El comedor de La Noria ofrece 35.000 almuerzos a vulnerables en un año
Entre los recursos asistenciales que tienen las Hijas de la Caridad destaca el asesoramiento jurídico y las acciones sociales para facilitar la inserción

Un grupo anima la Navidad a usuarios del comedor social. / El Día

La comunidad de las Hijas de la Caridad que regentan el comedor social de La Milagrosa, en la céntrica calle La Noria de Santa Cruz de Tenerife, ofreció 34.832 almuerzos el pasado año. Es el dato más llamativo del balance que realiza la congregación religiosa, que el próximo año cumplirá 40 años ofreciendo esta prestación, después de reorientar y actualizar su servicio a la sociedad capitalina, que comenzó en 1880, con su implantación en Canarias marcada por dos objetivos: atender a los más necesitados y fomentar la educación y la asistencia social.
Coincidiendo con las pasadas fiestas navideñas, las religiosas distribuyeron entre personal, voluntarios, proveedores y profesionales que complementan su prestación una felicitación que es toda una declaración de intenciones para «ofrecer un mejor servicio a los que lo han tenido más difícil». El pasado año, el comedor ofreció una media de 112 almuerzos durante 311 días. Y, parafraseando la cita bíblica, como no solo de pan vive el hombre, su ayuda a los colectivos más vulnerables también prestó 4.320 servicios de ducha, lavandería y ropero, lo que al día se traduce en una media de 132 usuarios.
Atención social y economato
La directora técnica de la institución de la calle de La Noria, Elsa de Armas –que comenzó como trabajadora social hace cinco años y está al frente de dicha responsabilidad desde marzo de 2024–, explica que la oferta asistencial del comedor La Milagrosa incluyó el pasado año el asesoramiento desde la unidad de trabajo social para 320 personas, dando cobertura a 52 familias desde el economato social. Este recurso se implantó para paliar la incidencia del Covid, en 2020, con el objetivo de facilitar el «regreso a la normalidad» de unidades familiares y «amortiguar» el coste de la vida.
Ayudas básicas y de emergencia social
En ese empeño por ayudar a los más necesitados, desde el comedor social La Milagrosa también se ha contribuido a costear las gafas a 23 personas y se ha facilitado el tratamiento bucodental mediante una treintena de ayudas con la implantación de un proyecto que permitió otorgar ayudas de emergencia social. También se entregó cobertura de medicamentos a 44 beneficiarios al mes, así como doce ayudas destinadas a costear el alquiler de familias o apoyo para la adquisición de mobiliario.
Formación y asesoramiento jurídico
Con el objetivo de no solo dar alimento sino facilitar los medios, desde la comunidad religiosa de las Hijas de la Caridad se ha desplegado un programa de formación, como tres cursos de competencias digitales o dos de capacitación y orientación profesional, que incluso han incluido prácticas en empresas. La cobertura de la programación que diseña y supervisa Elsa de Armas, bajo la tutela de la superiora de la congregación, sor Clotilde del Pino, abarca 73 asesoramientos jurídicos, que incluyen desde ocho regulaciones laborales a diez expedientes tramitados en materia de vivienda o veintiuna renovaciones de tarjetas de residencia.
Atención integral y actividades personales
En la parte más asistencial en primera persona, se desarrollan talleres de gestión emocional, yoga, pilates, servicios de peluquería y actividades culturales, entre ellas el coro que comenzó ensayando bajo la torre de la iglesia de La Concepción y que ha cobrado cuerpo hasta el punto de contar con un profesor que los instruye una vez a la semana.
Un modelo de intervención multidimensional
En medio de esta lluvia de números, la directora técnica del comedor social destaca la adaptabilidad en los modelos de intervención social: lo que comenzó con servicios asistenciales se ha convertido en un modelo con un enfoque multidimensional y coordinado para resolver de forma eficaz problemas sociales complejos, «de ahí la incorporación en el equipo de, además del trabajo social, otras disciplinas como la abogacía y la psicología y nuevos servicios para abordar distintas áreas de la persona».
Dentro de este incremento de la cobertura asistencial destaca el refuerzo de los proyectos de asistencia jurídica y social para dar respuesta a las nuevas demandas.
Un equipo comprometido
La multiplicación de manos es una realidad en el comedor social. Junto a sor Clotilde del Pino, otras tres Hijas de la Caridad se trasladan a diario desde La Orotava para atender a los más vulnerables, después de que decidieran, tras las obras realizadas hace un año, establecerse en la referida casa de la comunidad situada en la Villa norteña y poner su anterior residencia a disposición de otro recurso asistencial que desarrolla la Fundación del Buen Samaritano, un proyecto intergeneracional donde conviven una decena de jóvenes y personas mayores que precisan atención.
Junto a las cuatro religiosas, ocho trabajadoras del comedor cubren desde la atención social hasta la lavandería, cocina, limpieza, ropero o la administración. Además, cuentan con una abogada, un psicólogo y empresas de formación laboral para garantizar una atención integral.
Mano de obra voluntaria
Dentro de ese espíritu solidario y altruista, juegan un papel fundamental la treintena de voluntarios que se organizan para que los usuarios puedan recibir atención.
Una labor que se remonta a 1880
Las Hijas de la Caridad llegaron a Canarias en 1880 con una misión clara: atender a los más necesitados y promover la educación y la asistencia social. Su desembarco marcó el inicio de una labor silenciosa pero decisiva que dejó una profunda huella en la sociedad canaria, a través de la creación y gestión de centros educativos y sanitarios que transformaron la vida de miles de personas, recuerda sor Clotilde del Pino. A su llegada, las religiosas se establecieron en el entonces Hospital Civil, donde residieron y desarrollaron su trabajo asistencial hasta su posterior traslado al Hospital Universitario de Canarias. Desde aquellos primeros años, las Hijas de la Caridad compartieron su vida entre la atención hospitalaria y el acompañamiento humano.
De la escuela al comedor social
Junto al referido centro sanitario se puso en marcha una escuela en la calle La Noria, número 5, para formar a niños y jóvenes del entorno, hasta 1960, cuando, debido a la evolución del sistema educativo, cerró sus puertas. Años después, se adaptaron a una nueva realidad social en Santa Cruz. Con las reformas en el ámbito de la salud mental y la implantación del sistema de puertas abiertas, muchos pacientes psiquiátricos salían de los centros, pero no regresaban, quedando en situación de abandono. La comunidad se cuestionó entonces qué hacer por ellos y cómo ayudarles. Muchas de las religiosas conocían la situación, pues los habían atendido anteriormente, y se emplearon en la búsqueda de una respuesta concreta.
En 1987 solicitaron la reforma de la antigua casa y se puso en marcha una nueva labor social centrada en la atención básica: comedor, duchas y acompañamiento. Todo el proyecto fue impulsado inicialmente por la propia comunidad religiosa y, con el tiempo, se consolidó como una iniciativa de referencia en la ciudad. Nació así el Comedor Obra Social La Milagrosa, con el reto de estar al lado de los más vulnerables y responder a las necesidades de cada época.
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