Crónica histórica
Todo por un traje calado del Frégoli
Inscrita en 1902 por Mariano Estanga y presidida por Sergio Lojendio en 1904, supo articular acciones de animación cultural diferenciadora

Sergio Lojendio Garín, con su esposa María del Rosario Clavijo Bethencourt y sus hijos Rafael y Manuel Lojendio Clavijo. / Foto cedida por Sergio Lojendio Quintero.
Conrado Álvarez Fariña
El 22 de febrero de 1906, la prensa local hacía oficial la noticia de la visita real, la primera vez que el rey de España venía a nuestras islas. Este fue el detonante de la «organización de los festejos durante la estancia de Alfonso XIII y su séquito». Pocos días después, El Tiempo escribe: «Con objeto de tratar de la organización del festival que se ha de realizar en la Plaza de Toros, en honor de S. M. el Rey y que proyecta el Salón Frégoli, el señor alcalde ha convocado para hoy a las 3 a su despacho al presidente y vocales de la directiva de aquella entusiasta sociedad». Esta noticia quedó en mi pendrive en una carpeta mientras revisaba la prensa para abundar en la vida de nuestro compositor Francisco Martín Rodríguez y sabía que en algún momento la retomaría, pues, nuevamente, mi intuición me hacía cimbrear la vena investigadora.
En el verano de 2023 me senté a recabar datos para redactar mi trabajo de fin de grado lagunero para culminar la carrera de Historia del Arte, que redundaba en el empoderamiento que había imprimido, a través del teatro de aficionados y de la música, la gloriosa revolución y el incipiente asociacionismo de los ciudadanos de la capital provincial canaria para atender la cuestión social, antes de la efímera Primera República.
La Sociedad Dramática La Juventud, la Sociedad Joven Democracia y la Sociedad Dramática Talía, junto con las bandas de música de la Joven Democracia y de la Asociación de los Trabajadores, así como la Nueva Sociedad Filarmónica de Jóvenes Aficionados, demostrarían mi hipótesis. Pero había más, mucho más, y lo había recabado con la intención de desarrollarlo en otro momento. Y eso ocurrió el verano pasado para el TFG riojano cuando se acercaba el final de mi otro grado, este en Humanidades.
Tras escudriñar en 10.933 periódicos –entre 1902 y 1925–, encontré 2.197 recortes de prensa que nutrían mi imaginación sobre cómo habían influido las sociedades de recreo en el endoculturalismo tinerfeño para crear nuestro paisaje cultural que, aún hoy, reconocemos como propio.
De entre todas ellas afloró, por derecho propio, el Salón Frégoli, sociedad de recreo que, inscrita en 1902 por Mariano Estanga Arias-Gijón y presidida por Sergio Lojendio Garín en 1904, supo articular, con idiosincrasia y cosmopolitismo, acciones de animación cultural diferenciadora, en tiempos de enormes dificultades, apoyados en las fortalezas de sus asociados, artistas y colaboradores, y generó oportunidades de progreso en educación, entreteniendo y ocio renovadas.
El Baile de las Flores y las Mariposas, organizado por el Salón Frégoli en el Teatro Principal, para celebrar las Fiestas de Mayo de 1905, será todo un acontecimiento nunca antes visto y tendrá muy buenas repercusiones. Tanto como para que el Ayuntamiento le confiara la organización de la Fiesta Regional, en la Plaza de Toros, para la visita real y le convidara con obsequios. Aquella tarde del 25 de abril de 1906, lo que sucedió en su sede de la plaza de la Iglesia, número 9-A, motivó mi libro Las sociedades recreativas en Santa Cruz de Tenerife. Una alternativa de autogestión sociocultural (1902-1925) y este artículo.
¿Cómo había pasado desapercibido al tiempo tal acontecimiento descrito en La Opinión del 31 de mayo? «El presidente del Salón Frégoli, nuestro estimado amigo particular Sergio Logendio, se embarcará para la Península a bordo del vapor M. L. Villaverde, con la misión especial de entregar personalmente el obsequio». ¿Qué obsequio? Esto me dejó tan intrigado que no pude parar hasta que encontré en el Diario de Cádiz el desenlace: «Espérase en Miramar, para ser recibido en audiencia por SS. MM. el capitán de Artillería Sergio Logendio y Guerin, que presta sus servicios en la Comandancia de Santa Cruz de Tenerife, y el cual ha sido comisionado para entregar á los reyes varios obsequios que desde aquella capital les envían. Entre los presentes figura un hermoso y artístico traje de raso calado, especialidad del país, trabajado por distinguidas señoritas de Santa Cruz de Tenerife. Se trata de una verdadera obra de arte, que ha llamado la atención de cuantas personas han tenido la fortuna de admirarlo. El dibujo que ha servido para hacer el calado es de un gusto exquisito. Se debe al notable artista tinerfeño Diego Crosa, que ha hecho una ingeniosa alegoría con los escudos de España y de Canarias, rodeados de flores. El precioso traje, que por su originalidad ha merecido las alabanzas de distinguidas damas que lo han visto, está encerrado en una elegante caja. La dedicatoria, escrita sobre una placa de plata, dice: «A S. M. la Reina dedica el pueblo de Santa Cruz de Tenerife el presente ofrecido a S. M. el Rey […] El regalo lo envía la Capital de Canarias, y en su nombre el Salón Frégoli». El traje estuvo expuesto en la calle Ancha de Cádiz durante días, por su gran belleza, antes de llegar a la casa real.
Esta es sólo una de las 78 iniciativas desarrolladas por el Salón Frégoli que aún hoy, después de catalogar y escribir su historia, no puedo entender, ni su mortaja ni su metamorfosis, como dijo Alejandro Cioranescu cuando se transformó en el Círculo de Bellas Artes en septiembre de 1925.
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