Monumento a Franco en Santa Cruz de Tenerife: vestigio de la dictadura versus referente ciudadano
Mientras que el Gobierno de España exige la retirada del monumento a Franco de Santa Cruz de Tenerife por exaltar al general, los defensores de la escultura reivindican su valor patrimonial

Imagen cedida por el archivo de la Fundación de Juan Ávalos en la que se muestra como se construyó el monumento a Franco de Santa Cruz. / El Día

Sesenta años han pasado ya desde que, aquel 17 de marzo de 1966, unas 100.000 personas, según el NO-DO, se concentraron en la avenida de Anaga de Santa Cruz de Tenerife, en la confluencia con la Rambla, para ser testigos de la inauguración del conocido como monumento a Franco. Esta colosal escultura de bronce, de diez metros de altura y obra de Juan de Ávalos, cuya construcción e instalación se prolongaron durante dos años, continúa seis décadas después en el centro de la actualidad informativa. Esta vez, como eje del debate sobre la memoria histórica en Canarias, entre quienes reclaman su retirada por considerarla un claro vestigio franquista y un elemento de exaltación a la dictadura, y quienes defienden su protección, alegando que se trata de un referente ciudadano con valores patrimoniales y artísticos.
Según diferentes informes históricos, el origen del monumento data de 1964, a raíz de la iniciativa impulsada por el entonces gobernador civil de Tenerife, Manuel Pablos Abril. Éste promovió una suscripción popular para financiar la escultura, cuyo diseño fue encargado a Juan de Ávalos. El coste ascendió a 7,5 millones de pesetas (45.075 euros). Para la Asociación San Miguel Arcángel, clara defensora de esta obra, la participación de más de 80.000 ciudadanos para pagarla, la convierten, precisamente, en un «bien patrimonial de titularidad y significación colectiva». Sin embargo, según el proyecto de investigación efectuado por la Universidad de La Laguna (ULL), «pudo existir extorsión de la población» para sufragarla.
La escultura de la avenida de Anaga fue inaugurada el 17 de marzo de 1966, tras dos años de construcción
«Así lo detallan los archivos de la ciudad de Santa Cruz, en relación a la solicitud de aportaciones dirigida a los funcionarios. La eficacia estaba garantizada debido a que se convocaba a todos los jefes de dependencias municipales a realizar los listados de todo el personal para hacer constar en el documento el importe que, definido por el funcionario, le sería retraído de la mensualidad por la intervención de la administración municipal», señala el estudio de la ULL.
En el expediente incoado entonces por Capitanía General de Canarias sobre la ubicación elegida para la obra se hace referencia a esta como el «Monumento que dedica Tenerife al Caudillo». La investigación realizada por la Universidad apunta que el proceso de promoción de esculturas en homenaje a la figura del general Franco fue especialmente activo en las fechas próximas a la inauguración de este monumento. «En esta ocasión, se sustituyó la finalidad memorial asociada a la guerra por la personificación en torno a la figura del jefe del estado como fuente de todo progreso y artífice de la paz armada, concepto a través del cual se cimentó la idea de la guerra como mal necesario».
La figura más elevada alcanza los diez metros de altura y se sitúa en una fuente de unos 30 metros de diámetro
Sobre su denominación también existe controversia: Monumento a la Victoria, Monumento del Ángel, Monumento a la Paz de Tenerife y «Monumento a Su Excelencia el Jefe del Estado». Popularmente, se le conoce como monumento a Franco. La Asociación para la Investigación y Protección del Patrimonio Histórico San Miguel Arcángel ha insistido en varias ocasiones que el nombre oficial es el de la Paz, asegurando que es el acuñado por su autor, Juan de Ávalos y García Taborda, y recogido en el inventario de la Fundación Juan de Ávalos. «Esta denominación recoge, además, la verdadera vocación de la obra: un monumento a la concordia y la convivencia, erigido por miles de ciudadanos de la provincia de Tenerife», defiende la asociación.
Detalles de la obra
En un informe técnico aportado por San Miguel Arcángel se indica que la escultura está compuesta por la figura principal de un ángel, una base pétrea, un estanque perimetral y un muro posterior. Sobre las alas del ángel se ubica una figura de hombre, de pie, que empuña una espada, cuya punta se dirige verticalmente hacia abajo. De los hombros de la figura humana parte un manto diseñado a modo de pieza ondeante por efecto del viento. La escultura es de bronce fundido y patinado sobre armadura interior de hierro. Fue esculpida en los talleres de Ávalos en Madrid.
La instalación del monumento costó 45.075 euros y en la actualidad está valorada en 45 millones
La altura de la figura alcanza los diez metros y el diámetro de la fuente es de unos 30 metros. El muro está formado por nueve pilastras de piedra de 14 metros de altura cada una, coronadas con los escudos de las islas y de la ciudad, y unidas por ocho taludes escalonados con cinco aliviaderos cada uno. Según la tasación realizada por Javier Morales, exdirector del Museo del Prado, por encargo de la Fundación de Ávalos, el monumento tiene un valor de 45 millones de euros.
Un informe elaborado por el Ayuntamiento destaca la fuerza visual de la obra y la «complejidad sobrevenida que implicó una escultura de tamañas dimensiones al requerir precisión en la fundición y en el manejo del material, para así garantizar la integridad estructural de cada elemento». «Además, al desafío logístico del transporte se sumaron también los trabajos de ensamblaje y montaje, requiriendo de la coordinación de técnicos capacitados. La pieza final no solo destaca por su imponente presencia, sino también por la superación de los retos inherentes a la realización de una obra de estas características».
La investigación de la ULL establece que pudo existir extorsión de la población para sufragar su construcción
El pasado 30 de junio, el Gobierno de España, a través del Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, anunció el acuerdo para incorporar el monumento a Franco de Santa Cruz al catálogo de símbolos y elementos contrarios a la Memoria Democrática, ordenando al Ayuntamiento, propietario de la escultura, su retirada en el plazo de seis meses. De esta forma, el Estado daba un golpe sobre la mesa ante la posición manifestada por el equipo de gobierno en el Consistorio capitalino (CC y PP) y por el grupo municipal Vox, que rechazaron en el pleno de junio una moción del PSOE para retirar de manera inmediata el monumento, a pesar de que ya el Gobierno de Canarias había descartado su protección como Bien de Interés Cultural (BIC).
El expediente de declaración como BIC a favor del monumento a Franco de la avenida de Anaga fue incoado por el Cabildo en octubre de 2024 en cumplimiento de la sentencia judicial que dio la razón a la Asociación San Miguel Arcángel, que exigía su protección. Sin embargo, a principios de junio de este año, el Gobierno canario, encargada de resolver estos expedientes, informó de que había rechazado tal declaración por «no reunir los valores necesarios», respaldando así el dictamen emitido en abril por la ponencia técnica de patrimonio arquitectónico.
Unas semanas más tarde, el Estado dictaba una resolución para incorporar este monumento al catálogo nacional de vestigios franquistas, ordenando al Ayuntamiento su retirada. Según explicó el ministro de Memoria Democrática, el socialista Ángel Víctor Torres, esta resolución llegaba después de que la Comisión Técnica de Expertos acreditara que este símbolo constituye una «expresión inequívoca» de exaltación de la sublevación militar de 1936 y la dictadura.
San Miguel Arcángel destaca que se trata de un «hito visual de primer orden» y de un bien de interés comunitario
En el dictamen técnico se señala que el denominado Monumento a la Victoria fue inaugurado como una exaltación y homenaje al general Franco, de conformidad con la documentación obrante en los archivos históricos. El propio noticiario de la época, el NO-DO, informó durante la inauguración de que esta escultura «conmemora la partida del generalísimo Franco cuando capitán general de Canarias salió de aquí para acaudillar el movimiento nacional». «El acto constituyó una cordial prueba de adhesión de los isleños a la figura de nuestro jefe de Estado», se dijo entonces.
Según el dictamen técnico de la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, este monumento se erige en un contexto de propaganda oficial del régimen franquista y como una estrategia de legitimación simbólica de la dictadura. Asimismo, y en relación a los informes aportados por el Ayuntamiento de Santa Cruz, la Fundación Centro Internacional para la Conservación y el Patrimonio (Cicop), y la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel para defender los valores artísticos, técnicos y urbanos de esta obra, el dictamen técnico apunta que no se cuestionan dichos valores, pero «no resultan suficientes para justificar el mantenimiento de este monumento».
Pero pesar de la contundencia de la resolución del Gobierno de España para que se retire la escultura, ni el Ayuntamiento chicharrero ni la Asociación San Miguel Arcángel parecen rendirse. El primero está estudiando recurrir de alzada la resolución estatal y la citada asociación ha realizado una última maniobra para intentar blindar el monumento. Ha presentando una alegación al catálogo de protección de bienes de Santa Cruz que tramita actualmente el Consistorio capitalino. En esta alegación, San Miguel Arcángel solicita la inclusión de la obra de Ávalos en el citado catálogo.
Alega que la alusión en la denominación popular de la obra a una dedicatoria política, que «en su momento pudo tener», carece de todo efecto jurídico sobre la protección patrimonial de la misma, «máxime cuando la escultura lleva décadas exenta de cualquier placa, inscripción o símbolo de contenido político». Para San Miguel Arcángel, este monumento constituye un bien patrimonial de titularidad y significación colectiva, pues fue sufragado con las aportaciones económicas de miles de ciudadanos. «Esta circunstancia le confiere una dimensión cívica de especial relevancia, pues evidencia el arraigo social del monumento y su vinculación con la memoria colectiva de la comunidad insular. El carácter participativo de su creación convierte a esta escultura en un bien de interés comunitario, resultado del esfuerzo colectivo de miles de familias canarias»

magen cedida por el archivo de la Fundación de Juan Ávalos en la que se muestra como se construyó el monumento a Franco de Santa Cruz. / El Día
La Asociación San Miguel Arcángel también destaca en su alegación la «integración urbana» de la escultura y su valor social, «pues ocupa una ubicación estratégica» en la intersección de la Rambla de Santa Cruz y la avenida de Anaga, en las inmediaciones del Cuartel Almeyda, «constituyendo así un hito visual de primer orden en uno de los ejes urbanos más representativos» de la capital tinerfeña.
«Miles de personas la visitan, la contemplan y se fotografían ante ella cada año, siendo un referente ciudadano de primera magnitud. Este monumento forma parte del imaginario urbano colectivo de Santa Cruz, contribuyendo su presencia a la configuración del paisaje urbano y al carácter arquitectónico de una de la zonas más representativas de la ciudad».
Además, resalta esta asociación, su autor, Juan de Ávalos, fue uno de los escultores monumentales más destacados del siglo XX, «cuya trayectoria artística ha sido reconocida nacional e internacionalmente por su dominio técnico y capacidad expresiva».
El debate continúa en la calle. Por ahora, lo único cierto es que Santa Cruz dispone de seis meses para retirar el monumento.
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