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Gente con historias

Santa Cruz honra a José Antonio Castro 'El Mae' y la Escuela Montessori con la Medalla al Mérito Cultural

El legado de la escuela que se localiza en la calle Emilio Calzadilla, en el barrio de El Toscal, perdura a través de la Fundación Canaria El Maestro, manteniendo su espíritu pedagógico

José Antonio Castro Álvarez, ‘El Mae’, en uno de sus habituales paseos por la plaza del Príncipe.

José Antonio Castro Álvarez, ‘El Mae’, en uno de sus habituales paseos por la plaza del Príncipe. / El Día

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Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Santa Cruz puede presumir de vecinos que han contribido a su engrandecimiento. José Antonio Castro Álvarez, “El Mae”, pertenece a esa categoría. El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife acaba de concederle, a título póstumo, la Medalla al Mérito Cultural de la Ciudad, una distinción compartida con la Escuela Montessori, el proyecto pedagógico que fundó en 1964 junto a Nieves Fernández Díaz, ‘la Seño Nieves’, y que transformó la manera de entender la enseñanza en la capital tinerfeña.

Durante el acto institucional, el alcalde José Manuel Bermúdez saldó lo que denominó como «una deuda emocional» de Santa Cruz con ‘el Mae’ y con la escuela. Porque la Escuela Montessori no solo ha sido centro educativo: es una forma de entender la infancia, la cultura y la convivencia. Un lugar donde se enseña a pensar, a convivir y a mirar el mundo con espíritu crítico y que se puso en marcha cuando no era una misión precisamente sencilla.

«Para mí era como Sócrates», resume Rosa Elena Pérez, presidenta de la Fundación Canaria El Maestro, entidad que protege el legado del centro. Entró en la escuela en 1999 como profesora de francés y lengua y terminó encontrando allí «su verdadera universidad». «Toda mi pedagogía y mi manera de entender la enseñanza se la debo a ellos», explica.

La primera vez que vio a ‘el Mae’ todavía la recuerda con nitidez: una guayabera blanca, media melena servilletas llenas de anotaciones. «Pensé: ¿qué escuela es esta?», cuenta desde la admiración. Mientras otro docente la entrevistaba, él escuchaba en silencio, escribía y observaba. Al terminar, fue quien decidió su contratación. «Era un bohemio, raro, pero brillantísimo. Un intelectual», recuerda.

Nacido en el Puerto de la Cruz, aunque profundamente ligado a Santa Cruz y al barrio de El Toscal, José Antonio Castro creció en una familia republicana. Su padre había sido alcalde republicano de la ciudad y su domicilio familiar –donde nació– terminaría convirtiéndose en la propia Escuela Montessori. Allí, junto a la Seño Nieves, impulsó la primera escuela laica de Santa Cruz en plena dictadura franquista.

Aquella aventura tenía una profunda dimensión ética y política. «Ellos creían que había que cambiar el mundo y que la educación era la herramienta», recuerda Rosa Elena. Ambos viajaron por Europa buscando modelos pedagógicos alternativos y encontraron en María Montessori una inspiración decisiva. Pero ‘el Mae’ insistía en que el Montessori santacrucero tenía personalidad propia: ‘Era un Montessori sui generis’, no una franquicia».

Santa Cruz premia a ‘El Mae’ y a la Escuela Montessori por seis décadas de innovación

La Seño Nieves fue inseparable de esa construcción; no solo como su pareja, sino como tándem educativo. Pedagoga y referente afectivo de generaciones de alumnos y docentes, sostuvo el espíritu cotidiano de la escuela durante décadas. «Ella es la escuela», resume Rosa Elena. «Los dos fueron imprescindibles para crearla, mantenerla y pasarnos el testigo».

A su alrededor se formó un claustro histórico de maestras profundamente comprometidas con aquella filosofía educativa: las fundadoras las ‘seños’ Nieves, Reme –una referencia fundamental desde su fundación que se mantiene fiel al legado–, Loli, Isa y Cati; después docentes como Yolanda, Cali, Irene o Rosi, entre muchas otras que han dejado su huella y que siguen al pie del cañón, fiel al modelo educativo de ‘El Mae’ y ‘seño Nieves’.

La Seño Cali impulsó en los primeros años la Semana de África, un proyecto pionero para acercar al alumnado a la realidad africana, una línea que hoy continúa vinculada a Casa África y al programa Enseñar África. La Seño Cati convirtió la biblioteca de aula en un motor de animación lectora para generaciones enteras. Y la Seño Irene llevó al centro el espíritu de la transición democrática: excursiones, acampadas, educación sexual normalizada y una escuela entendida como espacio de libertad y disfrute. «En los recreos tocaba la guitarra y hacía de la escuela un jardín de aprendizaje», recuerda Rosa Elena.

El Mae concebía la educación como una herramienta para formar ciudadanos críticos y conscientes. Nunca imponía respuestas. Preguntaba. «“Todo era socrático», insiste Rosa Elena. «Tú le preguntabas algo y él te respondía con otra pregunta». Su obsesión era enseñar a pensar y desarrollar el sentido crítico. «Hay que darle vueltas al bidón», repetía a menudo. Décadas antes de que conceptos como inclusión, aprendizaje por proyectos o educación emocional se incorporaran al discurso oficial, el Montessori ya trabajaba bajo esos principios. «La escuela tenía que ser un espacio seguro», explica Rosa Elena. «Nada de castigos, etiquetas o humillaciones». El niño debe sentirse respetado y feliz dentro de la escuela.

Ese espíritu impregna todos los proyectos del centro. Las acampadas al Teide, los talleres culturales, los intercambios Erasmus, las investigaciones históricas o las representaciones teatrales tenían siempre una dimensión pedagógica y social. El Mae impulsó trabajos emblemáticos como la investigación sobre el Titlis o iniciativas vinculadas al patrimonio de El Toscal y a la memoria democrática.

La escuela mantiene además una estrecha relación con la cultura y el pensamiento crítico. Rosa Elena recuerda que, cuando fue contratada, todavía había en la sala de profesores un calendario de Comisiones Obreras que la Seño Nieves utilizó para explicarle la esencia del proyecto: 2Tenemos que estar pendientes de los niños que no tienen a nadie. Si la escuela no hace algo por ellos, ¿para qué está la escuela?».

Otro docente especialmente recordado es Mamel, artista, pintor e intelectual que dejó su huella con proyectos como los «Zibaldones», el «Día al revés», las exposiciones colectivas de lienzos o sus talleres de fotografía. Como tantos otros profesores del centro, entendía la enseñanza como una forma de creación y compromiso.

Desde 1964, ‘la Seño Nieves’ y ‘el Mae’ impulsaron un proyecto con pensamiento crítico

La escuela funcionado como una gran familia. Los primeros alumnos eran hijos de amigos y las dificultades económicas se afrontaban colectivamente. Cuando una crisis amenazó la continuidad del centro, las familias se organizaron para recaudar dinero y salvar la escuela. ‘El Mae’ quiso que el maletín con las pesetas lo llevara un niño. Todo, incluso en los momentos difíciles, tenía un sentido pedagógico.

José Antonio Castro Álvarez falleció el 29 de enero de 2014, un día antes del Día Escolar de la No Violencia y la Paz, una de las fechas más importantes para la escuela. La Seño Nieves murió cuatro años después, en septiembre de 2018. Sin embargo, la filosofía que ambos construyeron sigue viva en la Fundación Canaria El Maestro.

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