La historia de la playa de Las Teresitas
Inaugurada el 15 de junio de 1973, la construcción de 1,3 kilómetros de la zona de baño requirió cinco millones de sacos de arena del Sáhara

Playa de Las Teresitas / MARIA PISACA

La zona costera del pueblo de San Andrés, situado a siete kilómetros de Santa Cruz de Tenerife, hace 50 años estaba constituida por tres playas, denominadas Traslarena, El Moro y Las Teresas, varias fincas en las que se cultivaban plátanos, tomates, aguacates y mangos, una batería militar, construida en 1940 –desartillada a finales del siglo XX– y un cementerio.
La playa Traslarena, situada delante de la población en la que los vecinos solían bañarse y reunirse al atardecer, llegaba hasta el cementerio que había sido construido para acoger a los 40 fallecidos en la epidemia de cólera que afectó a Santa Cruz de Tenerife en 1893.
La playa El Moro se encontraba después de pasar el castillo que había sido construido en 1706 y derribado por la avenida del barranco ocurrida en 1894. Para llegar hasta ella había que caminar por una pista de tierra, paralela al cementerio, y luego sortear el trecho de callados existentes hasta pisar la arena. El sacrificio valía la pena.
A continuación se encontraba la playa Las Teresas, nombre recibido por el barranco que allí desembocaba, a la que se accedía por una vereda de tierra que comenzaba en el camino de Igueste. En el invierno, la playa presentaba una magnifica alfombra de fina arena negra, pero en el verano abundaban los callados depositados por la pleamar.
En la citada playa existía una vivienda de dos plantas, mandada a construir por Felipe Alberto, duque de Würtemberg, para pasar largas temporadas con su esposa María Teresa, archiduquesa de Austria. En ella pasarían la luna de miel, en septiembre de 1960, la princesa Diana de Orleáns, de 20 años de edad –hija de los condes de París–, y el duque Carlos, de 24 años de edad, hijo del duque de Würtemberg. De este vestigio solo queda un trozo del parapeto que defendía la vivienda del oleaje, algunos restos de los muros que la sustentaban y la protegían de las correntías de la montaña de San Roque y dos laureles de Indias que aún dan sombra al aparcamiento que se encuentra situado frente a los accesos a la playa, los números siete y ocho.
Las Teresitas
En la citada costa de San Andrés, el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife se planteó construir un gran centro turístico, el cual sería aprobado por el Ministerio de la Vivienda en 1961, según el proyecto de los ingenieros Pompeyo Alonso y Miguel Pintor. Las obras comenzarían en el año 1967, después de haberse constituido la Junta de Compensación, formada por los propietarios de las fincas afectadas.
Para formar la nueva playa de Las Teresitas, de 1.300 metros de largo y 80 metros de ancho, se trajeron del desierto del Sahara cinco millones de sacos de arena (141.643 metros cúbicos), para lo que el Ayuntamiento solicitaría un crédito de 50 millones de pesetas (300.000 euros). Para evitar que la citada arena fuera arrastrada a las profundidades marinas se construiría un escalón de corte, hasta los 12 metros de profundidad. Al principio, los usuarios de la playa desconfiaban al pisar la arena, pues «lenguas viperinas» hicieron correr el rumor de que en ella habían venido huevos de alacrán, cuando este animal es vivíparo.
Para protegerla del fuerte oleaje, se construiría un rompeolas de un kilómetro de largo, formado por rocas de grandes dimensiones. Dicho rompeolas está limitado por dos espigones laterales que parten de la Punta de Los Órganos y de la antigua Cofradía de Pescadores de San Andrés, ambos con bocanas en sus extremos.
A la playa de Las Teresitas, inaugurada el 15 de junio de 1973, se le dotó de aparcamiento, aseos, duchas, kioscos, restaurantes, hamacas, zonas deportivas e infantiles. En la actualidad luce una magnifica vegetación, pues en su arena han logrado adaptarse tarajales, palmeras datileras, palmeras de California, cocoteros y otras especies exóticas, a la vez que en el aparcamiento existe gran cantidad de flamboyanes y palmeras canarias que le dan sombra a los 300 automóviles que aparcan en él. Sus instalaciones se han modernizado con nuevo equipamiento (kioscos, camas balinesas, hamacas, etc.) y servicios de restauración.
A esta playa acuden diariamente gran cantidad de ciudadanos con el fin de practicar natación, atletismo, etc. Entre ellos, muchas personas jubiladas que caminan en grupo o en solitario.
A lo largo de su historia, el desarrollo de la playa de la capital tinerfeña se ha visto frenado por innumerables frentes judiciales y administrativos, como el denominado caso Teresitas, que impidió los planes de urbanización del frente de playa. n
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