El cronista de la capital
Añoranzas del balneario de Santa Cruz de Tenerife
Un recinto cargado de gran valor sentimental para muchas generaciones de chicharreros, pues guarda las vivencias de su infancia y su juventud

Imagen del balneario en pleno apogeo. / ED

En 1928, el entonces alcalde de Santa Cruz de Tenerife, Santiago García Sanabria, expresaba: «Es realmente vergonzoso que una ciudad marítima como la nuestra no cuente con una infraestructura de ocio marítimo donde puedan tomarse los baños de mar; por ello, para remediar esta falta, un grupo de amigos hemos constituido una sociedad de explotación que construirá un balneario y habilitará una playa para baños».
Las obras del balneario comenzarían ese mismo año, frente al barrio de Valleseco, y finalizarían dos años más tarde. Proyectado por el arquitecto Domingo Pisaca Burgada, conformaría un edificio, un pequeño muelle, tres piscinas, canchas de frontón-tenis y una playa de arena negra.
El balneario está considerado la cuna de la natación tinerfeña, pues allí comenzaron a celebrarse los campeonatos de natación de Canarias el 25 de julio de 1934, coincidiendo con la inauguración de su piscina olímpica y la constitución del Club Natación Balneario, quienes serían los encargados de organizar el primer campeonato provincial de natación de Tenerife, el 25 de noviembre del citado año.
Por tanto, el balneario es la primera piscina que se abrió en la isla de Tenerife y, también, la única piscina olímpica que hubo en Santa Cruz hasta 1965, en la que se formaron nadadores de gran repercusión nacional e internacional. El balneario cerraría sus puertas en 1992.
La Residencia de Educación y Descanso
La Residencia de Educación y Descanso José Miguel Delgado Rizo, se denominó así en memoria de una de las primeras figuras del Club Natación Balneario, quien vería truncada su carrera deportiva a los 20 años de edad, cuando encontró la muerte en Wolchow (Rusia), durante la Segunda Guerra Mundial, a la que había ido voluntario con la División Azul.
El edificio de cuatro plantas, construido en 1954 como Hotel Casino, se dedicaría a residencia para el veraneo de los trabajadores y sus familias, formando parte de la campaña del fomento del «turismo social», en el que la clase obrera sería la principal beneficiaria.
Tenía capacidad para 100 plazas individuales y 90 familiares. En los tres meses de verano, la media de ocupación rondaba las 700 personas, albergando a más de 40.000 usuarios durante sus 26 años de actividad. El periodo veraniego estaba reservado para los trabajadores sindicados que residían en el Archipiélago, aunque también solían venir de la Península e, incluso, llegaron a hospedarse 24 ingleses. Funcionaría hasta 1980.
En aquellas instalaciones modélicas, familias enteras de Tenerife disfrutaban, durante diez o quince días, de los baños de mar o en las piscinas, hacían deporte en las pistas de tenis o frontón, participaban de su vida social en los juegos, concursos y bailes que allí se celebraban, etc. Los precios eran muy asequibles, si los comparamos con los jornales de entonces, pues cada componente familiar pagaba 10 pesetas por el alojamiento con pensión completa. El horario de las comidas y el cierre del establecimiento -una de la madrugada- había que respetarlo a rajatablas.
Durante las vacaciones, los huéspedes solían realizar excursiones al Teide y a otros puntos de la isla. Al finalizar su estancia tenía lugar una entrañable fiesta de despedida, protagonizada por los propios residentes, en la que se entregaban los diplomas que habían obtenido en las distintas actividades lúdicas y deportivas.
El personal de la residencia lo componía un director, un auxiliar administrativo, un auxiliar encargado de la intendencia, un portero, un cocinero con tres ayudantes y un pinche, un camarero y siete mujeres de la limpieza.
En un edificio situado a la izquierda de la entrada, se encontraba el bar restaurante, en el que se celebraban onomásticas, bodas, bautizos y comuniones y tenían lugar los famosos bailes.
Futuro de las instalaciones
En 2013, tras décadas de abandono, el Estado cedería las instalaciones al Gobierno de Canarias, después de que un grupo de ciudadanos creara la plataforma Salvar el Balneario, con el fin de activar la participación vecinal sobre los usos y futuro de la instalación. A dicha plataforma se sumaría el Ayuntamiento capitalino, proponiéndole al Gobierno de Canarias que el edificio tuviera carácter social, como centro de salud con servicio de atención a personas mayores.
En 2014, la Gestora por la Defensa del Patrimonio de Santa Cruz de Tenerife también mostraría su total rechazo a la posibilidad de que se declarara en ruina y fuera derruido, pues este inmueble se encuentra protegido en el catálogo patrimonial municipal. De la misma manera, el Colegio de Arquitectos de Canarias, el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna, la Asociación vecinal del barrio María Jiménez y la Federación Tinerfeña de Natación solicitaron oficialmente al Cabildo de Tenerife, el 30 de noviembre de 2005, que declarara al balneario y al edificio contiguo de la Residencia José Miguel Delgado Rizo Bien de Interés Cultural (BIC), resolución que no fue aceptada.
En 2023, José Manuel Bermúdez Esparza, alcalde de Santa Cruz de Tenerife y diputado en el Parlamento de Canarias, presentó una Proposición No de Ley al Ejecutivo Canario para que el balneario fuera rehabilitado como Centro de Salud del Distrito de Anaga, siendo aprobada por unanimidad.
Pero, la Autoridad Portuaria informaría negativamente, ya que la actividad sanitaria prevista para este inmueble era incompatible con la actividad portuaria que se realiza en esta zona, al tener muy cerca dos terminales de almacenamiento de combustible. Por este motivo, el Servicio Canario de Salud renunciaría al inmueble y éste regresaría al área de Patrimonio del Gobierno de Canarias, que ha activado un proceso de consulta a las diferentes consejerías para recabar su interés por el Balneario.
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