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“¡El Rastro no se vende, se ama y se defiende!”: los vendedores salen a las calles de Santa Cruz para pedir el regreso a la Recova

Unas 35 personas participan en una manifestación para reclamar más servicios y el cambio de ubicación

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Santa Cruz de Tenerife

«¡El Rastro no se vende, se ama y se defiende!». Con ese lema, inspirado en las consignas de las protestas contra el modelo turístico en Canarias, la Plataforma Salvemos el Rastro volvió a llevar su reivindicación este domingo a las calles de Santa Cruz. El colectivo reclama el regreso del mercadillo a su antigua ubicación, en la rambla de los puestos azules, junto al Mercado Nuestra Señora de África, convencido de que el traslado ha supuesto un deterioro tanto para la actividad comercial como para la tradición de ir al Rastro.

La manifestación reunió a decenas de personas, principalmente representantes de los puestos ambulantes. La marcha partió de la plaza de España, subió por la calle Castillo, continuó por el puente Serrador y recorrió la rambla de los puestos azules antes de concluir en la actual ubicación del Rastro. «¡El Rastro que vuelva a su antigua ubicación!», «¡Pueblo, escucha, el Rastro está en la lucha!» o «¡No nos mires, únete!» fueron algunos de los cánticos. «¡El Rastro es del pueblo; que no nos quiten lo nuestro!» fue otra de las ideas principales. También hubo mensajes dirigidos al grupo de gobierno municipal, como «¡Da la cara, Tarife!», en referencia al concejal Carlos Tarife (PP).

La convocatoria partía de la Plataforma Salvemos el Rastro, promovida, entre otros, por Marcos Brito. El vendedor explicó que la iniciativa nació hace cuatro meses. «Vemos injusto el traslado. Se apoyaron en unos informes que nunca hemos visto y creemos que se ha responsabilizado a todos los vendedores de problemas puntuales que corresponden a personas concretas», indicó.

Responsabilidad individual

Brito sostuvo que las presuntas irregularidades que el Ayuntamiento ha esgrimido para justificar el cambio de ubicación deberían perseguirse de forma individual y no trasladar la responsabilidad al conjunto de los comerciantes. «Si alguien vende falsificaciones o incumple las normas, habrá que actuar contra esa persona, no castigar a todo el Rastro», defendió. Además, aseguró que el colectivo solicitará formalmente acceso a los informes en los que se fundamentó la decisión municipal.

Los participantes aprovecharon el paso por la rambla de los puestos azules para gritar «¡El Rastro aquí!». Se trataba de una reivindicación del espacio donde durante décadas se celebró. Entre quienes secundaron la protesta estaba la vendedora Elena Díaz, que resumió las principales demandas del colectivo: «La situación la venimos viendo desde hace meses y es insostenible. Pedimos mejoras: sombra, música, baños limpios y dinamización. Y volver a donde estábamos». A su juicio, el problema no se limita al cambio de ubicación, sino también a las condiciones que presenta el recinto actual.

Esa percepción la comparten los primos Rafael, Agustín y Josué, que aseguran haber crecido entre los puestos del Rastro. Denunciaron la falta de accesos adecuados, la escasez de baños y la división del mercadillo entre dos zonas. Asimismo, dijeron que se obliga a los clientes a buscar los puestos sin saber dónde se encuentran cada domingo debido a la rotación existente. «Nos sacaron porque decían que había problemas de seguridad, pero nosotros nunca vimos ninguna incidencia. Además, aquí tampoco se ha contado con los vendedores», lamentaron.

Tradición del Rastro

También mantuvieron que muchos comerciantes evitan expresar públicamente sus críticas por temor a represalias. «No podemos ni quejarnos porque nos dicen que nos pueden echar», afirmaron. En su opinión, el traslado ha perjudicado igualmente al entorno del Mercado Nuestra Señora de África y a los negocios de la rambla de los puestos azules, que antes se beneficiaban del flujo constante de visitantes. «Se ha roto una tradición. Mucha gente incluso piensa que el Rastro desapareció», manifestaron. «Y no hay que olvidar que para muchas familias supone una parte muy importante de sus ingresos», subrayaron.

Más que herramientas

Una objetoteca funciona de forma similar a una biblioteca, pero en lugar de libros presta objetos de uso ocasional. Puede incluir taladros, escaleras, sierras, herramientas de jardinería o elementos de apoyo personal para evitar compras innecesarias. El sistema contribuye a reducir residuos, fomenta la economía circular y facilita el acceso a utensilios costosos para familias que solo los necesitan de manera puntual. Además, puede incorporar talleres de reparación y mantenimiento para alargar la vida útil de los materiales.

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