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Barrio a barrio | García Escámez

Crece el número de bloques de casas dañadas en Somosierra, en Santa Cruz de Tenerife

Detectan hundimiento del suelo o desplazamiento de paredes en los números 27 y 31 de la urbanización García Escámez

Una vida entre puntales en Somosierra

María Pisaca

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Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Como si de un ‘efecto dominó’ se tratara, la aparición de grietas, hundimientos de suelos y ventanas bloqueadas se multiplica en viviendas y bloques de la barriada de Somosierra y García Escámez, en el distrito Ofra-Costa Sur, a falta de que informes técnicos acrediten daños estructurales como los que afectan a la denominada Casa de los Maestros –uno de los portales de la urbanización– o al bloque 28, que ha soportado estoicamente en la oscuridad durante tres años la vida de cinco familias entre los puntales instalados en sus casas.

Tras la denuncia de los vecinos, que clamaron en el pleno del Ayuntamiento de Santa Cruz en demanda de «justicia social», residentes de otros bloques han constatado que las grietas que tienen en las paredes de sus viviendas, ya sea en el interior o en el exterior, no son provocadas por la dilatación de la pintura, sino que «algo pasa».

Es el caso de las que conforman el portal 9 del bloque 27, una construcción que tiene tres accesos, los números cinco, siete y nueve. En la tarde del pasado jueves, la presidenta de la comunidad de vecinos, Mónica Gómez, abrió las puertas de su casa para mostrar una realidad que afecta también al resto de los diez pisos –se distribuyen dos en cada una de las cinco plantas–. Entre los síntomas anómalos que presenta la construcción, la vecina muestra las grietas que recorren su vivienda. Además de las paredes, destaca una en el suelo de la casa que discurre desde la solana, pasa por el salón y llega a la habitación del fondo, en paralelo, a menos de medio metro de la fachada, que linda con unos jardines próximos a la autopista del norte de Tenerife.

La vivienda la heredó Mónica Gómez Pérez, que la sometió en los últimos meses a una profunda reforma que, de no ser porque el visitante sabe dónde dejó el coche, si llegara con los ojos tapados bien podría asegurar que se trata de una residencia en una zona noble de la capital. La vecina se disculpa porque aún alterna mínimos restos de la obra con una andadora. Pero manda el temor a que algo esté pasando, máxime después de la experiencia del vecino bloque 28, que se localiza muy cerca de su portal; no solo en la misma parcela, sino en las mismas condiciones: junto a un jardín –que el último informe geotécnico del 28 aconsejó dejar de regar– y próximo a la autopista, donde se registraron vibraciones durante las obras ejecutadas hace dos décadas.

«Incluso cuando estaban interviniendo en el barrio de Buenos Aires aquí se notaban las vibraciones», apostilla Manuel Jorge Pérez, presidente de la nueva plataforma vecinal constituida en Somosierra y García Escámez.

La titular de la comunidad de vecinos del portal 9 del bloque 27 de Somosierra realiza una inspección junto a Manuel Jorge en la fachada del edificio orientada hacia la autopista. «Mira cómo está esto: lo limpiaron ahora porque vino el papa», afirma mientras se abre paso entre vegetación seca y excrementos de perros. Al llegar a la fachada de su inmueble, el muro de refuerzo que se construyó hace más de una década y media debajo de su ventana muestra una esquina en el aire y también partida, sin obviar las grietas que inicialmente Mónica atribuyó a la dilatación de la pintura cuando se procedió a la mejora. «Aquí el Ayuntamiento hizo un lavado de cara a todos los bloques en 1996, pero después se hizo este muro de refuerzo y se mejoró la fachada», apostilla.

Mónica no se quedó tranquila con la grieta y avisó a la vecina del tercero, donde es más evidente. Ante la curiosidad, raspó, levantó la capa de pintura y verificó que la grieta es más profunda de lo que pensaban. Y no es la única que existe. Tampoco cruza las casas solo por dentro, sino que también recorre las paredes exteriores.

Eso sin obviar el suelo que se partió porque «fue como si se cayera hacia la calle». «La anterior propietaria fue la que realizó todas las reparaciones», pone en valor Mónica, para precisar que las grietas han aparecido de nuevo y han partido las losetas. Manuel, de la nueva plataforma vecinal, insiste: «Date cuenta de que las grietas recorren la pared por dentro y por fuera».

A la visita se suma Javier Quintero, residente desde hace 21 años en el mismo bloque, quien sostiene que ya encontró grietas cuando adquirió su vivienda y que algunas han seguido avanzando con el paso del tiempo. Explica que el pavimento de su baño terminó fracturándose por completo y que otros vecinos presentan problemas similares. Ambos coinciden en que las anomalías afectan a distintas plantas y no únicamente a los bajos, lo que incrementa la preocupación vecinal ante la posibilidad de que los daños tengan un origen estructural que requiera una evaluación técnica más profunda. Junto a las grietas aparece otro síntoma: el bloqueo de las ventanas correderas. Las pueden mover, pero es imposible desmontarlas; se han quedado encajadas en las guías, acreditan mientras intentan hacer la maniobra sin éxito para zafarlas.

Vida entre grietas

Los vecinos se han acostumbrado a vivir con grietas y hasta con el hundimiento del piso, si bien la situación del bloque 28 ha hecho saltar las alarmas y prestar más atención a una realidad que, admiten, parece empeorar.

Javier, vecino del portal nueve del bloque 27 de Somosierra, abre otro frente cuando asegura que la casa de un familiar, en el bloque 31, está aún peor y echa mano de las fotografías que guarda en su móvil para mostrar grietas que parecen evidenciar la separación del suelo respecto a la pared y la cerámica del piso totalmente fragmentada. «Yo ahí sí que no viviría», admite.

Mónica vive aún presa de la sorpresa. Ella, que había afrontado una reforma de la casa que heredó y que está comenzando a habitar, se ve sobresaltada por estos problemas que comunicará el lunes al resto de la comunidad, legalmente constituida desde hace años, para tomar cartas en el asunto.

Mónica Gómez Pérez y Javier Quintero reiteran que los problemas no son recientes. Gómez recuerda que las primeras grietas aparecieron en su vivienda hace más de 15 años, cuando fue necesario ejecutar un refuerzo exterior debido a un hundimiento detectado en la parte baja del edificio. Según relata, las fisuras nunca desaparecieron completamente y hoy vuelven a manifestarse tanto en el interior como en el exterior del inmueble, recorriendo el suelo y las paredes de las viviendas que dan hacia la autopista.

Esta barriada, que fue construida bajo el mandato económico del general García Escámez en la segunda mitad de la década de los sesenta –aunque otros vecinos aseguran que las primeras viviendas se entregaron en los años cuarenta–, se ofertó a sus moradores en los años ochenta, cuando adquirieron la condición de propietarios, como acredita la escritura de compraventa del piso de Mónica, que data del 16 de marzo de 1987. En ese momento, la Sociedad Patronato de La Candelaria dejó de ser titular en favor de los compradores.

La situación del bloque 28 ha puesto en alerta a los vecinos de otros portales de Somosierra. En particular, en el vecino bloque 27 activarán el lunes todos los protocolos con una reunión de la comunidad para aprender de la experiencia del contiguo y alertar al Ayuntamiento de un problema que parece no limitarse a un solo portal de Somosierra, sino a una problemática más extendida.

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