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Gorgorito, un niño de 7 años más antiguo que la feria del parque García Sanabria por las Fiestas de Mayo

El muñeco de voz aguda, que cumple casi ochenta años, sigue cautivando a niños y adultos en el Parque García Sanabria gracias a la herencia que Mónica y Juan recibieron de sus madres, Maese Villarejo y Pepita, y mantienen viva

Los hermanos Mónica y Juan Díaz, hijos de Maese Villarejo, junto a Gorgorito y la Bruja Ciríaca.

Los hermanos Mónica y Juan Díaz, hijos de Maese Villarejo, junto a Gorgorito y la Bruja Ciríaca. / Andrés Gutiérrez

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Hay tradiciones que son eternas porque forman parte de la memoria colectiva de una ciudad. Gorgorito es una de ellas. Antes de que existiera la Exposición de Flores y Plantas del Parque García Sanabria, antes incluso de que varias generaciones de santacruceros nacieran, aquel muñeco de voz aguda ya actuaba en Santa Cruz de Tenerife. Llegó en 1954. La muestra floral que hoy es uno de los símbolos de las Fiestas de Mayo comenzó cinco años después. Por eso, cuando Juan y Mónica Villarejo recuerdan la historia familiar, hablan de Gorgorito como si fuera un pariente más, alguien que ha acompañado a la ciudad durante casi ocho décadas.

«Es un niño de siete años», resume Mónica. Y lo dice literalmente. Porque el personaje mantiene esa edad eterna, aunque el muñeco ya ronde los ochenta años desde sus primeras apariciones radiofónicas. Un niño que no envejece y que cada mayo vuelve a levantar gritos infantiles en el Parque García Sanabria.

El origen de Gorgorito

Juan y Mónica son hijos de Maese Villarejo y Pepita, creadores de la compañía. Sus padres pusieron en marcha el teatrillo de títeres en los años cincuenta, cuando la radio ocupaba el centro de las casas y la televisión todavía no había llegado a muchas familias. El origen del nombre también nació allí, frente a un micrófono. Maese Villarejo realizaba cuentos infantiles en un programa radiofónico y un locutor conocido como Boliche comenzó a bromear con los cambios de voz del actor, antes de que llegara a Santa Cruz en 1954. «Haces como gorgoritos», le dijo. El apodo terminó convirtiéndose en un nombre propio que hoy se transmite de generación en generación.

Cuando la compañía comenzó a viajar a Tenerife, Juan y Mónica aún no habían nacido. «Eran nuestros padres los que venían aquí a trabajar», recuerdan. Él procedía del teatro. Actor y director, terminó dedicándose por completo al público infantil. Pepita apareció después, casi por casualidad. Acudió a una función acompañando a su hermana pequeña, conoció al actor y acabó integrándose en la compañía. Ella asumió voces femeninas, muñecos y personajes. Desde entonces, el proyecto quedó unido a la familia.

Ese carácter artesanal todavía permanece. Todo lo que aparece en escena sigue fabricándose en casa: muñecos, decorados, vestuario, estructuras y cuentos. Durante el invierno, cuando disminuyen las actuaciones, los hermanos preparan nuevas historias y restauran material para el verano. «No nos damos tregua», admiten. El escenario apenas ocupa ocho metros cuadrados, cuatro de ancho por dos de alto, pero dentro de ese espacio caben brujas, castillos, persecuciones y rescates que continúan atrapando a niños y adultos.

El relevo familiar

La historia de Gorgorito también es la historia de una herencia inesperada. Ni Juan ni Mónica pensaban continuar con la compañía. Él estudió Farmacia. Ella, Veterinaria. Ambos ejercieron sus profesiones durante años mientras sus padres seguían viajando de ciudad en ciudad. Todo cambió tras la muerte de Maese Villarejo, en 1986. Pepita continuó sola durante décadas. Poco a poco, los hijos comenzaron a ayudarla hasta que terminaron asumiendo completamente el relevo.

«Fue un compromiso emocional», explican. La idea de que desapareciera una tradición tan vinculada a la infancia les resultaba insoportable. «Al final nos metimos Villarejo en la espalda», resume Juan.

La conexión con Santa Cruz ocupa un lugar especial dentro de esa historia. Las Fiestas de Mayo no se entienden sin las funciones de títeres en el parque. Allí coinciden varias generaciones: abuelos que acudieron de niños, padres que regresan con sus hijos y ahora también bisnietos. La escena se repite continuamente. Hace apenas unos días, un hombre de 72 años se acercó emocionado después de una función. Había acudido cuando era niño y ahora quería hacerse una fotografía con el personaje para enseñársela a su nieto.

«Eso nos pasa muchísimo», cuentan los hermanos. Personas mayores que vuelven a encontrarse con una parte intacta de su infancia. Quizá ahí reside una de las claves del fenómeno. Gorgorito mantiene una estructura sencilla y reconocible: el bien frente al mal, el niño que se enfrenta al abuso de los adultos y el triunfo final de la astucia. Cambian algunos detalles, pero no la esencia.

Adaptarse sin perder la esencia

Los cuentos, sin embargo, sí han evolucionado. Existen alrededor de cuarenta historias originales, muchas creadas por Maese Villarejo y otras incorporadas después por sus hijos. Rosalinda ya no ocupa el papel clásico de princesa indefensa. En una de las obras recientes es ella quien rescata a Gorgorito de una bruja, en una historia centrada en la igualdad. También hay referencias actuales: teléfonos móviles, reciclaje o situaciones adaptadas a cada ciudad.

Porque la compañía sigue recorriendo España igual que hacía hace décadas. Después de Tenerife llegan La Rioja, Extremadura, Cantabria, Navarra o San Fermín. Algunos cuentos se modifican según el lugar. En Pamplona aparecieron Los toros del encierro. En Santa Cruz, la misma historia se convirtió en Los bueyes de la romería. También han elaborado espectáculos vinculados al reciclaje o a situaciones concretas de determinados municipios.

Un teatrillo con ojos

Aunque el público no los vea, Juan y Mónica observan constantemente las reacciones infantiles a través de dos pequeños agujeros abiertos en el teatrillo. Desde allí perciben el ritmo de la función. Pero el verdadero termómetro sigue siendo el ruido. «El griterío de los niños nos llega perfectamente», dicen.

Gorgorito tampoco se quedó al margen de los cambios tecnológicos. Antes de subirse a los escenarios ya había pasado por la radio y posteriormente por la televisión en blanco y negro. Los primeros muñecos estaban pintados en tonos grises para que las cámaras captaran mejor las imágenes. Aquellas figuras originales ya no existen. Los actuales son más grandes, más visibles para el público del parque y cuentan incluso con varias copias de repuesto.

Sin embargo, hay cosas que continúan siendo un misterio, incluso para la familia. Nadie sabe exactamente de dónde salió la famosa canción del «té, chocolate y café» que cierra las funciones. Sospechan que Maese Villarejo pudo escuchar alguna melodía durante una gira que realizó por Colombia y luego la adaptó al espectáculo.

Setenta y dos años después de la primera actuación en Santa Cruz, Gorgorito sigue apareciendo cada mayo ante cientos de niños. Lo hace en una ciudad que ha cambiado radicalmente desde 1954, pero donde todavía sobreviven rituales compartidos. Mientras la Exposición de Flores y Plantas suma cuarenta y nueve ediciones, el viejo muñeco continúa levantando aplausos en el mismo parque. Más antiguo que la propia muestra floral y ajeno al paso del tiempo, Gorgorito sigue teniendo siete años.

Hasta el lunes, niños y mayores tienen una cita de mañana y tarde. Él invita, como siempre, a té, chocolate y café.

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