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532 aniversario de la fundación de Santa Cruz de Tenerife

Santa Cruz de Tenerife a través de sus vecinos: "El orgullo de pertenecer a esta capital se adquiere viviendo en sus calles, aunque no nazcas en ellas"

Del salitre de San Andrés al corazón de El Toscal, cinco vecinos relatan su vínculo con una ciudad que definen como una "gran familia" unida por el mar, el Carnaval y las tradiciones

Así se sienten los chicharreros tras toda una vida en Santa Cruz

Así se sienten los chicharreros tras toda una vida en Santa Cruz / E. D.

Santa Cruz de Tenerife

La esencia de Santa Cruz de Tenerife no se mide solo en sus mapas, sino en las vivencias de quienes habitan sus barrios, desde el salitre de San Andrés hasta el corazón de El Toscal o las cumbres de Anaga. Ser de esta capital es compartir una identidad que se construye tanto en el muelle pesquero como en la lucha vecinal, un sentimiento de arraigo que une a quienes nacieron aquí con aquellos que encontraron en estas calles su verdadero hogar.

A través de estos testimonios, descubrimos un municipio profundamente humano, donde la hospitalidad y el orgullo por las tradiciones actúan como el verdadero motor de la ciudad. Ya sea a través del legado de la pesca, el arte o el comercio de proximidad, estos relatos confirman que la capital es una gran familia que presume de tener el mejor Carnaval del mundo y una idiosincrasia abierta que define el carácter de su gente.

Isidro Fernández, pescador jubilado de San Andrés

Isidro Fernández, pescador jubilado de San Andrés / E. D.

"Gracias al mar estoy aquí y y tengo lo que tengo"

Isidro Fernández Núñez nació en San Andrés el 8 de enero de 1950, «dos días después del día de Reyes», recuerda mientras desde un bar de la calle de La Arena sus pupilas parecen la reserva del mar de este pescador nacido, criado y ensolerado en el pueblo marinero de Anaga. Hijo y sobrino de pescadores recuerda que «mi padre me llevaba de la mano y yo iba con él», cuenta. Nunca le tuvo miedo al océano, aunque sí respeto: «Respeto sí. Miedo nunca».

Criado en la zona de La Muralla, pasó la infancia entre las escuelas del pueblo y el muelle. Estudió hasta los 14 años. «Aquí estudié el último, de 12 a 14 años. Esto era una escuela», cuenta en la terraza del bar que hoy se localiza en el mismo sitio donde estudió. Después venía la otra enseñanza: la de la pesca. Antes de terminar las clases ya limpiaba barquitos en la playa donde se embarcaba.

De los cuatro hermanos, hoy es el único superviviente. Su vida quedó marcada pronto por el trabajo y por la muerte de su padre, uno de los últimos vecinos enterrados en el antiguo cementerio de San Andrés, en 1963. «Tenía 13 años yo».

Habla de aquel San Andrés como de un mundo desaparecido. «Esto era un pueblo. Tenía su ayuntamiento, su alcalde y su juez». Recuerda las familias de pescadores, los apodos heredados y las tardes de fútbol y reuniones junto al muelle. Su padre era conocido como Luis Chotorre. «Preguntabas por Luis y te decían: ¿qué Luis? Había que decir el apodo».

Durante décadas trabajó en la mar. Cotizó 45 años y todavía conserva sus pequeños barcos para salir «de vez en cuando». La pesca abundaba: sardina, caballa, chicharro, boga, arenque, salmonete o besugo. «Esto era una mina», resume. Desde Santa Cruz llegaban vecinos buscando «pescado de playa», el pescado pequeño recién traído del mar. Una vez estuvo a punto de perderlo todo. «Se me viró el barquillo y nadé detrás del barco y lo pude coger», cuenta sin dramatismo; el mar es su vida.

Isidro lamenta la pérdida del ambiente de antes. «Ahora el ritmo te lo marca el coche». Echa de menos amistades, el traslado del campo de fútbol y la vida de pueblo. «Todo se perdió». Muestra sus reservas ante las transformaciones urbanísticas y la nueva playa. «La arena negra llegaba hasta donde quería». Aunque tiene su domicilio en en Ofra, allí solo va a pernoctar; de resto, cada mañana está en San Andrés. «Aquí ha sido mi vida». Cada día vuelve al pueblo donde nació y donde aprendió todo lo importante. Nunca condujo un coche, pero sabe orientarse en la mar y defender un oficio que, dice, se ha ido apagando entre burocracia y falta de relevo.

Hizo el servicio militar en el Sáhara durante trece meses. Fue la única vez que pasó tanto tiempo lejos del pueblo. Pero siempre regresó al mismo lugar: el muelle, el mar y San Andrés. «Gracias al mar estoy aquí y y tengo lo que tengo».

Marcela Rodríguez, activista por los derechos LGTBIQ+

Marcela Rodríguez, activista por los derechos LGTBIQ+ / E. D.

"Me encanta Santa Cruz por donde quiera que lo mire; es mi propia casa"

Marcela Rodríguez es una de las voces más reconocidas del activismo LGTBIQ+ en Tenerife y una defensora apasionada de la identidad chicharrera. Nacida en La Palma, llegó a Santa Cruz siendo apenas una niña y desde entonces construyó en la capital tinerfeña su vida, sus afectos y su compromiso social.

Criada entre las calles de San Miguel y Santa Rosa de Lima, en el barrio de El Toscal, conserva una memoria viva de la ciudad y de sus transformaciones. Admira el crecimiento de Santa Cruz, aunque lamenta profundamente la desaparición de edificios históricos.

Apasionada del Carnaval y firme defensora de su legado cultural, reivindica la creación de un verdadero museo carnavalero que preserve la obra de diseñadores históricos como Miguel Delgado Salas ‘El Mudo’. Con un estilo directo, sarcástico y emocional, Marcela habla de Santa Cruz como su propia casa. «Me encanta Santa Cruz por donde quiera que lo mire», resume en una frase que define su amor por la ciudad, su defensa de la diversidad, la memoria y la identidad.

Genaro Arteaga, director de una escuela de flamenco

Genaro Arteaga, director de una escuela de flamenco / E. D.

"A los chicharreros se nos conoce por esa sonrisa eterna que se echa de menos cuando estás fuera"

La plaza del Príncipe es uno de sus lugares favoritos. Le gusta sentarse en uno de sus bancos y disfrutar de la tranquilidad que allí se respira. Y para inspirarse, para crear coreografías o encontrar títulos para sus espectáculos, suele acudir a la escollera de la playa de Las Teresitas o al parque García Sanabria. Genaro Arteaga, vecino de El Toscal, dirige su propia escuela de flamenco, que lleva su nombre y que también se ubica en este céntrico barrio santacrucero. Su profesión le ha llevado a recorrer numerosos lugares del mundo y en todos ellos ha presumido siempre de ser chicharrero, según relata. Asegura que «es una de las cosas» de las que más se siente orgulloso.

Y es que Santa Cruz lo tiene todo, declara este artista: Anaga, uno de los mejores carnavales del mundo, las Fiestas de Mayo para «disfrutar de nuestra tradiciones», el mar, un pulmón verde en medio de la ciudad, gastronomía, cultura y «gente maravillosa».

Apunta que los chicharreros «tenemos algo especial», sobre todo, añade, una sonrisa eterna que «se echa de menos cuando estás fuera». «Por ejemplo, cuando di clases de flamenco en Oxford, en Inglaterra, allí todo el mundo era muy serio, parecían estar enfadados todo el día. Y luego llegas aquí, la gente te sonríe y ya sientes que estás en casa». Cuenta que a los chicharreros se les conoce en el exterior como personas amables, divertidas, hospitalarias, abiertas y a las que les gusta muchísimo las fiestas, «la parranda».

Este artista asegura que se siente chicharrero desde que se despierta hasta que se acuesta. Para Arteaga ese sentimiento significa llevar a Santa Cruz como parte de «nuestra identidad», sus tradiciones, sus costumbres sus paisajes, su gente, su manera de vivir la ciudad, su idiosincracia. Y aunque él nació en Santa Cruz de Tenerife, y «llevo mamando desde pequeño el chicharrerismo», considera que el orgullo de pertenecer a esta capital, «de sentirse de Santa Cruz», también se puede adquirir no habiendo nacido aquí, con el paso del tiempo, «por vivir en nuestras calles y compartir el día a día».

Arteaga tuvo siempre muy claro, desde que era sólo un niño, que quería dedicarse al baile. Tras experimentar varias disciplinas, se tropezó con el flamenco y se enamoró de él. Indica que los inicios no fueron fáciles, pero tras luchar durante años por su sueño, logró abrir en el centro de Santa Cruz su propia escuela de flamenco. «A los chicharreros les encanta bailar y la verdad que el arte flamenco ha tenido una muy buena aceptación en esta ciudad», afirma.

Destaca que su escuela se sitúa en El Toscal, donde también reside. Sobre este emblemático barrio chicharrero, Arteaga cuenta que allí prácticamente todo el mundo se conoce y se saluda. «Somos como una gran familia y esto es algo que también ocurre en otros barrios del municipio. Además, todo aquel que viene de fuera es siempre muy bien recibido», añade.

Mary Rodríguez, propietaria de la venta más antigua de Taganana

Mary Rodríguez, propietaria de la venta más antigua de Taganana / E. D.

"Taganana es el sabor de pueblo donde todos se conocen por su nombre"

Mary Rodríguez lleva 37 años detrás del mostrador de la venta más antigua de Taganana, un pequeño comercio convertido en punto de encuentro y memoria viva del pueblo. Aunque su vida está ligada desde hace décadas a Anaga, presume de sus chicharreras.

Nació y creció en la calle Aguere, junto a la ermita de San Sebastián, en la zona de La Salle, cuando entonces era una finca de plataneras y hoy ocupa el entorno de las Torres de Cristal. Allí transcurrió su infancia antes de fundar su familia en Taganana.

La historia de su negocio también es parte de la historia del lugar. La antigua ‘venta de la Americana’, fundada hace más de un siglo por una mujer asturiana que regresó de América, terminó convirtiéndose en el actual Supermercado San Antonio. Acostumbrada a trabajar desde los 14 años, lo suyo siempre fue «tratar con el público». Y Taganana el sabor de pueblo donde todos se conocen por su nombre. Madre de dos hijos, abuela de cuatro nietos y fiel abonada del CD Tenerife, Mary presume de Anaga: cercanía, memoria y arraigo.

Sonia Rodríguez, comercial y dirigente vecinal de Las Moraditas

Sonia Rodríguez, comercial y dirigente vecinal de Las Moraditas / E. D.

"Soy una orgullosa defensora de lo nuestro en un municipio que da voz a la gente de a pie"

Nació en el antiguo Hospital Militar y el barrio de Las Moraditas, en el Distrito Ofra-Costa Sur, se convirtió en testigo de todas las etapas de su vida. Orgullosa de ser chicharrera, pero sobre todo de ser de barrio, del suyo, Sonia Rodríguez, comercial de profesión, se ha convertido en una dirigente vecinal defensora a ultranza, a través de una plataforma, de Las Moraditas.

Para ella es todo un orgullo ser de un municipio que «da voz a la gente de a pie, que escucha a los vecinos, para el que la participación ciudadana es una prioridad». Además, añade, Santa Cruz tiene el «mejor Carnaval del mundo», actividades y dinamización en las calles, y «nuestras Fiestas de Mayo, con las que ponemos en valor nuestras tradiciones».

«Y también podemos presumir de Anaga y de maravillosos rincones en la ciudad. Es que nos hemos convertido hasta en plató de cine», comenta Rodríguez Para esta ciudadana, Santa Cruz es una capital con «mucho encanto» y el chicharrero es una persona amable, divertida, solidaria, trabajadora y «muy defensora de los nuestro»..

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