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De las uvas en familia a la plaza de España con 'olor' de Carnaval: así arrancan los tinerfeños el 2026

Los churros, en vías de extinción este primero de año, el producto más codiciado por el público veinteañero que se adueñó de Santa Cruz

Amanecida en las calles de Santa Cruz en Año Nuevo

Andrés Gutiérrez

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Un ritual no escrito se impone cada fin de año: las familias se decantan, con cena o no, por despedir 2025 y salir en las primeras horas de Año Nuevo con los amigos, ya sea a la multitudinaria fiesta de la plaza de España, punto de encuentro incluso para muchos laguneros que “bajaron” a Santa Cruz. Los más privilegiados decidieron sumarse a fiestas privadas, como las que se desarrollaron en la trasera del Auditorio, por hasta 80 euros si se adquiría una entrada en el backstage; en la discoteca Gekko (antiguo Taco), en el Parque Marítimo, por 65 euros; y la más selecta, en el Club Náutico de Tenerife, por 95 euros. Eso sí, con barra libre, todo un consuelo para amortizar la inversión.

Churros, una tradición en peligro

Y para “coronar” el nuevo 2026, unos churros, tradición que parece estar en vías de extinción, no por falta de demanda pero sí de oferta. Con el establecimiento del Mercado Nuestra Señora de África cerrado, La Tradicional se convirtió en el referente de la zona aledaña al puente Serrador, con otro “altar” de codiciada masa en la avenida Buenos Aires. En la plaza del mercado de La Laguna, este Primero de Año solo se vendían ruedas, de entre diez y quince euros; eso sí, con una advertencia: no se picaban. Como gesto de excelencia en la oferta, se incluía chocolate, cortados, cafés y bebidas frías… para llevar, porque las mesas permanecían clausuradas.

Una madrugada tranquila y una limpieza ejemplar

Fue una madrugada tranquila, protagonizada por un público veintañero, que dio paso a una exhibición del servicio de limpieza, tanto de Valoriza en la plaza de España y aledaños como de Urbaser en el caso de La Laguna. Se había anunciado la llegada de la tormenta Francis a las siete de la mañana del primer día de 2026, y lo más parecido fue la tormenta “Sopladera”, gracias al artilugio del que se valían los operarios para reunir los restos de la fiesta de bienvenida al nuevo año mientras otra maquinaria intentaba erradicar el 'olor a Carnaval' que imperaba en los recovecos de la plaza de la Candelaria..

De la mesa familiar a las campanadas

La despedida de 2025 comenzó para algunos con almuerzo familiar, en el que incluso se hizo sitio a amigos del entorno. Fue el caso de los González Hernández, que se reunieron en un restaurante de la capital para luego establecer el “campamento” en casa de la abuela, en Salud Bajo. Tras un alto amenizado por partidas de parchís —con tregua para cargar pilas—, regresaron al domicilio para afrontar las campanadas y cumplir otra parte de la tradición: en Canarias se recibe el año con veinticuatro campanadas; a las once, las de la Península; y a medianoche, las locales. Luego, brindis por los que están y por los que acompañan desde otro lugar este año... Paso siguiente, unos para El Sauzal, otro para la fiesta del Náutico, otros a descansar mientras muchos ya se habían congregado en la plaza de España.

Operarios del servicio de limpieza borraron el rastro de la fiesta en la plaza de la Candelaria.

Operarios del servicio de limpieza borraron el rastro de la fiesta en la plaza de la Candelaria. / Andrés Gutiérrez

El Año Nuevo, entre tranvía y fiesta

Tras las uvas en familia y el correspondiente brindis, comenzó el éxodo al encuentro del Año Nuevo. Fue el caso de Diego Hernández y Darío Hernández, de 17 años y compañeros de segundo de Bachillerato del Instituto Cabrera Pinto, en La Laguna, que quedaron a las doce y media en la parada del tranvía de la avenida Trinidad y pusieron rumbo a la plaza de España y la zona de la Alameda, donde disfrutaron hasta las seis de la madrugada de un ambiente tranquilo. “Sin ninguna bronca”, precisó Diego, que el próximo febrero alcanzará la mayoría de edad.

El tranvía a tope

Desde la medianoche hasta las tres de la madrugada, el tranvía bajaba ocupado al cien por cien a Santa Cruz, con el consiguiente trastorno para aquellos que aguardaban en algunas de las paradas comprendidas entre Trinidad e Intercambiador de la capital, que tuvieron que esperar hasta dos horas para poder acceder a algún transporte guiado. Ya de regreso, con el llamado 'paseo de loz zombies', la parada del tranvía a la altura del teatro Guimerá estaba desbordada desde las siete de la mañana para regresar a La Laguna; mientras algunos decidieron emprender el regreso a casa, a otros les quedó ánimos para un 'after' en la discoteca El Palco, en la avenida Trinidad.

Muchos echaron de menos que no se pusieran en marcha los tranvías dobles, como ocurre en la época de Carnaval.

La búsqueda final del churro

De regreso a Aguere, tocaba cumplir otro de los rituales del Primero de Año: los churros. Una misión casi imposible. Cerrados El Buen Paladar, la particular “catedral” lagunera de esta delicia, y también la Casa del Churro, en San Agustín, los jóvenes se sintieron afortunados al ver satisfechas sus expectativas en la plaza de la Navidad, junto al Cristo, antes de regresar a casa para disfrutar del merecido descanso.

Colas en la churrería de Valentín Sanz en la madrugada de Primero de Año.

Colas en la churrería de Valentín Sanz en la madrugada de Primero de Año. / Andrés Gutiérrez

Lo que el churro ha unido...

Mientras unos se marchan, otros llegan a la plaza del Cristo en busca de los churros. A la puerta del establecimiento, un cartel anuncia que solo se pueden adquirir tres tipos de rueda. Como si de un ring de boxeo se tratara, por un lado estaban Paula Rodríguez y su amiga Sofía -que evitar dar el apellido para preservar su intimidad-, ambas de 21 años, que se organizan y proponen compartir manjar con los treintañeros Eduardo González y Rubén Quintana.

Paula -dicharachera ella porque tiene que contarle muchas cosas al mundo, dice- está de regreso con Sofía de la fiesta celebrada en la discoteca Gekko, en el Parque Marítimo de Santa Cruz de Tenerife. Estudiante de Medicina, en Barcelona, regresó por Navidad al domicilio familiar, en La Manzanilla, donde espera que la lleve su hermano después de disfrutar de los churros y chocolate que disfrutan en un banco a la entrada del mercado. "No te los dan ni cortados", se lamenta, mientras Sofía, que estudia Derecho, no oculta su recepción cuando destapa el vaso reciclaje... "Encima es con leche", se lamenta.

Amigas de instituto, cuentan que se decantaron por la fiesta privada en Santa Cruz en vez de ir a algunas de las que se organizan en el Sur por el riesgo que supone coger la autopista una madrugada de Año Nuevo.

Edu y Rubén, compañeros de rueda de churro de Paula y Sofía, cultivan una amistad que se inició en el colegio de La Cuesta, donde residente. El primero de cuna gomera, es productor de eventos; el segundo, Rubén, vinculado al transporte logístico.

Churrería La Tradicional, punto de encuentro de centenares de jóvenes al término de las fiestas de final de año en Santa Cruz.

Churrería La Tradicional, punto de encuentro de centenares de jóvenes al término de las fiestas de final de año en Santa Cruz. / Andrés Gutiérrez

Santa Cruz sin churros por Año Nuevo

En la operación regreso a casa tras la Fiesta fin de Año, algunos de cuantos bajaban de La Laguna recurrían al móvil en busca del horario de la churrería que les permitiera 'coronar' la madrugada. Con el establecimiento del mercado cerrado, cotizaba al alza La Golosa, en la avenida Buenos Aires, donde el churro cotizaba a 50 céntimos la unidad quien no se acogía a la ración, como ofertaba, por 1,5 euros. Pero la máquina petó... Fue la primera que abrió en la capital, a las cuatro y media de la mañana; no había comenzado a freirse la primera rueda y ya había un centenar de jóvenes sentados en las escaleras de la rotonda, la mayoría son esmoquin en fase recogida.

Junto al puente Serrador, La Tradicional, reunió a centenares de jóvenes. Fue el caso de Alexander, de 23 años y vecino de Santa Cruz, que compartía conversación con Rodrigo, de Tíncer y 27 años, y Marta, de Tacoronte y 21. Ellos bajaron a la plaza de España después de partir el año en familia y aseguran que las tres de la mañana fue el momento de mayor aglomeración en la plaza de la Candelaria.

Carlota Laclaustra, Paula Afonso, Luis Ramos, Alberto Moreno y Óscar García, amigos desde su etapa en el colegio de las Dominicas.

Carlota Laclaustra, Paula Afonso, Luis Ramos, Alberto Moreno y Óscar García, amigos desde su etapa en el colegio de las Dominicas. / Andrés Gutiérrez

A la cola de los churros de Valentín Sanz, el grupo de amigos formado por Luis Ramos, Alberto Moreno, Paula Afonso, Óscar García, todos de 21 años y antiguos alumnos del colegio de las Madres Dominicas, en Vistabella, que sumaron a amigos de sus amigos, como Carlotta Laclaustra y Erica Telfer.

Los amigos de Luis Ramos

Luis Ramos, vecino de Radazul, explicaba que al término de la cena familiar quedó a la una y media con el resto de compañeros, quienes habían adquirido por 95 euros la entrada de la fiesta del Club Náutico, a la que se incorporaron a la una y media de la madrugada. Estudiante de Física en Granada, disfrutó de la noche con Alberto, que cursa Ingeniería Civil en la Universidad de La Laguna. Paula, otra de las integrantes del grupo, se benefició de las cosas buenas de tener padres separados: cenó con su madre en Radazul y al término de la fiesta ya en Santa Cruz, descansaría en la casa de su padre.

Alumna de Arquitectura en Madrid compartía con el resto de compañeros que la fiesta se les hizo corta, por más que acabó a las seis de la mañana. Eso sí, sacó cuentas y asegura que con los siete cubatas que pidió amortizó gracias a la barra libre el coste de la entrada al Náutico.

Entre los antiguos alumnos de las Dominicas que acordaron salir juntos este fin de año, Óscar García, hijo de Tere, la profesora de toda la vida de Infantil del mismo colegio. Músico, percusionista, timbalero en la Orquesta Comunitaria de Gran Canaria y también de la Sinfónica de la misma Isla disfruta del reencuentro con los amigos por Navidad.

Uno de los jóvenes que regresa a casa tras la fiesta de Fin de Año.

Uno de los jóvenes que regresa a casa tras la fiesta de Fin de Año. / Andrés Gutiérrez

Paula presenta a una de sus amigas en esta noche de marcha, Carlotta Laclaustra, antigua alumna del colegio Hispano Inglés, que estudia ADE y Marketing en la Universidad Europea. Ella disfrutó de la fiesta que organizó Farra en la trasera del Auditorio y muestra su satisfacción por el buen rato disfrutado. "Pensé que iba a ser más corta" y apunta que tenía dos escenarios, uno de reggaeton y otro, tecno. También acompaña al grupo Erika Telfer, alumna de Empresa y Tecnología en Madrid, donde hace prácticas en Prime. Quedó en la calle de La Marina con su amiga Irene, y fueron juntas a la fiesta del Náutico a "pijotear", como dicen sus amigos.

En medio de más de un centenar de jóvenes vestidos de esmoquin, ellos, y vestidos de noches, ellas, llama la atención la presencia a las ocho de la mañana de un joven padre, enfundado con ropa deportiva y sus bebé en el carrito, que se sorprendió al girar la calle que bajaba y ver a toda la 'chiquillería'. Pero su mujer le mandó a comprar churro, y allí lo hizo él como un campeón.

Santa Cruz vivió una madrugada joven, que poco después de las ocho de la mañana había borrado la huella de la fiesta en la plaza de la Candelaria, mientras la mayoría ya 'dormía la mona'. Feliz 2026.

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