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Texenery Moreno y Damián Rodríguez: el legado de Lali Sierra en las Fiestas de Mayo de Santa Cruz

La pérdida de rigor en la vestimenta tradicional preocupa a Texenery Moreno y Damián Rodríguez, que promueven el respeto a las fuentes

Texenery Moreno y Damián Rodríguez, entre trajes tradicionales.

Texenery Moreno y Damián Rodríguez, entre trajes tradicionales. / Andrés Gutiérrez

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Las Fiestas de Mayo de Santa Cruz de Tenerife y, en particular, la vestimenta tradicional con la que desfilan las reinas en las galas patronales de la capital son la particular 'religión' que profesan Texenery Moreno y Damián Rodríguez, herederos del arte y la pasión de una de las grandes referentes del movimiento de participación ciudadana de la ciudad que la vio nacer, Lali Sierra (1949-2023).

Con el celo propio de quien recibe un tesoro y lo transmite a nuevas generaciones, Lali Sierra no solo fue presidenta y fundadora de la agrupación musical más antigua del Carnaval, Chaxiraxi, sino que también se implicó en la asociación de vecinos Los Lavaderos y en todo lo que tenía que ver con la tradición.

Su legado y sabiduría los defienden hoy Texenery Moreno y Damián Rodríguez, exponentes de nuevas generaciones que miman con ese espíritu de perfección y compromiso todo lo relacionado con los actos de las Fiestas de Mayo.

Orígenes entre Carnaval y tradición

Texenery Moreno no aprendió la tradición; se crio dentro de ella. Nació en Santa Cruz de Tenerife el 25 de septiembre de 1980 y su memoria la transporta directamente al Carnaval, donde prácticamente aprendió a caminar y hablar. Sus padres formaban parte de la recordada agrupación Los Gavilanes, y esa forma de vivir la fiesta imprimió carácter: horarios de ensayo, locales abiertos casi todo el año, telas, organización colectiva…

Curiosamente, con todo el amor que siente por la fiesta de la máscara, su verdadera pasión termina volcándose en los actos patronales. El mismo año en que se incorpora a Chaxiraxi, Lali Sierra la presenta como candidata a reina de las Fiestas de Mayo.

Como aspirante participó en dos ediciones: una en la plaza de La Candelaria y otra en el inicio de las galas descentralizadas por barrios, en César Casariego. Recuerda detalles muy concretos: desfiles en traje de noche, un vestido blanco que no le convencía y la sorpresa de representar a una asociación sin saberlo, precisamente en el barrio anfitrión. De ahí la ovación que recibió. «No sabía yo que había llevado a tantos amigos», pensó entonces. No ganó ningún título, pero sí una forma de entender la vida.

Aprender desde dentro

A diferencia de muchas candidatas que se desvinculan tras su paso por el escenario, Texenery se integró en el equipo de Lali. Aprendió desde lo básico: coser, montar piezas, interpretar láminas y comprender por qué cada traje es como es. Su formación no es académica, sino práctica, forjada a base de horas en el local. «Lo que sé lo aprendí con ella», resume.

Damián Rodríguez y Texenery Moreno.

Damián Rodríguez y Texenery Moreno. / Andrés Gutiérrez

Ese aprendizaje está marcado por una idea central: la vestimenta tradicional no se inventa. Trabaja a partir de documentación histórica, tomando como referencia a expertos como Juan de la Cruz, además de láminas y estudios que fijan cómo eran las prendas en origen. El margen es mínimo: se pueden ajustar detalles, pero no alterar la base. Si una vendimiadora está documentada en amarillo y azul, no admite reinterpretaciones. El respeto a lo documentado está por encima de cualquier tendencia estética.

A partir de ahí entra en juego la experiencia. No todas las aspirantes pueden llevar cualquier traje. La elección depende de la complexión, la forma de moverse e incluso de cómo se adapta un pañuelo o un rostrillo al rostro. La defensa del traje en el escenario es tan importante como la pieza en sí.

Un patrimonio que ocupa toda una casa

Su colección personal ha terminado por adueñarse de su vivienda. Guarda trajes envasados al vacío, ocupa canapés y reorganiza espacios para conservar cada pieza. A ello se suma el uso de parte de la colección de Lali Sierra, autorizado por su familia tras su fallecimiento en el Día de Canarias de 2023.

Cada año incorpora nuevos trajes o elementos. En esta edición suma piezas en las tres categorías: adultas, mayores e infantiles. La inversión es elevada: materiales específicos, mano de obra especializada y tiempo. El resultado es una colección en crecimiento constante. Su verdadero tesoro.

Un nuevo valor en la tradición

Comparte esa misma pasión Damián Rodríguez, nacido en Santa Cruz en octubre de 1991. En su caso, dio el paso hacia la moda como profesión, formándose como técnico superior en Estilismo e Indumentaria y en Diseño de Moda.

Al igual que Texenery, su origen está en el Carnaval. Comenzó vinculado a su entorno familiar, pero en 2011 decidió entrar en Chaxiraxi, desvinculándose de Nobleza Canaria, el grupo de su tía Germi Noda. «Fui la oveja negra de la familia», dice con humor.

El aprendizaje con Lali Sierra

Bajo el entorno de Chaxiraxi y la influencia de Lali Sierra, Texenery y el propio grupo, Damián inicia su verdadera formación. Entre 2013 y 2014 comienza a implicarse en el proceso de vestir candidatas. Ahí adquiere la base del oficio y el respeto absoluto por la documentación histórica.

Su evolución combina tradición y formación académica. Empieza a crear su colección entre 2017 y 2018, a partir de piezas heredadas y adquiridas. Hoy supera la veintena de trajes de adulta y cuenta con varios infantiles. A diferencia de Texenery, dispone de más espacio, utilizando la vivienda familiar como almacén.

Además, desarrolla su trabajo en el ámbito de la moda: es visual en una empresa y diseña vestuario para eventos, novias y certámenes. Esa dualidad amplía su perspectiva, aunque limita su implicación en Carnaval, donde se centra en un solo grupo, Los Yuppies.

Tradición frente a tendencia

Ambos coinciden en el diagnóstico: existe una pérdida de rigor en la forma de vestir en romerías y bailes de magos. Se prioriza lo estético frente a lo correcto desde el punto de vista tradicional. Señalan factores económicos, pero también culturales, como la falta de transmisión en las familias y la ausencia de contenidos sobre tradición en los colegios.

Aun así, ven señales positivas en la aparición de nuevos artesanos jóvenes, especialmente en el ámbito del tejido. Ahí sitúan una posible continuidad del oficio, siempre desde el respeto a las fuentes.

Aunque comparten origen y aprendizaje bajo la figura de Lali Sierra, cada uno mantiene su propia colección y presenta por separado. Eso no impide una relación estrecha, más allá de premios o competiciones, sustentada en el respeto por unos valores comunes: el cuidado de la tradición, el amor por la tierra y la responsabilidad de transmitir un legado.

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