fracasaron, en parte por la resistencia de la artillería local y por el conocimiento del terreno por parte de los defensores.

La expedición de Nelson estaba formada por nueve buques ( cuatro navíos de línea, tres fragatas, un cúter y una bombarda) y unos 2.000 infantes de marina. Los barcos portaban 393 cañones. A Santa Cruz llegaron unos 1.000 hombres de los Regimientos de las Milicias Canarias de Abona, Güímar, La Laguna, La Orotava y Garachico, que unieron a los soldados del Batallón de Infantería de Canarias, a los artilleros que defendían los castillos y baterías con sus 89 cañones, a los hombres de las banderas de Cuba y La Habana, al centenar de marineros de la corbeta francesa La Mutine, y a los paisanos voluntarios.

«Fuimos y somos un pueblo valiente, que nunca se deja poner la pata encima», indica el edil Javier Caraballero

Durante aquellos días de julio, fueron varios los intentos británicos por apoderarse de Santa Cruz de Tenerife. En el último, en la madrugada del 25 de julio de 1797, Nelson lanzó un asalto directo desde el mar. Sus hombres debían desembarcar junto al muelle, ocupar el castillo de San Cristóbal y obligar a la plaza a rendirse. Pero la operación salió mal desde el principio. Las corrientes y la oscuridad dispersaron las embarcaciones, mientras los castillos y baterías de Santa Cruz abrieron fuego. Varias lanchas fueron destruidas y el cúter Fox, que transportaba soldados y material, se hundió. La lancha en la que viajaba Nelson llegó a la playa próxima al muelle, pero el almirante fue alcanzado por metralla disparada desde el cañón Tigre, según lo señalan los historiadores. Se dice que el cañón estaba colocado en una tronera del desaparecido Castillo de San Cristóbal. Nelson sufrió una grave herida. Fue retirado de la batalla hacia la enfermería, donde se le tuvo que amputar el brazo derecho.

Los que pudieron desembarcar, incluidos los supervivientes de los botes que se estrellaban, tuvieron que refugiarse en el convento de Santo Domingo, donde fueron rodeados por los milicianos. El general Gutiérrez ordenó reforzar los aledaños del convento. Al verse rodeado y atrapado, el oficial al mando de las tropas enemigas negoció la rendición, salvando la vida de sus hombres.

Gutiérrez permitió que los vencidos regresaran a sus barcos con sus armas y honores militares, a cambio de que se comprometieran a no volver a atacar Canarias. Los habitantes de la Isla atendieron a los heridos y facilitaron pan, fruta y vino, así como barcas para el reembarque. Nelson, impresionado por tan bondadoso acto de hidalguía del pueblo tinerfeño le dirigió al general Gutiérrez una carta, firmada con su mano izquierda, en la que expresaba su agradecimiento por tales deferencias, a la vez que se convertía en el mensajero de su propio derrota. En agradecimiento, obsequió al general con unos anteojos de visión nocturna, un queso y una barrica de cerveza inglesa, a lo que Gutiérrez correspondió con otra misiva y le regaló dos garrafones de vino del país.

Este gran acontecimiento para Santa Cruz pasó a la historia para Reino Unido como una «operación menor», según lo relata el historiador Carlos Vila en su trabajo El ataque de Nelson a Tenerife: la versión inglesa. Sin embargo, la capital chicharrera seguirá reivindicando la importancia de aquella victoria. «Fuimos y somos un pueblo valiente, que nunca se deja poner la pata encima. Y esto se debe recordar», manifiesta el edil de Fiestas, Javier Caraballero (CC).

Una herida que alimentó el mito del almirante

La derrota sufrida por la escuadra británica frente a Santa Cruz de Tenerife el 25 de julio de 1797 no solo frustró uno de los intentos de conquista más ambiciosos del Imperio británico en el Atlántico. También cambió la vida del almirante Horacio Nelson, que perdió el brazo derecho durante el desembarco y estuvo a punto de morir desangrado. Esta es una de las conclusiones que desarrolla el historiador naval Colin White, ya fallecido, en su obra 1797: Nelson’s Year of Destiny, considerada una de las investigaciones más completas sobre el año que transformó definitivamente la carrera del futuro vencedor en la batalla de Trafalgar.

Según lo cuenta el principal historiador británico experto en la Gesta del 25 de Julio y en la figura del almirante Horacio Nelson, la pérdida del brazo derecho del almirante tras el fracaso en Santa Cruz provocó inicialmente una mezcla de consternación, dudas y admiración en Gran Bretaña. Lejos de convertirse inmediatamente en un héroe nacional, Nelson atravesó uno de los momentos más difíciles de su vida, convencido de que su carrera había terminado. Según White, el almirante cayó en una profunda depresión durante los meses posteriores a la amputación. Pero la pérdida de su brazo comenzó a interpretarse como una prueba de valor personal y liderazgo, cualidades muy apreciadas en la sociedad británica en el siglo XVIII. Uno de los mayores temores de Nelson era ser apartado del servicio activo, sin embargo, ocurrió todo lo contrario. El Almirantazgo consideró que la amputación no disminuía su capacidad de mando y pocos meses después, volvió a confiarle importantes responsabilidades navales. Este respaldo institucional fue fundamental para recuperar su prestigio. En aquel entonces, la propaganda británica convirtió pronto la herida en un símbolo patriótico. La derrota en Santa Cruz terminó alimentando el mito de Horacio Nelson. Colin White sostiene que el fracaso en Tenerife fue el episodio que transformó definitivamente la personalidad de Nelson, marcando el resto de su carrera.

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