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Jaque al ocio en la avenida Francisco La Roche

La avenida de Anaga, en pie de guerra por el ruido de terrazas y discotecas

La asociación de vecinos La Muralla acude a la abogada contra el ruido de Las Palmas y judicializa el conflicto para exigir que se cumplan los horarios

Malestar vecinal por la ocupación de las aceras con terrazas que ni pagan y el incumplimiento de horarios.

Malestar vecinal por la ocupación de las aceras con terrazas que ni pagan y el incumplimiento de horarios. / María Pisaca

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Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Con la celebración del Mundial de Fútbol han saltado por los aires el cumplimiento de los horarios de cierre en las terrazas y discotecas de la avenida Francisco La Roche, popularmente conocida como avenida de Anaga, lo que ha llevado a la asociación de vecinos La Muralla a contratar a la abogada de Las Palmas especializada en la lucha contra el ruido, Yomara García Viera, para defender por la vía extrajudicial o, si fuera preciso, ante los tribunales, el derecho al descanso de las trescientas cincuenta familias que residen en el frente marítimo de la capital tinerfeña.

Esta asociación se constituyó poco después de la pandemia. La idea inicial era que las juntas de las comunidades de vecinos se agruparan bajo una misma figura legal, pero no se contempla esa posibilidad, por lo que todos los propietarios de nueve edificios se integraron hace cuatro años en el colectivo denominado La Muralla.

Aunque a priori alguien pueda entender que el caldo de cultivo de las demandas vecinales es la indignación por las molestias que ocasionan los bailes del Carnaval y la anarquía que se vive desde que la fiesta sale a la calle con la Cabalgata hasta que concluye diez días después con el Domingo de Piñata, la consigna de los residentes de la avenida de Anaga es otra. Antes bien: en las reiteradas reuniones que han mantenido con el alcalde de Santa Cruz, así como con las responsables de Seguridad Ciudadana y del Distrito Centro, la consigna del diálogo siempre ha sido la misma: «queremos que nos garanticen soluciones para 350 días del año, que ya nosotros asumimos la semana y media de Carnaval», explican portavoces de la asociación vecinal.

Están tan resignados a la incidencia de la fiesta en febrero que los vecinos que no salen al Carnaval buscan refugio fuera de casa, a sabiendas incluso de que tendrían la ley de su parte. «Tenemos mediciones de sonido que llegan a los 150 decibelios, y ya no solo es el ruido; se registran hasta vibraciones en el interior de las viviendas: figuras que se mueven en las estanterías y los muebles por las vibraciones».

El Mundial reabre el conflicto

Pero el motivo principal de los vecinos son los ruidos desorbitados que se han disparado coincidiendo con el inicio del Mundial de Fútbol.

De común acuerdo entre Ayuntamiento, vecinos y empresarios de establecimientos de ocio de la avenida de Anaga —terrazas y discotecas— se dictó una resolución el 10 de febrero de 2025 que regulaba los horarios para compatibilizar el ocio con el descanso de los residentes.

De domingo a jueves se estableció el cierre de las terrazas y bares a las doce de la medianoche, mientras que los viernes y los sábados se ampliaba hasta las dos de la madrugada, una norma que afecta a siete terrazas y a las diez discotecas reguladas por el horario que permite su actividad hasta las seis de la mañana, pese a los problemas que provoca la mala insonorización y las molestias interiores.

Después de épocas pasadas, cuando la avenida de Anaga fue un referente del ocio hasta que se desbordó y se acabó por cerrar toda la actividad por incumplimientos, la asociación de vecinos La Muralla sentencia: «nosotros queremos una avenida de Anaga viva»; eso sí, con un matiz importante: «manteniendo los horarios». La declaración de Zona de Afluencia Turística no puede obviar a los residentes y es preciso no solo el cumplimiento de la normativa. Eso al margen de que algunos propietarios insinúen que a sus hijos no los dejarían acudir a algunos de los puntos de ocio del lugar.

Terrazas y botellones

Junto a los horarios, recuerdan que el Ayuntamiento no cobra por el uso y disfrute de las terrazas, que se han acabado por convertir en auténticos depósitos de sillas y mesas de un día para otro, ocupando toda la acera muchos días de actividad sin prever la circulación de los transeúntes.

A eso se suma que por la noche, además de retrasarse el cierre, muchos aprovechan para desmontar las mesas y sillas e improvisar auténticos botellones en el exterior, con la consiguiente algarabía.

La vía judicial

Aseguran que las promesas incumplidas de los políticos y la inacción de la Policía, que acude y no sanciona, obligan a los vecinos a pedir el amparo de los tribunales, máxime cuando pesa el antecedente de que la misma abogada que ahora los defiende logró en Las Palmas el cierre a las diez de la noche.

La Autoridad Portuaria, un ejemplo de colaboración con los vecinos

Primero fueron las molestias ocasionadas por los barcos de carga rodada en el muelle de Ribera y, en el último mes, el ruido que provoca el barco provisional con el que Balearia ha reemplazado el buque que opera habitualmente. En ambos casos, los ruidos acabaron por convertirse en un martirio chino para los residentes en la avenida Francisco La Roche, popularmente conocida como avenida de Anaga.

Sin embargo, la predisposición del presidente de la Autoridad Portuaria, Pedro Suárez, ha sido determinante para la búsqueda de soluciones en ambos casos. Sirva como ejemplo de las molestias provocadas por el barco de Balearia la queja que dirigió una empresa de consultores de ingeniería y medio ambiente, en la que solicita el amparo de la asociación de vecinos La Muralla.

«Consideramos que el nivel de ruido es excesivo y está afectando a nuestra actividad laboral, al impedirnos concentrarnos durante la jornada de trabajo». Hasta ese punto llegaban las molestias. Comunicadas a Pedro Suárez, Puertos y la consignataria han adoptado una solución provisional hasta que llegue el nuevo barco: alejar el buque de los edificios, con el compromiso de que a final de agosto ya entre en servicio el otro.

«El Puerto y Pedro Suárez sí cumplen con las demandas vecinales por los trastornos que ocasionan y plantean soluciones que ejecutan», se dan por satisfechos los residentes, sin bajar la guardia.

La asociación de vecinos La Muralla pone a salvo el compromiso y la palabra del presidente del Puerto y trae al recuerdo otra circunstancia que los trajo por el camino de la amargura: los barcos de carga rodada. Un acuerdo entre Pedro Suárez, el alcalde de Santa Cruz y la consignataria permitió que no se operara en el muelle de Ribera desde las 23:00 hasta las 7:00 horas, mientras se trasladó la operativa de contenedores y frigoríficos de Fred. Olsen y Balearia al Bufadero. «Desde entonces dormimos como reyes... hasta que llegó el Mundial, hace un mes, y terrazas y discotecas incumplen sus horarios».

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