El obispo de Tenerife, Eloy Santiago, participa en la procesión de La Macarena, en Santa Cruz, entre historias cargadas de fervor
María José Pérez, costalera del Cautivo, recuerda a su esposo fallecido mientras carga la imagen; a su lado, bajo el trono, sus dos hijas. Recuerda que fue su madre quien alimentó la devoción por la Macarena cuando iban juntas a la procesión del Jueves Santo, en la que se soltaba a un preso.

María Pisaca

Recorrer la ciudad un Jueves Santo rumbo a la parroquia matriz de La Concepción, en el casco antiguo de Santa Cruz, permite reinterpretar la cartelería de algunos establecimientos que se encuentran por el camino... como La Tentación, una dulcería libanesa que se encuentra en la calle Fernández Navarro, o el compro oro de Leoncio Rodríguez... Aunque en honor a la historia religiosa se cuenta que fueron tres tentaciones y las monedas con las que entregó Judas a Jesús fueron de plata.
Ya en la calle de La Noria, una hora antes del inicio de las procesiones con los pasos de María Santísima de la Esperanza Macarena y Nuestro Padre Jesús Cautivo, los capataces ‘afinan’ a costaleros y cargadores. Junto a los arcos están ellas, que portarían más tarde al Cautivo; y en el callejón de Manuel Verdugo, en la sede de Mamelucos, los portadores de la Macarena.
Preparativos antes de la salida

Jueves Santo: Procesión de La Macarena y El Cautivo, en Santa Cruz / María Pisaca
Con ellas, Leo Cortés repasando las indicaciones; con ellos, su hermano, Paco Cortés, decano en estas lides, mientras poco a poco toma cuerpo la comitiva para entrar al templo a quince minutos de las nueve de la noche; este año se demoró media hora el inicio de la procesión; no es ‘madrugada’, pero tiene ese sabor que recuerda a Sevilla, salvando distancias.

Costaleras del Cautivo. / María Pisaca
Antes de fajarse bajo los pasos, historias humanas en las que se entrecruzan sentimientos con fervor. Entre las costaleras, María José Pérez. Lleva doce años cargando al Cautivo. En 2019 falleció su esposo, Blas Cejas. Desde entonces, meterse bajo el trono supone un cúmulo de recuerdos, desde las primeras veces que esta trabajadora de un hogar de mayores de La Laguna acudía con su madre a ver la procesión de La Macarena, cuando salía de la iglesia de San Alfonso María de Ligorio, en Los Gladiolos, y se soltaba al preso que estaba a punto de salir en libertad, una tradición que se alteró cuando se inauguró el nuevo recinto penitenciario.
Santa Cruz celebra el mediodía de este Viernes Santo desde El Pilar la procesión de la Virgen de las Angustias
María José continúa al pie del Cautivo, codo con codo con su hija mayor, Elena, que siempre la ha acompañado, y detrás, Laura, su otra hija, que ya suma tres años de costalera. «Ellos son todo bondad, toda dulzura», dice la costalera en referencia a los titulares de la procesión. Y apostilla, casi como una advertencia: «todo lo que le pides te lo concede». «La pena es que el recorrido debería ser más largo», añade, pese a que es una de las procesiones más extensas de Santa Cruz de Tenerife, al partir desde La Concepción hacia San Francisco por la plaza de España, con reverencia y baile incluido ante el monumento a la Virgen de Candelaria, y regreso al templo.

Un monaguillo inmortaliza con su móvil un momento de la procesión de La Macarena. / María Pisaca
Historias bajo el paso
Entre los cofrades más jóvenes, Valeria, que ya suma tres procesiones de La Macarena y El Cautivo, tantos como años tiene. En su caso, procesiona a hombros de su padre, Moisés, mientras su madre, Davinia, es una de las veintiocho costaleras, cuatro menos que los cargadores que portan a la Virgen. Junto al paso de Jesús, Abigail; sufrió un accidente de tráfico al ser atropellada y no puede cargar, pero acompaña como aguadora el trono. Entre las caras nuevas de cargadoras, Naara Hernández, que al tercer año cambió el agua por los varales.

El obispo de Tenerife, Eloy Santiago, a la izquierda, junto al vicario episcopal para Santa Cruz y párroco de La Concepción, Juan Manuel Yanes. / María Pisaca
Ya a la hora convenida, 21:00 horas, el vicario episcopal y párroco de La Concepción, Juan Manuel Yanes, invita al recogimiento para dar la palabra al obispo, Eloy Santiago, quien previamente se había acercado al alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez –que dio los cuatro toques con el llamador que marca la levantada–, para comentarle en tono cómplice que era la primera procesión en la que participaba en la capital. En realidad, monseñor Santiago presidió la misa previa a la procesión del Señor de las Tribulaciones el Martes Santo, pero no salió en el recorrido, cuando se sumó el regidor.

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, junto a la consejera autonómica de Bienestar Social, Candelaria Delgado. / María Pisaca
El grancanario monseñor Santiago, que el próximo 1 de mayo celebra su primer año al frente de la Diócesis de Tenerife, agradeció el trabajo de la cofradía de los cargadores para que todo estuviera a punto, así como «la fuerza, el empeño y el amor» que ponen para sacar los pasos, lo que provocó que los costaleros crecieran dos tallas.

Juan Francisco Cano, cargador de La Macarena. / María Pisaca
La salida procesional
Con los sentimientos a flor de piel y el regocijo de ver al obispo de Tenerife en la procesión de La Macarena, la comitiva —entre ellos el presidente de Canarias o su homóloga de Tenerife— se dispone a salir del templo bajo el campanario. Primero El Cautivo, que estrena este año túnica traída de Sevilla. En el lateral más próximo a la calle de La Noria, un cada vez más nutrido grupo de veteranos legionarios entona, delante de la banda militar, El novio de la muerte, entre gritos de familiares y feligresas: «¡Vamos, chicas!».

La Macarena chicharrera, a la salida de La Concepción. / María Pisaca
Luego llega el momento de La Macarena. Su salida es tan ajustada que parece que la torre fue construida a la medida del palio. Ella también está de estreno, con una saya sevillana. Los hermanos Cortés, ambos capataces de los dos pasos, se unen con indicaciones milimétricas. «Esta ‘levantá’ es por la compañera de un compañero costalero», dice Paco... Y los treinta y dos costaleros hacen brincar la torre. La banda Unión y Amistad, del Suroeste aunque con sede temporal en La Salud hace ocho años, interpreta el himno nacional, entre vivas reiterados que entona Laura, que en Carnaval da vida a la Lecherita, y el fervor de miles de personas que se van alternando en el recorrido hasta San Francisco, donde se vuelve a bailar a La Macarena, como a la salida de La Concepción y la salutación del párroco del templo, Miguel Ángel Navarro, quien se reencuentra con quien fue su monaguillo en su primer destino en Alcalá (Guía de Isora), Florentino Guzmán Plasencia, hoy concejal por el PSOE en Santa Cruz. Este alto, desbordado de propios y extraños.

El párroco de San Francisco, Miguel Ángel Navarro, a la llegada de La Macarena a su templo. / María Pisaca
Y de regreso —tras retirarse el obispo, que tenía procesión de madrugada en La Laguna—, la comitiva pone rumbo más íntimo hacia La Concepción. De La Macarena, a la Virgen de Las Angustias, cuya procesión tendrá lugar este mediodía en Santa Cruz, en otro día de fervor, tradición y profundo arraigo histórico para la ciudad.
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