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La gesta tinerfeña en julio de 1797

Relación circunstanciada de los hechos ocurridos en Santa Cruz de Tenerife en el ataque de la Marina Real Británica, al mando de Horacio Nelson

Nelson cae herido en Santa Cruz

Nelson cae herido en Santa Cruz

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En abril y mayo de 1797, los ingleses abordaron a la fragata española ‘Príncipe Fernando’ y a la corbeta francesa ‘La Mutine’, fondeadas en la rada del puerto de Santa Cruz y, con la oscuridad, las sacaron de la bahía sin apenas resistencia. Esto hizo pensar al contralmirante Nelson que sería fácil adueñarse del puerto, proponiendo al almirante Jervis un ambicioso plan que impediría a España utilizar los puertos canarios en sus escalas con América y África. Por ello, el 15 de julio los ingleses abandonaron el bloqueo al puerto de Cádiz y tomaron rumbo a Tenerife.

El viernes 21, de madrugada, el vigía de la atalaya de Igueste, Domingo Izquierdo, divisó la flota británica formada por 4 navíos de línea (Theseus, Culloden, Zealous y Leander), 3 fragatas (Seahorse, Emerald y Tepsichore), un cúter (Fox) y una bombarda (Terror), con 393 cañones y 2.000 infantes de marina, cuyos comandantes eran los mejores profesionales de las fuerzas navales británicas.

En Santa Cruz, una vez tocado «a rebato», el general Gutiérrez ordenó que mujeres, ancianos y niños se dirigieran a La Laguna en busca de refugio y que desalojaran las oficinas de Tesorería, Tabacos, Correos y almacenes comerciales.

Para su defensa, Santa Cruz contaba con los castillos de Paso Alto, San Cristóbal y San Juan, en los que había 89 cañones; los fuertes de San Andrés y San Miguel y las baterías de Santa Teresa, Santiago, El Pilar, San Antonio, San Pedro, Martillo del muelle, La Concepción, San Telmo y San Francisco.

A Santa Cruz comenzaron a llegar los Regimientos de Milicias de Abona, Güímar, La Laguna, La Orotava y Garachico, unos 1.000 hombres de entre 18 y 40 años que se unieron a los 600 soldados del Batallón de Infantería de Canarias, a 387 artilleros, a 60 soldados de las Banderas de Cuba y La Habana, a 110 marinos de la corbeta francesa ‘La Mutine’ y los mercantes surtos en la bahía, así como voluntarios. Todos, bajo el mando del comandante general de Canarias, Antonio Gutiérrez de Otero.

El sábado 22, al amanecer, los ingleses iniciaron un desembarco en la playa del Bufadero con 23 lanchas, incursión abortada gracias a una campesina de San Andrés que venía a vender sus productos a la recova y que alertó a los soldados del castillo de Paso Alto, teniendo las lanchas enemigas que virar hacia sus buques.

A las 10 de la mañana, tres fragatas se acercaron y, fuera del alcance de las baterías, desembarcaron 1.200 hombres por Valleseco que se apoderaron de la Mesa del Ramonal. Un destacamento mandado por el marqués de la Fuente de las Palmas ocupó la Altura de Paso Alto. Durante el día intercambiaron disparos y los atacantes sufrieron tres bajas al acudir al barranco para proveerse de agua. Al atardecer, 300 hombres del batallón de Infantería y 50 de Rozadores de La Laguna ocuparon una posición dominante a retaguardia de las tropas inglesas, en previsión de que intentaran acercarse. Durante la noche se incorporaron 500 milicianos y vecinos de Taganana y entorno capitaneados por el alcalde, Andrés Perdomo Álvarez. Aprovechando la oscuridad, las fuerzas inglesas iniciaron el descenso hacia la playa.

El domingo 23, a las seis de la mañana, las dos fragatas que permanecieron cerca de la costa se unieron al resto de la escuadra. A las tres de la tarde, la enemiga se hace a la mar y toma rumbo sureste perdiéndose de vista a la altura de Barranco Hondo, aunque el general Gutiérrez estaba convencido de que habría un nuevo intento. Por ello, para la defensa del castillo principal emplazó el cañón El Tigre en una nueva tronera para cubrir la desguarnecida playa de la Alameda, sugerencia del teniente de Artillería de las Milicias Canarias, Francisco Grandy Giraud.

El lunes 24, al amanecer con tiempo Sur, la escuadra británica fondeó frente a Santa Cruz con el Leander, de 50 cañones. Esa tarde, Nelson reunió a sus oficiales en el Theseus -nave capitana- para estudiar la estrategia para tomar Santa Cruz. Aunque los buques ingleses iniciaron su aproximación a la bahía, largando anclas frente a Valleseco, el general Gutiérrez consideró que los ingleses se dirigirían contra el corazón de Santa Cruz. A las siete de la tarde, una fragata y una obusera inglesa se acercaron y comenzaron a bombardear Paso Alto con 43 bombas, aunque no causaron daños apreciables, incluso la que cayó en la capilla s e rompió en seis pedazos, pero no explotó.

El martes 25, a las dos de la madrugada, la fragata española Reina Luisa alertó a la guarnición del comienzo del ataque, al que respondieron todas las fuerzas defensoras. Las lanchas de desembarco británicas se dividieron en grupos. Las que se dirigieron al castillo principal se fraccionó en dos; el primero alcanzó las escaleras del muelle y, después de entablar una encarnizada lucha, tomó la batería del muelle e inutilizó sus 7 cañones; el segundo grupo de lanchas no alcanzó las escaleras y varó en la arena de la playa de la Alameda. En una de estas lanchas venía el contralmirante Nelson que, cuando se disponía a saltar a tierra y desenvainaba su espada para animar a sus hombres, fue alcanzado por la metralla del cañón El Tigre. La lancha donde viajaba Nelson emprendió el regreso a la nave capitana a las tres de la madrugada, donde le amputaron el brazo derecho a la altura del hombro. El cúter Fox, que escoltaba a ese grupo de lanchas, fue alcanzado bajo la línea de flotación y, en medio de un pavoroso incendio, se hundió en la bahía de Santa Cruz con 300 marineros, pólvora y material de asalto.

Las lanchas que desembarcaron al sur del castillo de San Cristóbal, bajo el mando del capitán Troubridge, intentaron alcanzar la plaza de la Pila -La Candelaria-, siendo rechazadas por las descargas desde el castillo, por lo que retrocedieron, dieron un rodeo por la calle del Sol (Dr. Allart) y giraron por las Tiendas (Cruz Verde), permaneciendo ocultos en la parte alta de la plaza de la Pila hasta las cuatro de la mañana en que, al ser atacado por el batallón de Canarias, al mando del teniente coronel Guinther, huyeron por la calle las Tiendas hacía el convento de Santo Domingo (actual Centro de Arte la Recova y Teatro Guimerá).

El otro contingente de atacantes, al mando de Samuel Hood, desembarcó por la playa de la Carnicería, obligó a retirada, subió por el barranco de Santos y se atrincheró en el convento de Santo Domingo. Cuando el día comenzó a despuntar, Troubridge envió señales a sus barcos en petición de ayuda, desde el campanario del convento, al tiempo que conminó al general Gutiérrez a que entregara la plaza bajo la amenaza de incendiar la población. El Gutiérrez hizo oídos sordos.

Finalizada la lucha en el muelle y en la playa de la Alameda, con total derrota de los atacantes, el teniente Grandy puso en servicio la batería del muelle y una hora más tarde, cuando 15 botes repletos de marinos ingleses llegaban para ayudar a sus compañeros atrincherados en el convento, abrió fuego y hundió dos lanchas mientras desde el castillo de San Cristóbal hacían blanco sobre una tercera. Ante el castigo, los atacantes regresaron a sus barcos con un considerable número de bajas entre muertos y heridos.

A las siete de la mañana, las tropas inglesas agazapadas en el convento designan al comandante Samuel Hood para hablar. Conducido con los ojos vendados hasta el castillo de San Cristóbal, exigió al general Gutiérrez que entregara los caudales, aunque ante la respuesta del general, «aún le quedan a la plaza hombres y pólvora para su defensa», desistió y accedió a capitular. Una lancha, ocupada por Samuel Hood y el capitán de Mar, Carlos Adán, se dirigió al buque donde Nelson prestó su conformidad y rubricó la capitulación con su mano izquierda.

El miércoles 26, a las nueve de la mañana, tras desfilar ante las unidades españolas en la plaza de la Pila, los británicos fueron concentrados en el muelle con los prisioneros y recibieron pan, frutas y vino. El traslado hasta sus buques se llevó a cabo en sus propios botes y en las barcas de los pescadores. Al día siguiente embarcaron los heridos que fueron atendidos en los dos hospitales de Santa Cruz.

Nelson, impresionado por este gesto y trato, dirigió una carta al general Gutiérrez en la que expresó su agradecimiento por tales deferencias, a la vez que se convirtió en el mensajero de su derrota, obsequiándole con unos anteojos de visión nocturna, un queso y una barrica de cerveza inglesa, a lo que Gutiérrez correspondió con otra misiva y le regaló dos limetones (garrafones) de vino tinerfeño.

La victoria sobre los ingleses supuso para Santa Cruz que, seis años más tarde, el 28 de agosto de 1803, el Rey Carlos IV le otorgara el privilegio de Villazgo, lo que equivalía a dejar de depender de La Laguna pasando a denominarse Muy Leal, Noble e Invicta Villa de Santa Cruz de Santiago de Tenerife.

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