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Barrio a barrio | Cuesta Piedra

Lo que era y lo que es: Cuesta Piedra

La visita a obras de mantenimiento trae la recuerdo la entrega hace veinte años de las primeras setenta y dos viviendas de reposición de la Cuesta de Piedra, «un modelo de barrio para un modelo de ciudad», se ideó.

Visita a las mejoras en viviendas de Cuesta Piedra

María Pisaca

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Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Hasta las zonas comunes de los dúplex de la Cuesta de Piedra se desplaza la concejala de Viviendas Municipales, Belén Mesa, para conocer el estado de unas obras que bien se podrían considerar de mantenimiento. El dinero emana de un pleito que ganaron los vecinos de las 108 viviendas a la constructora... y eso que los pisos fueron entregados hace trece años.

Pero, más allá de la mejora en la carpintería metálica en todos los bloques, así como la intervención en los muros de cerramiento de hormigón y en las escaleras exteriores de los dúplex, destaca la mejora que se ha realizado en los aparcamientos que se localizan debajo de la plaza, estacionamientos soterrados que todavía no se han entregado a los vecinos. Se acaba de intervenir porque el acabado del techo acabó reducido a montañas de escombros y se ha repuesto, además de corregirse la humedad que se cebó con la cubierta y llegó incluso a levantar el pavimento.

A estas mejoras se suman la reforma y adecuación de las instalaciones de agua caliente sanitaria, con el cambio de los depósitos en las cubiertas de los dúplex y un sistema para evitar la pérdida de calor del agua desde que sale del depósito hasta que llega al servicio y puede usarse en la ducha.

En la plaza, junto a la concejala de Viviendas Municipales y representantes de la empresa constructora San José, los vecinos chequean las obras anunciadas y su grado de aceptación.

Entre la comitiva, Celso Blanco, uno de los vecinos infatigables que integró el grupo motor que consiguió que el convenio de renovación y rehabilitación de viviendas de la Sociedad La Candelaria, suscrito el 23 de julio de 1992 con Santa Clara, San Pío, Somosierra y San Ignacio, se ampliara e incluyera las 355 viviendas de la Cuesta de Piedra. Fue una intervención que ha motivado reconocimiento nacional y ha servido de modelo para muchas ciudades que se han interesado por cómo se llevó a cabo, coinciden tanto la concejala de Viviendas Municipales como el propio dirigente vecinal. «Un modelo de barrio para un modelo de ciudad»: fue el lema que motivó la reposición que supuso un trabajo diario y a la carta de los vecinos.

De aquellas 355 viviendas unifamiliares que formaban la célebre barriada de Cuesta de Piedra se buscó el acomodo voluntario en otras casas de San Pío y Santa Clara, mientras se construyeron 72 viviendas en tres bloques, primera promoción que se entregó en 2006, y luego se llevaron a cabo 64 dúplex y otras 108 viviendas, que fueron las últimas en entregarse, en 2013.

Visita con los vecinos

En el grupo de vecinos que acompaña a la concejala de Viviendas Municipales a supervisar los trabajos y conocer el grado de satisfacción de los residentes se encuentra Candelaria Santos Sánchez. Nacida, criada, casada y hasta retornada a la Cuesta de Piedra.

Vivía en una de las casas terreras que estaban en la calle Arafo —entonces calle Tres—, donde está la palmera. Yaya lo tiene claro: «Estoy contenta con mi casa», y ya han pasado trece años desde que se la entregaron, dejando atrás aquella construcción que, como todas las de la vieja Cuesta de Piedra, se levantaba sobre unos cuarenta metros cuadrados y en la que quien podía edificaba una planta más arriba, acostumbrándose entonces a convivir con humedades.

Aunque la renovación de la planta de viviendas del barrio poco o nada se parece a la configuración anterior, con viviendas modernas y servicios impensables en las antiguas construcciones, no falta quien echa de menos aquellas casas, tal vez incluso por aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Espacios comunes

Basta un recorrido por la nueva Cuesta de Piedra —de entre veinte y trece años, según se tome la promoción de referencia— para adentrarse en unos limpios y embellecidos espacios comunes con una variada plantación de flores y llegar hasta el acceso principal del edificio de Yaya, donde se localiza el cuarto de la luz, otro del agua, otro de telecomunicaciones y hasta una sala de reuniones de la comunidad.

Y desde la planta de acceso, hasta la vivienda de Yaya, que muestra la casa con orgullo y sentido de pertenencia. «No te creas tú que esto estaba así», advierte Yaya, dando cuenta de los jardines exteriores arreglados por los vecinos, o el caso de su vivienda, en la que cambió un aseo por una despensa que parece una pequeña delegación de un centro comercial...

Desde el ascensor, con un cuadro de mandos digital, a la vivienda de Yaya... Ni en el mejor de los sueños. En la conversación recuerdan que, cuando se planificó la reposición de las casas, a los vecinos se les preguntó de todo: quién quería irse a otro lugar, quién se quería quedar, si querían vivir en un edificio o un dúplex o incluso con quién compartirían edificio. Se dio todo tipo de facilidades porque era otra forma de vida; había que acostumbrarse a vivir en un edificio, admite Celso.

En aquella vieja Cuesta de Piedra vivía Ángel Trujillo, aunque en la calle Las Cañadas, donde residía con sus padres, hasta que conoció a Yaya, se casaron y se establecieron en la calle Arafo. Luego se fueron a buscar trabajo a otra zona hasta que regresaron a Cuesta de Piedra.

Visita a las mejoras en viviendas de Cuesta Piedra

Visita a las mejoras en viviendas de Cuesta Piedra / María Pisaca

Entre los históricos del lugar, Luis Martín, fontanero, casado y padre de tres hijos, que puede presumir de llevar de presidente el mismo tiempo que las primeras viviendas entregadas. «Algo tienes que hacer bien cuando la gente quiere que siga», le dice la concejala ante el comentario que desliza Luis: «Voy a dimitir, que estoy cansado», aunque la realidad es que forma parte del patrimonio de la nueva Cuesta de Piedra.

La responsable de Viviendas Municipales va a vender su libro. «Con el dinero de una sentencia que se ganó a la constructora se han hecho los trabajos de mejora que han pedido los vecinos; se levantó toda la plaza». Los residentes dan su aprobación, aunque lo verdaderamente importante son las viviendas que, como las mantienen sus propietarios, marcan un nuevo modelo de vida, por más que algunos prefieran las viviendas que olían a humedad.

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