Vivienda
Un informe de 2002 ya advertía de daños estructurales en viviendas de Somosierra
«Constituye cierto peligro para las personas en caso de hundimiento», advirtió el arquitecto Carlos Guigou sobre daños que se remontan a los años ochenta.

José Antonio Izquierdo muestra el exterior de su casa afectada con daños reconocidos y reparados en el primer semestre de 2002. / Andrés Gutiérrez

Lo que comenzó como una denuncia del colectivo Somosierra Activa, reprobando el cierre de la oficina de Correos, se tornó en la denuncia vecinal de residentes del bloque 28. Primero, en una asamblea celebrada en el antiguo cine de Somosierra y, luego, en el pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, cuando, con el amparo de la nueva plataforma vecinal del barrio y la sombra de los daños estructurales en la antigua casa de los maestros, advirtieron de que la preocupación por el cierre de Correos no estaba ni entre las tres primeras de sus demandas, máxime cuando cinco de las diez familias de su bloque vivían entre puntales desde hacía tres años.
Las denuncias del bloque 28 pusieron en alerta a los vecinos del número 27 y también se reconocían grietas y desconchones en el 31. Ahora se suma el bloque 24, que tiene cuatro portales y en dos de ellos —5 y 7— sí se perciben daños, mientras en el resto están ojo avizor, más allá de denunciar que la acera donde se coge la guagua se ha tornado intransitable porque se ha levantado. Lo han denunciado al Ayuntamiento, dicen, pero nadie les ha hecho caso.
La principal novedad del bloque 24 de Somosierra, que se levanta en la misma pastilla donde están otros tres afectados, es que existe prueba documental de que ya en el año 2002 se registraron daños estructurales que requirieron la intervención del Cabildo de Tenerife, aunque los vecinos también tienen la certeza.
En los primeros meses de 2002 coincidieron la riada, que asoló Santa Cruz de Tenerife el 31 de marzo de ese año, y las obras que se llevaron a cabo en el túnel de la vecina autopista del Norte. Sobre la marcha, José Antonio Izquierdo, vecino del portal 7 del bloque 24 de Somosierra, tuvo clara la solución: irse a los medios de comunicación y denunciar que los cimientos se habían quedado en el aire, las losetas del suelo de su casa, que es un bajo, se habían levantado y debajo solo aparecían callaos de playa. «Se me hundió todo el suelo», recuerda.
La presidenta de la comunidad de vecinos de los cuatro portales del bloque 24, Luisa Hernández, que vive en el portal 7, rescata un informe de la época elaborado, de forma manuscrita y sin incluir el número de colegiado, por el arquitecto Carlos Guigou Fernández.
Un informe que alertaba del riesgo
En la parte alta hace constar el propio técnico que se trata de un «informe de urgencia solicitado por la Gerencia de Urbanismo» y que emite el 12 de abril de 2002, motivando la inspección para «dictaminar sobre los desperfectos existentes en las viviendas de la planta baja».
Advierte una antigua lesión de escasa importancia en la esquina sur, debida a un pequeño asiento, pero propone abrir un pozo y entrar 30 centímetros bajo el ancho del cimiento hasta encontrar un firme adecuado a partir de la cara inferior de la zapata y rellenar de hormigón en masa de construcción plástica hasta 20 centímetros por encima de esa cara inferior, a fin de mantener esta esquina debidamente recalzada.
Más categórico se muestra al asegurar, en el segundo punto, que «sí se observan importantes daños en solera de planta baja y tabiques (que no afectan a la mencionada estructura portante del edificio)». «El relleno bajo la solera ha descendido y se han ocasionado, como consecuencia de ello, desórdenes en pavimento y tabiquería».
«Tales desórdenes son debidos a la presencia de agua en el subsuelo, bien sea por pérdidas de las canalizaciones de saneamiento, como por escorrentías del agua de lluvia», añade. Conforme avanza el informe, crecen las reservas por parte del arquitecto Carlos Guigou.
«En zonas se aprecia que la solera no ha acompañado al relleno en el descenso de este, quedando aire por medio, a modo de cámara, lo que constituye cierto peligro para las personas si la cámara formada alcanza altura suficiente como para ocasionar daños físicos en caso de hundimiento. Se recomienda efectuar una cata que permita conocer el descenso de tal relleno». Y no se queda ahí, sino que hace constar que esa situación «se viene produciendo desde hace más de 20 años».
Daños anteriores a 2002
Un repaso cronológico permite establecer que en los años cincuenta se construyeron los bloques de Somosierra, que fueron entregados en régimen de alquiler a las 1.500 familias beneficiarias, y fue a partir de 1986 cuando la Sociedad Patronato La Candelaria los vendió. Según el cálculo que hizo el arquitecto, los problemas ya existían desde antes del cambio de titularidad.
Las referidas soleras, advertía el estudio de urgencia encargado por Urbanismo de Santa Cruz, «precisan ser íntegramente repuestas, compactando debidamente el relleno y comprobando previamente la estanqueidad de la red enterrada».
Dado que por aquel abril de 2002 se desarrollaban las obras en la vecina autopista, el arquitecto Carlos Guigou aseguró que «las vibraciones producidas por la maquinaria de excavación en la autopista no parecen haber generado daños en la estructura, pero sí pueden agravar el descenso de estas soleras». Y concluye: «Las aguas de las recientes lluvias —la riada del 31 de marzo de 2002— no han generado estos daños en soleras, aunque igualmente pueden haber coadyuvado a agravar los descensos citados».
José Antonio Izquierdo, que lleva más de 50 años viviendo en Somosierra, asegura que su casa, junto a otras, se arregló y no ha vuelto a tener problemas. «En la grieta podía meter la mano».
Sin embargo, Mary Carmen Hernández, que vive en un tercero del bloque 7, todavía no se ha repuesto del susto cuando, meses atrás, se le cayó agua que se deslizó y quedó concentrada en el centro del salón, o cuando su nieta se puso a bailar y estremeció el piso.
Nayra Ventoso, madre de tres hijos, que vive en el primer piso del bloque 7 desde hace diez años, denuncia las humedades y el problema del bajante en el baño, al que atribuye las enfermedades que padecen sus pequeñas, sin que nadie haga nada por restituir la salubridad de su hogar. A ello se suma la situación de incertidumbre en la que viven los residentes desde que conocieron el estado del bloque 28 y ahora recuerdan lo que ocurrió hace 24 años.
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