Embarque de la Virgen delCarmen
El puerto de Santa Cruz, escenario de dos eventos: la Virgen del Carmen y el Cook Music Fest
La procesión marítimo-terrestre de la Virgen del Carmen coincidió con las actuaciones de artistas como Don Omar y Farruko

María Pisaca

Hay gente para todo, y, si no, en la tarde de este jueves bastaba con ver el río de gente que bajaba al puerto de Santa Cruz para disfrutar del primero de los tres días del Cook Music Fest y que coincidía con los feligreses, en mucha menor medida, que se dirigían a la parroquia de La Concepción para la misa por la festividad de la Virgen del Carmen y su posterior embarque en la bahía chicharrera.
Fue una particular celebración de la patrona de la gente del mar, con procesión y concierto, aunque muchos no llegaron ni a embarcar y enlazaron la celebración religiosa con los bailes de Don Omar, Myke Towers, Farruko e Ivy Queen, sin solución de continuidad...
Entre Farruko y Don Omar
La misa en La Concepción, que presidió el obispo de la Diócesis Nivariense, Eloy Santiago, comenzó con Farruko cantando en el escenario del recinto portuario y concluyó con la procesión marítimo-terrestre cuando estaba actuando Don Omar, aunque, a decir verdad, se escuchó más barullo musical fuera de la iglesia matriz, con el DJ que pinchó temas como Mentirosa, que las actuaciones de los artistas de la velada.
Antes del inicio de la misa, a las seis de la tarde, sorprendió que el entorno de la calle de La Noria estuviera cerrado a cal y canto; ni un coche de la iglesia que intentó acceder por la calle Ni Fú-Ni Fá, mostrando su autorización al policía, sorteó el cordón de seguridad a la altura de los arcos del puente Serrador. El agente que vigilaba la zona ciñó su conversación con el conductor a tres palabras: «Busque ruta alternativa».
Un grupo de jóvenes, con modelos más propios de exploradores, aunque sin cascos, o pijamas de verano ibicencos, acudió a otro agente que parecía más empático, al que preguntaron: «¿Para ir al Cook dónde es?», como quien se interesa por la ubicación de una sala de fiestas. Para esa fecha, al guardia le habría sido más fácil decir que sí que explicarle a la gente cómo llegar al Auditorio de Tenerife, donde estaba el acceso.
Uno de los jóvenes echó mano del móvil y advirtió al resto del grupo: «Se entra por el Auditorio, no por La Marina». A la altura de la fachada principal de La Concepción, con sus tres reposteros, se dividían quienes iban a la misa y quienes seguían hacia el Cook.
El mismísimo obispo
Una procesión marcó el inicio de la celebración religiosa dentro del templo, con la sorpresa de que la presidía el mismísimo obispo. De haber sido un jugador de fútbol, bien podría haber llevado sobre la casulla una estrella, por aquello de presumir de haber traído al Papa.
En el templo hacía un calor infernal, en una misa cantada por la agrupación La Zarzuela, cuyas voces evidencian los cincuenta años dedicados a la lírica, con la capacidad de cantar a cuatro tonos y tantas voces como miembros, mientras el obispo y el organista parecían protagonizar un pulso por coger el tono de forma ostentosa.
En su homilía, Eloy Santiago recordó a su predecesor, no por citarlo, sino por marcar la diferencia con una salutación a las autoridades según la fórmula breve. Su presencia parecía justificada también en agradecimiento a la colaboración de la Autoridad Portuaria, escenario de la misa con la que el Papa cerró en Tenerife su visita a España.
Eloy Santiago recordó palabras de León XIV, pronunciadas hace 34 días en Tenerife, al invitar a contemplar en el mar la imagen del amor infinito de Dios. Y regaló una perla: «Jesucristo, puerto seguro». Ni en las peticiones se obvió a los migrantes, que motivaron la visita del pontífice, en especial a aquellos que encuentran «su tumba en el mar».
Agua a gloria bendita
Hizo acto de presencia un aguador de La Macarena, que repartió un par de botellitas de agua fresquita a algunas cofrades, y supieron a gloria bendita. Ya en la recta final de la misa llegó la diputada nacional Cristina Valido, que disculpó la demora por el galimatías para acceder a las proximidades en coche y hasta se mostró agradecida porque la llevaron; de lo contrario, todavía estaría buscando un sitio para estacionar.
Tras una hora de misa salió la procesión bajo el campanario de la iglesia matriz, en medio de la confusión general: la guardia de gala había formado en dirección a la calzada de Santo Domingo, frente por frente al campanario, y fue precisamente el fotógrafo Trino Garriga quien alertó de la confusión, pues desde hace ya dos años la procesión gira directamente a la izquierda, rumbo a La Noria, y de ahí pasa por delante de la entrada principal de La Concepción para seguir por el Charco de la Casona hasta la avenida Bravo Murillo.
El barullo de la procesión
En unos minutos se produjo un barullo: el coro de La Zarzuela, que se vio más que se escuchó, ya estaba apostado en la plaza de la iglesia para intentar entonar, junto con la Banda Municipal de Música de Santa Cruz de Tenerife, la tradicional Salve marinera, mientras la Policía de gala cambiaba su disposición y la feligresía cruzaba de la plaza a la calle de La Noria.
Joaquín, el más chico de nueve hermanos y maestro de procesiones del Señor de las Tribulaciones, de San Francisco y de los grandes eventos religiosos de las parroquias del centro, como la Virgen del Carmen, marcó el paso correcto, enfundado en traje negro, corbata y guantes, con casi treinta grados a las siete de la tarde...
La procesión marchaba con paso firme rumbo al puerto y, al pie del paso, la comitiva religiosa. Y el obispo seguía al frente, tanto que acabó embarcándose, mientras los mayores e incondicionales de la procesión porfiaban sobre la última vez que un prelado acompañó a la Virgen del Carmen en barco por la bahía chicharrera... «Si acaso Felipe Fernández», apuntó alguno.
Pulseras bajo el traje
En la comitiva civil, desde el alcalde hasta la presidenta del Cabildo —pertrechada para el concierto— y concejales empaquetados en traje y corbata, con la entrada al Cook en forma de pulsera que delataba sus intenciones...
A la llegada al puerto, tras pasar la pasarela verde, y mientras la rondalla El Cabo fue un alivio para los oídos, de pronto se vieron en el remolcador Canarias al obispo y su séquito; a la concejala de Seguridad, Gladis de León; a la diputada nacional, Cristina Valido, y al consejero insular Dámaso Arteaga —un enamorado de la mar—.
El Cook había hecho estragos y la procesión casi regresó entre Ella y yo, que cantaba Don Omar.
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