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Bienestar Social

Santa Cruz celebra dos décadas de campamentos de verano: de participantes ayer a monitores hoy

Once sedes repartidas en los cinco distritos de la ciudad ofrecen actividades educativas, deportivas y de ocio hasta el 14 de agosto.

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Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Algunos de los niños que en los últimos veinte años participaron en los campamentos de verano de Santa Cruz, como los que entraron en marcha desde el pasado lunes, han regresado como monitores de la empresa Ocide, que gestiona esta iniciativa municipal, o incluso como padres, llevando ahora a sus hijos.

Así lo atestigua Óliver Herrera, quien precisamente fue monitor en el inicio de estas experiencias y en la actualidad es el coordinador general de los once campamentos que se extienden por los cinco distritos de Santa Cruz.

Aunque llevan tres años bajo el manto protector de la Concejalía de Educación, que dirige Charín González, las actuales escuelas de verano son veinteañeras y tienen su génesis en la iniciativa que emprendió en la primera década del siglo XXI el entonces concejal del distrito Suroeste, Hilario Rodríguez, en su afán por facilitar a la población de este enclave la posibilidad de conciliar la vida laboral y familiar.

Once sedes repartidas por los cinco distritos

En la actualidad se ofertan escuelas de verano en tres colegios del Distrito Salud-La Salle, como el CEIP Tomé Cano, que visitaron en la mañana de este martes tanto la concejala de Educación, Charín González, como la responsable del distrito, Zaida González, quien mostró sus habilidades con los pequeños, especialmente con aquellos que se muestran más esquivos para integrarse en el grupo en el segundo día ‘de clase’.

También el Suroeste es otro de los enclaves santacruceros con tres sedes, en función de la mayor demanda, mientras que las escuelas de verano se han habilitado en dos colegios en cada uno de los distritos de Ofra-Costa Sur, Centro-Ifara y Anaga.

Desde el área de Educación, la concejala responsable explica que esta es la tercera edición en que los tradicionales campamentos de verano se gestionan con un pliego común para los cinco distritos, si bien en el pasado cada uno se organizaba de forma independiente.

En total se recibieron 1.200 solicitudes, de las que se asignaron 940 plazas, con especial atención a los hijos de aquellas unidades familiares cuyos padres trabajan durante este período estival.

En la visita realizada al CEIP Tomé Cano, en compañía de representantes de empresas colaboradoras como Cajasiete y Emmasa, se explicó que los once campamentos de verano están operativos desde el pasado 6 de julio y lo estarán hasta el 14 de agosto, y se brinda la posibilidad de contar con un servicio de acogida temprana para que las familias puedan dejar a sus hijos desde las siete de la mañana hasta la una y media de la tarde.

Los participantes, de edades comprendidas entre los tres y doce años, disfrutan de actividades educativas, deportivas y de ocio. Para garantizar un trato cercano, se dividen por grupos: uno de tres a seis años y otro hasta los doce. «Intentamos que no supere la veintena», advierte Óliver, quien fue monitor antes que coordinador general. Cada escuela de verano cuenta con una media de un coordinador local y unos seis monitores. A los niños se les garantiza un tentempié a media mañana. «Los niños tienen que venir con la leche con gofio de su casa», bromea Óliver.

Naturaleza, deporte y diversión

También la directora general de Educación del Ayuntamiento de Santa Cruz hace una observación. Aunque alguno de los colegios pueda tener piscina, se opta por la fiesta de la espuma y del agua para garantizar la seguridad.

A partir de ahí, una programación semanal para el disfrute de la actividad lúdica. Estos días se organizan en grupos que adoptan nombres de animales de la naturaleza, temática que protagoniza la primera semana junto con el medioambiente. Es el caso de los koalas, que disfrutan en una de las aulas de Infantil puestas a disposición por el equipo directivo del CEIP Tomé Cano, y mientras, en el patio techado, los pequeños practican tiro con arco (con flechas de goma) o hacen sus pinitos con el bádminton.

De la semana del medioambiente se pasará a la naturaleza, la salud, el deporte —por aquello de sacar punta al Mundial donde España se mantiene pujante, pone en valor Óliver— y la yincana final, sin dejar atrás la siempre esperada visita de la Policía Local, que despierta la locura de los pequeños con sus sirenas.

No falta en la comitiva quien busca y compara con su época, donde en el mejor de los casos se iba a Danone... Tiempos, tiempos.

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