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20 años de la mayor estación de transporte

El Intercambiador de Santa Cruz se queda chico: atiende al doble de pasajeros de su capacidad

El recinto presenta carencias ante el apogeo de la guagua a las dos décadas de su apertura: se hizo para 10 millones de viajeros al año y hoy recibe 22

Daniel Millet

Daniel Millet

Santa Cruz de Tenerife

«¿Esta es la cola de la 111?». La falta de información o los fallos en los paneles del Intercambiador obligan a los pasajeros a preguntar a qué línea pertenece cada fila. El techo apenas resguarda de la lluvia a los usuarios que se hacen hueco como pueden para avanzar en la plataforma superior. A poco que coincidan algunas de las guaguas más demandadas, el estrecho pasillo, que no llega a cinco metros de ancho, se colapsa. Las colas se mezclan con las del mostrador de información y con los que vienen y van. «¿La 112?», pregunta otra mujer en medio del correcorre.

El Intercambiador de Santa Cruz, que este año cumple el 20 aniversario, se queda pequeño y obsoleto. Las cifras récord de pasajeros, después de que en 2023 entrara en vigor la gratuidad del servicio, y su diseño y antigüedad explican los momentos caóticos que se viven cada vez con más frecuencia en la mayor estación del transporte público de Tenerife. Ocurren sobre todo en la parte alta, donde paran las líneas interurbanas, las que recorren dos o más municipios y mueven a más personas.

Las deficiencias se extienden a otras zonas de una infraestructura estratégica que ya empezó a dar problemas antes incluso de su inauguración, en 2006. Para empezar, la construcción duró diez años y los 3.000 metros cuadrados destinados a locales comerciales, que quedan justo debajo de la superficie donde circulan las guaguas, jamás se usaron. Y ahí siguen, vacíos, 20 años después. Entre las razones se encuentran precisamente las vibraciones de los colectivos verdes.

El Cabildo, que se hizo cargo de la gestión del transporte público de la Isla en 1999, admite que el gran incremento de guaguas, líneas y viajeros ha dejado desfasado el Intercambiador. La consejera de Movilidad, Eulalia García, aclara que no ha ocurrido solo con la estación de Cabo Llanos: «Se han quedado pequeñas las 28 instalaciones que tenemos en la Isla».

Cuando a mitad de los años 90 se diseñó el Intercambiador, una época en la que Titsa estaba en manos del Gobierno de Canarias, el proyecto contempló un recinto para 10 millones de pasajeros al año. Hoy esa cifra se ha más que duplicado, pasando a 22 millones anuales. Pero las medidas de la instalación siguen siendo las mismas, al tiempo que no para de crecer el número de personas que esperan a las guaguas en sus 38 dársenas, que dejan el coche en un parking con casi 1.500 plazas o que recorren una terminal cuyos enormes ventanales dejan ver una parte importante del frente marítimo chicharrero.

Los viajeros se quejan sobre todo de que el andén principal se colapsa y el techo no da protección frente a la lluvia y el sol

Lo mismo ha ocurrido con las cifras globales del transporte público en Tenerife. En el año 2021 se subieron a las guaguas 36,6 millones de personas y al tranvía 12,5, es decir, un total de 49 millones. En 2023, el primer año de la gratuidad, esta cifra pasó a 87 millones (64,4 en las guaguas y 22,6 en el tranvía) y en 2025 alcanzó los 112 (87 + 25).

«Se hace difícil caminar»

Raquel González conoce muy bien el Intercambiador. Lo usa a diario para ir a la capital a trabajar desde Los Silos y regresar a casa con escala en Icod. «Entre las largas colas para acceder a las guaguas, las maletas de los viajeros y los bancos, situados en medio del estrecho andén, se hace difícil caminar por la plataforma», comenta, para añadir otras incomodidades: «El techo lo hicieron de tal manera que ni protege de la lluvia ni tampoco del sol. En las horas punta, además, conseguir un sitio para sentarse es imposible y la sensación de saturación es muy visible».

Virgilio Gómez lo conoce todavía mejor. Pero no solo esta estación, sino toda la historia de Titsa (Transportes Interurbanos de Tenerife), una empresa pública que fue creada en 1978. Ya jubilado tras 46 años como mecánico y chófer de las guaguas verdes, Virgilio Gómez fue durante mucho tiempo presidente del Comité de Empresa en representación de Intersindical Canaria. «El diseño del Intercambiador es de hace más de 30 años y se nota», subraya. Lo percibe sobre todo en los espacios para el embarque de pasajeros, que son «muy reducidos frente a una demanda que no para de crecer».

Para este histórico sindicalista y muchos usuarios, no todo el Intercambiador de Santa Cruz tiene carencias. Coinciden en que su punto fuerte, el mayor acierto, es el parking. «Es muy amplio y está muy bien señalizado», remarca Gómez. Además, ofrece tarifas que permiten a los usuarios dejar el coche allí y coger una guagua o el tranvía para completar el trayecto. Las tarifas, de hecho, están por de debajo de las del resto de aparcamientos de la capital: 1,5 euros la hora y un máximo de 15 euros por día. La gran ventaja, no obstante, está en los precios de los abonos: 60 euros al mes por 12 horas diarias, 80 euros al mes por las 24 horas del día y 800 euros al año por una plaza permanente.

La mejora de la estación se topa con un gran inconveniente: no tiene margen de ampliación. Solo podría crecer hacia un pequeño solar, de titularidad municipal, que se encuentra en la parte inferior, debajo de la parada del tranvía. Lo admite la consejera insular de Movilidad, que asegura que «es el recinto que heredamos hace muchos años del Gobierno canario, en un momento en el que la cifra de viajeros no tenía nada que ver con la actual».

El equipo de Movilidad intenta aplicar pequeñas reformas dentro de las grandes limitaciones, mientras aborda un desafío mucho mayor: el incremento de la flota, el refuerzo de las líneas y la implementación de métodos tecnológicos que permitan atender una demanda en alza. El refuerzo del transporte es una de las apuestas del Gobierno insular para desatascar las carreteras y reducir la contaminación.

El Cabildo admite que el gran nodo del transporte en la Isla está desfasado pero emprende mejoras a pesar de las limitaciones

La última actuación en el Intercambiador de Santa Cruz se anunció hace muy poco, el 21 de enero. El Consejo de Gobierno del Cabildo daba el visto bueno al proyecto para renovar y ampliar las escaleras mecánicas con una inversión de dos millones de euros. Serán ocho escaleras de este tipo: a las cuatro existentes, que serán rehabilitadas, se sumarán otras cuatro.

Otras medidas que estudia el departamento de Eulalia García pasan por habilitar oficinas de la propia corporación insular en los locales que nunca se han ocupado, renovar los paneles informativos electrónicos –ya se está haciendo– y darle más funcionalidad. «No tenemos mucho más margen de maniobra para actuar en esta obra arquitectónica», apunta la consejera cuando se le pregunta, por ejemplo, por el techo, cuyo diseño no es muy práctico para el uso ciudadano. «Nos han llegado las quejas de que la gente se moja y no hace sombra, pero ¿qué podemos hacer?».

En la memoria quedará para siempre la mayor crisis de la historia de este gran nodo del transporte colectivo tinerfeño. La madrugada del 13 de diciembre de 2011, el falso techo del hall se derrumbaba por completo. A pesar de la aparatosidad del suceso, no ocasionó daños personales, aunque sí materiales. La investigación concluyó que todo se debió al mal funcionamiento de las pinzas metálicas que formaban parte del sistema de suspensión del falso techo.

Elena González, otra pasajera habitual del Intercambiador, tiene claro lo que haría: «Cambiarlo de arriba a abajo». Usuaria de las líneas hacia el Puerto de la Cruz, donde reside, no entiende que las guaguas interurbanas, las más llenas, carguen en la plataforma superior, la que cuenta con menos espacio, mientras las urbanas, con menos viajeros, se sitúen en las dársenas inferiores, las más espaciosas.

«Lo lógico es hacer otro»

Víctor González, miembro del Comité de Empresa por Intersindical, aporta otro contratiempo: la cantidad de vehículos de Titsa que aparcan en las dársenas ante la falta de espacio de las cocheras. «Somos conscientes de que es imposible ampliar la estación», opina. «Lo lógico sería construir otro intercambiador, pero dónde».

José Manuel Bermúdez, alcalde de Santa Cruz, ha propuesto la nueva ciudad que va a ganar la capital en los terrenos que hoy ocupa la Refinería como zona idónea para un nuevo intercambiador. Es un desarrollo urbanístico, de todos modos, al que todavía le queda un largo recorrido por delante.

Más allá del puestito de perritos calientes y del de cupones de la ONCE, en medio del andén superior, la cola más larga es de la línea 111 a Costa Adeje. Entonces se forma un tapón, que irá moviéndose a lo largo del día a medida que lleguen la 111, la 10 al aeropuerto del sur, la 122 a Candelaria o la 015 a La Laguna. «¿Esta es la cola de la 108?», pregunta un joven que va a Icod. n

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