Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

"¡Mamá, son los reyes magos!": la lluvia no agua la Cabalgata a los niños de Santa Cruz

"La Cabalgata de Reyes más bonita en años y va y llueve", dijo Carmen Salas, vecina de El Toscal, a su madre al paso del cortejo por Ramón y Cajal

Cabalgata de Reyes en Santa Cruz

El Día

Humberto Gonar

Humberto Gonar

«Para una vez que hacen una Cabalgata tan bonita, va y llueve». Fue la reflexión que compartía Carmen Salas, vecina del barrio de El Toscal, cuando se dirigía con su sobrina María, de 12 años, y su madre, de 84, al término del desfile de los Reyes Magos.

¿Se suspende el acto?

Como quien pregunta a los niños qué le piden a Sus Majestades de Oriente, la cuestión más reiterada desde primera hora de la mañana de ayer en Santa Cruz fue: ¿Y suspenden el acto del estadio? Y cuando finalmente se celebró, con una función exprés, surgió la siguiente duda por resolver: «¿Saldrá la Cabalgata?».

Si todos los días de Reyes son mágicos, esta víspera no lo fue menos, por más que la organización encontrara en acortar los tiempos la clave para evitar que el agua desluciera la fiesta. Álex Suárez, padre primerizo y vecino del barrio de Chimisay, reflexionaba: «No recuerdo un día en el que lloviera tan seguido. ¿Hubieran suspendido las clases con esta agua?».

Controles y quejas en los accesos

En el control de acceso, algunos padres mostraron su indignación porque, como ocurrió en la puerta 8 del estadio, se estableció un control para llevar a término las medidas de seguridad que se aplican en los partidos oficiales de fútbol, lo que obligó a la mayoría a dejar las botellas de agua que llevaban en sus mochilas. «No sabía yo que se jugaba hoy el derbi», comentó Dani García, que había acudido acompañado de sus sobrinas.

Los deseos antes del espectáculo

Antes de las cinco de la tarde, cuando comenzó el espectáculo de acogida rumbo al estadio, Ana, de dos años, decía entre dientes y en brazos de su padre que pediría a los Reyes un peluche, mientras que Óliver confiaba en encontrar junto a su zapato, la mañana de este 6 de enero, unas pistas de carrera con una gasolinera. Neyla, también de cuatro años, esperaba recibir un horno. «Me he portado un poquito bien», admitía mientras miraba con gesto cómplice a su madre, vecina de El Sobradillo.

Una espera animada bajo la lluvia

Después de una espera de una hora desde la apertura de las puertas del estadio, y con padres y familiares como principales animadores de la antesala de la llegada, al ritmo de los cánticos «¡Que venga Melchor!, ¡que venga Gaspar!, ¡que venga Baltasar!», comenzó el espectáculo. Cinco minutos antes de las cinco de la tarde salieron al recinto los casi 2.000 componentes de los grupos coreográficos, muchos de ellos con capas chubasqueras, lo que provocó una ovación en el estadio. Su presencia anunciaba el inminente inicio del acto de acogida.

Tardaron más en salir al césped los integrantes del grupo Pica Pica que la lluvia en ganar intensidad. Ni cinco canciones les dio tiempo de interpretar. Los pequeños bailarines, que aguantaron el chaparrón estoicamente como auténticos profesionales, tuvieron que sortear 20 minutos de aguacero gracias a que la directora del espectáculo, Paula Álvarez, adelantó sobre la marcha el paso del helicóptero, que sobrevoló el estadio en dos ocasiones.

El helicóptero, decisión clave

Fueron dos minutos que parecieron una eternidad para el gabinete de crisis improvisado por la responsable artística junto al concejal de Fiestas, el alcalde y el enlace con el helicóptero que aguardaba en el césped. «¡Que venga ya el helicóptero!», fue la decisión adoptada en petit comité y celebrada por el estadio: de las 18.000 localidades vendidas, asistieron dos tercios al recibimiento.

El corazón de Josua Álvarez, de cinco años, se aceleró por momentos, pero casi más el de su madre, Carmen Álvarez, que con su mano guiaba el rostro del pequeño para que no perdiera detalle en el primer año que acudía al estadio Heliodoro Rodríguez López.

La llegada de Sus Majestades

Tras dos pasadas por el cielo del helicóptero, a las cinco y veinte los Reyes Magos ya estaban sobre el césped del estadio, cada uno en un escarabajo descapotable, para dirigirse hasta el centro del terreno de juego, donde el alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez, les entregó la llave mágica de todos los hogares de la capital. El rey Gaspar, segundo en intervenir, recordó al público infantil que la lluvia no podría con los Reyes Magos y se comprometió a visitar esa noche todos los hogares.

A partir de ahí, Sus Majestades de Oriente dieron la vuelta al Rodríguez López, justo en el momento en que amainó la lluvia. Caraballero reconoció que dos de los pajes que lo habían acompañado durante toda la jornada —Jesús Gómez y Vicky Palma, expertos en previsiones— le habían advertido de que a las cinco de la tarde «se abría una ventana» hasta las nueve de la noche. «Y se abrió a las cinco y media», dijo entre resignación y alivio, con la esperanza de que la tregua se prolongara hasta la Cabalgata.

El Rodríguez López acogió así el espectáculo de acogida más rápido de la historia para dar paso al desfile, cuyo inicio se mantuvo a las siete de la tarde, con la confianza del equipo artístico de completar el recorrido en dos horas desde la avenida de Bélgica hasta la Candelaria.

Comienza la Cabalgata

No eran aún las siete de la tarde cuando el jeep de Protección Civil pasó por la plaza de San Fernando, en el barrio de Duggi, anunciando el comienzo inmediato de la Cabalgata. Y volvió la lluvia. En el muro de los jardines, el pequeño Juan Manuel Bello, sentado con sus primos, reconocía entre la comitiva a Alicia, los 16 grupos coreográficos, las diez comparsas y, sobre todo, las cuatro fanfarrias y el quinteto de jazz que animaron el desfile real.

Carrozas y personajes

Santa Cruz puede presumir de una Cabalgata con carrozas tematizadas, a diferencia de las que en el pasado se adornaban únicamente con cables de luces y guirnaldas. Abriendo el desfile, Mickey Mouse y Minnie, en un deportivo, seguidos por plataformas móviles de La Bella y la Bestia, entre bailarines que daban vida a árboles de Navidad o sobres, al son de villancicos. También estuvo presente La Sirenita en una noche lluviosa y destacó la carroza de los superhéroes, incluso en formato hinchable.

A ellas se sumaron otras propuestas, como Lilo, los Minions y las Supernenas, que dieron paso a Pumba, de El Rey León y, de cierre, una bruja al estilo de Maléfica.

Un cierre con caramelos y música

Fue un alarde de decoración que ganó realce gracias a los cinco colectivos musicales que hicieron cantar y aplaudir al público, mientras los soldados de Toy Story de Diablos Locos repartían caramelos y una nutrida presencia de pajes acompañaba a los Reyes Magos Melchor, Gaspar y Baltasar, cada uno en una carroza precedida por una estrella. Media hora tardó en pasar el cortejo por la plaza de San Fernando y Sus Majestades no perdieron fuelle. Antes de finalizar la Cabalgata, que tardó un total de dos horas, incluso Melchor atendió la solicitud de los parroquianos de El Pilar, que le pidieron botar sobre la carroza, ya en la recta final rumbo a la plaza de la Candelaria.

La huella de Juan Viñas

Entre los participantes estaba Nena Viñas, hija de Juan Viñas, figura clave durante más de treinta años en la organización de la cabalgata y antiguo gerente del Organismo Autónomo de Fiestas. A sus 91 años, él descansa en casa; ella observaba el desfile con orgullo. «Ha ido ameno y sin paréntesis, como le gustaba al viejo», decía con una sonrisa.

Acabó el desfile. La lluvia aflojó por momentos. Unos se fueron al mercado a terminar la noche y otros regresaron a casa para esperar el paso de Sus Majestades en el día más mágico del año.

Tracking Pixel Contents