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Los cuatrillizos de Salud Alto, en Santa Cruz de Tenerife, cumplen 55 años

Vicente y Emérita ya tenían tres hijos cuando nacieron Belén, Domingo, Mercedes y Alicia. Le anunciaron que venían trillizos y al saber que eran cuatro el padre cayó desmayado. Es la historia de una familia feliz pese a la precariedad.

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

Llamar la tarde del domingo 28 de diciembre a Alicia, una de los hermanos cuatrillizos del barrio de Salud Alto —tres chicas y un varón— que reside en Valencia, para felicitarla por su 55 aniversario y plantearle un reportaje por la efeméride, lleva a temer la inocentada… Pero, para broma propia de los Santos Inocentes, la que se llevó su padre, Vicente García García: le anunciaron que venían tres bebés y, al término del parto, le confirmaron el cuarto. Tardó más el doctor en comunicarlo que el progenitor en desmayarse.

Un hecho sin precedentes en Canarias

La tarde del 28 de diciembre de 1970, el antiguo Hospital de La Colina acogió un hecho sin precedentes en las Islas, según crónicas de la época: el primer parto de cuatrillizos de Canarias. Emérita Ángel Torres dio a luz a Belén, Domingo, Mercedes y Alicia, cuando en casa ya había tres hijos más: Encarnación, entonces con 9 años; Vicente, de 8, y José Antonio, de 6.

Una radiografía impensable hoy

Encarna —El Libro Gordo de Petete para sus hermanos por su memoria privilegiada— recuerda la preocupación que rodeó el embarazo porque su madre, menuda, presentaba una barriga desproporcionada para los meses de gestación. Los ginecólogos Domingo Méndez y Francisco Montes de Oca decidieron practicar una radiografía —hoy impensable— y detectaron tres bebés. El cuarto, Alicia, no se vio.

Imagen del último cumpleaños celebrado por los cuatrillizos con su madre, Emérita Ángel, en 2023.

Imagen del último cumpleaños celebrado por los cuatrillizos con su madre, Emérita Ángel, en 2023. / El Día

«No tuvo tres, tuvo cuatro»

El día del parto, Encarna se encontraba en casa de su abuela, en Lomo Las Casillas (Los Campitos), cuando su padre regresó de la clínica. «Le dijo a mi abuela: “Vieja, la Niña —así llamaba a Emérita— no tuvo tres, tuvo cuatro”». La familia vivía en un cuarto dividido en dos y una cocina exterior, sin agua corriente. La pregunta era dónde iban a meterse con cuatro bebés.

Nacer sin incubadoras

Los cuatrillizos nacieron con ocho meses y poco peso, sin incubadoras. No existían. Fue vital la ayuda familiar y vecinal. Una prima acogió a Emérita durante semanas para poder atenderlos. «Mi madre estuvo meses encerrada en un cuarto, día y noche, turnándose para alimentarlos y mantenerlos calientes», explica Encarna.

Hasta cien pañales diarios

Hasta cien pañales diarios se llegaron a lavar; entonces no existían los de tirar… Cuando uno enfermaba, enfermaban todos. El pediatra acudía a domicilio y hubo ingresos hospitalarios simultáneos. «Fue precioso, pero muy duro». La relevancia del acontecimiento movilizó a instituciones y colectivos, como el Club de Leones. A la postre, las tres niñas estudiaron becadas en el Hogar Escuela y el pequeño, en el colegio Cervantes.

Una casa para siete hijos

Cuando los cuatrillizos ya tenían seis meses, la familia, nacida en la calle de La Noria, se estableció en una de las Mil Viviendas de La Salud tras unos meses en Lomo de Las Casillas. La casa tenía tres habitaciones: una para los niños, otra para las niñas y la tercera, para el matrimonio. A la pregunta de cómo recuerda aquella etapa, Encarna sentencia: «No había tiempo para pensar, solo para hacer». Eso sí, su infancia fue «divina, ruidosa, llena de vida».

Padrinos ilustres

Los bebés fueron apadrinados por autoridades de la época en una celebración que presidió el obispo de la Diócesis, Luis Franco Cascón: Belén, cuyo nombre fue sugerido por periodistas y aceptado por la madre, fue apadrinada por el gobernador civil, Gabriel Elorriaga; Domingo, por el capitán general de Canarias, José Angosto Gómez-Castrillón; Mercedes, por el alcalde de Santa Cruz, Javier de Loño Pérez; y Alicia, por el presidente del Cabildo, José Miguel Galván Bello.

Una madre ejemplar

La separación de los padres no rompió la paz familiar, pero sí obligó a la madre a cargar con todo el peso», cuenta Encarna. Emérita no le hizo asco a nada: trabajó en peluquería, limpieza, sanidad exterior y colegios, sacando adelante sola a siete hijos. «Nunca la vimos rendirse ni triste»; el padre, Vicente, falleció en 1983.

«Aunque hubiera poco, la magia nunca se perdía»

Belén asocia su infancia con una casa siempre llena. «Éramos muchos y nunca estaba vacía». «No nos sobraba nada, pero salimos adelante». Cuenta el crédito en una zapatería que permitía regalar por Reyes un calzado que debía durar todo el año. «Aunque hubiera poco, la magia nunca se perdía».

«La alegría pesaba más que la carencia»

Domingo, el único chico de los cuatrillizos, define su infancia como «increíblemente bonita, hermosa y divertida», marcada por el juego en la calle, las pandillas del barrio y su familia. No oculta las dificultades, pero «la alegría pesaba más que la carencia». El Día de Reyes era una celebración colectiva en la que lo importante no era el regalo, sino compartirlo.

La alegría del bloque

Para Alicia, la sorpresa del parto, su infancia es sinónimo de Salud Alto y sus vecinos, además de escapadas a Los Campitos y Lomo Las Casillas. Recuerda una casa caótica, biberones confundidos, vecinos bajando a ayudar y una madre que nunca se rindió. «Éramos la alegría del bloque», afirma. Agradece a los vecinos y precisa que los servicios sociales enviaron apoyo y ampliaron el tiempo de ayuda en casa.

Un reencuentro pendiente

Alicia es la única que reside fuera de Tenerife, adonde llegó por trabajo y se quedó por amor. «Me enamoré de Valencia, pero nunca dejé Tenerife», afirma. Emérita, con siete hijos, nueve nietos y dos bisnietos, celebrará el próximo 31 de enero 87 años, la excusa perfecta que ya planifica la familia para el reencuentro.

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