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La calle de La Rosa, en Santa Cruz de Tenerife, ultima su transformación después de casi tres años de obras y sobrecostes

El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife prevé finalizar las obras de la calle de La Rosa entre finales de junio y principios de julio, tras casi tres años de trabajos y arrastrar un retraso inicial de casi doce meses

Fotografía de los trabajos que se llevan a cabo en la calle de La Rosa, en el distrito Centro-Ifara de Santa Cruz de Tenerife.

Fotografía de los trabajos que se llevan a cabo en la calle de La Rosa, en el distrito Centro-Ifara de Santa Cruz de Tenerife. / Arturo Jiménez

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

La calle de La Rosa comienza a dejar atrás su etapa más incómoda, incluso con casi un año de retraso en sus inicios, para adentrarse en la recta final de una transformación que pretende cambiar el pulso urbano del barrio de El Toscal y sacar del olvido este núcleo hasta convertirlo en referente del casco antiguo de la capital.

El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife sitúa la conclusión de los trabajos entre finales de junio y comienzos de julio, un calendario que, como admite el propio consistorio, dependerá en última instancia de la disponibilidad de la empresa encargada del asfaltado.

Florecida, a medias

«Ya está florecida a mitad», ironiza el concejal de Infraestructuras y Obras, Javier Rivero, al describir el estado actual de una actuación que ha atravesado múltiples fases y contratiempos. La expresión no es casual. La Rosa, una de las arterias tradicionales del centro capitalino, aspira a «florecer» en el sentido más amplio del término: como espacio renovado, como motor económico y como símbolo de la regeneración urbana que se quiere impulsar en el entorno.

La intervención comenzó el 17 de julio de 2023 y desde entonces ha estado marcada por una complejidad técnica notable. Los primeros trabajos sacaron a la luz una realidad habitual en este tipo de proyectos: infraestructuras subterráneas antiguas, canalizaciones no registradas y redes que no figuraban en los planos iniciales. Estos hallazgos obligaron a replantear parte del proyecto y a ejecutar soluciones sobre la marcha, especialmente en los cruces con calles como San Antonio, San Martín o San Vicente Ferrer, donde se concentraron los momentos más delicados.

Sobrecoste y modificación del proyecto

Como consecuencia, el presupuesto inicial tuvo que ser modificado al alza. A los más de 4,3 millones previstos inicialmente se sumó un incremento de 1,3 millones para hacer frente a los imprevistos, lo que sitúa la inversión total en torno a los seis millones de euros, con una aportación de 1,7 millones procedente de fondos europeos. También se amplió el plazo de ejecución, que se ha prolongado durante casi tres años.

Más allá de los números, la obra de La Rosa tiene un objetivo estratégico: convertirse en el punto de partida de la renovación integral de El Toscal. Se trata de un barrio con un fuerte arraigo histórico y social, pero que en las últimas décadas ha acusado el desgaste urbano y la falta de intervenciones de calado. La actuación no solo busca mejorar una calle, sino abrir una nueva etapa para toda la zona.

Un barrio entre la crítica y la esperanza

«Tan cuestionada como reclamada», resume Javier Rivero al referirse a una obra que ha generado debate entre la ciudadanía, especialmente durante sus fases más complicadas, y desde su condición de primer dirigente de barrio –curtido en El Rosarito, en el Suroeste–, hasta desembarcar en el palacio municipal como concejal del equipo de gobierno.

Las molestias para vecinos y comerciantes han sido evidentes, sobre todo en los primeros tramos, donde los retrasos y la incertidumbre marcaron el ritmo de los trabajos. Aun así, desde el Ayuntamiento se insiste en que se trata de una intervención necesaria y estructural.

Una calle pensada para el peatón

El diseño final de la calle refleja esa intención de cambio. La Rosa se configura ahora como una vía más accesible y pensada para el peatón, con aceras más amplias, eliminación de barreras arquitectónicas y una mejora integral de los servicios básicos. El soterramiento de contenedores, la renovación de las redes de saneamiento, abastecimiento y telecomunicaciones, así como la reorganización del espacio urbano, forman parte de una actuación que pretende modernizar la infraestructura sin perder la esencia del entorno.

El alcalde, José Manuel Bermúdez, ya avanzó a comienzos de año que las obras habían entrado en su recta final tras superar los principales escollos técnicos. La finalización de los trabajos en los cruces de servicios —considerados los puntos más críticos— permitió acelerar el ritmo de ejecución y acercar el proyecto a su conclusión.

Impulso económico a El Toscal

Sin embargo, el impacto de La Rosa no se limita a la mejora física del espacio. Uno de los aspectos que más destaca el equipo de gobierno es el efecto que la inversión pública está generando en el tejido económico del barrio. La intervención comienza a atraer iniciativas privadas, con la apertura de nuevos negocios, reformas de locales y una reactivación progresiva de la actividad comercial.

Este fenómeno refuerza la idea de que la obra no es un fin en sí mismo, sino un instrumento para dinamizar el entorno. «El dinero público tiene que servir para eso», subraya Rivero, en referencia a la capacidad de estos proyectos para generar oportunidades económicas y transformar la realidad urbana.

Recta final de las obras

Para los vecinos y comerciantes, la recta final se vive con una mezcla de cansancio y expectativa. Han sido meses largos, con cortes de tráfico, cambios en la movilidad y dificultades para el día a día. El Ayuntamiento ha querido reconocer ese esfuerzo, especialmente el de quienes han soportado el impacto directo de las obras desde su inicio.

A falta del asfaltado definitivo y de los últimos remates, la calle empieza a mostrar ya su nueva fisonomía. Las aceras amplias, la mejora de la accesibilidad y la renovación de los servicios permiten vislumbrar el resultado final de una intervención que ha transformado por completo la estructura de la vía.

El verano como horizonte de la transformación

Si se cumplen los plazos previstos, el verano marcará el estreno de una calle renovada que aspira a convertirse en referente dentro del modelo urbano de la ciudad. La Rosa dejará atrás su condición de obra para consolidarse como un espacio de convivencia, tránsito y actividad económica.

El reto, a partir de ahí, será consolidar ese cambio y extenderlo al conjunto del barrio. La actuación se plantea como el primer paso de una estrategia más amplia de regeneración de El Toscal, que busca recuperar su protagonismo dentro del tejido urbano de Santa Cruz.

Después de casi tres años de trabajos, sobrecostes y dificultades, La Rosa se prepara para cerrar una etapa y abrir otra. Una transformación que no ha estado exenta de polémica, pero que aspira a convertirse en uno de los hitos urbanísticos recientes de la capital. Cuando el asfalto selle los últimos metros y se retiren las vallas, la calle podrá, por fin, «florecer» en toda su dimensión.

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