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Martagón: cómo vivir en una calle sin asfalto ni servicios en Santa Cruz de Tenerife

La cara oculta de la expansión de Santa Cruz de Tenerife, la calle Martagón, en el pueblo de El Tablero, en el distrito Suroeste. Los vecinos edificaron hace setenta años y desde entonces nunca han asfaltado la vía; sin acera, ni alcantarillado, ni alumbrado... El Ayuntamiento busca una solución que se resiste.

Entrada a la calle Martagón por la parte baja; se localiza en el pueblo de El Tablero, en el Suroeste de Santa Cruz.

Entrada a la calle Martagón por la parte baja; se localiza en el pueblo de El Tablero, en el Suroeste de Santa Cruz. / Arturo Jiménez

Humberto Gonar

Humberto Gonar

Santa Cruz de Tenerife

La historia de la calle Martagón, en el distrito Suroeste de Santa Cruz, parece más propia de un cuento de príncipes –en este caso duques–, si bien su devenir se ha tornado en un escenario más propio de una película del Oeste, de no ser por las escorrentías que se forman con las lluvias del invierno, lo que provoca a veces que los niños lleguen embarrados al colegio. Y es que todavía hoy, en el siglo XXI, esta vía sigue siendo de tierra y carece de los servicios básicos. Para algunos, una imagen nostálgica del ayer, cuando llovía; para otros, la consecuencia del olvido en el que viven más de veinte familias –unas sesenta personas– en el pueblo de El Tablero.

De Ávila a Tenerife

Luis de Sande González, vecino desde la distancia —alterna su presencia en la zona cuando regresa de su domicilio en la Península—, recrea de forma novelada el origen de este asentamiento. «En 1941 llegó a Tenerife una familia procedente de Ávila, que había ejercido funciones de guarda en tierras de la ribera del río Alberche, al servicio de un duque. Tras el fallecimiento de su guarda, este decidió trasladar a parte de su servicio personal a las Islas Canarias».

La niña creció en Cuevas Blancas, en lo que hoy es el espacio comprendido entre Barranco Grande y El Chorrillo, por encima de Santa María del Mar. Allí creció junto a sus hermanos y, con mucho esfuerzo, lograron comprar un terreno más cerca de El Tablero, en la zona del barranco del Guirre», narra el doctor De Sande González. Esa niña de la que habla es su madre, Lucía de Sande Burquillo, que con 14 años se trasladó desde Madrid, en la España de rojos y azules.

Martagón

Martagón / Arturo Jiménez

El origen de Martagón

La propia Lucía de Sande fue, a la postre, junto a su esposo Basilio González Toledo, la primera moradora de estos terrenos localizados en el camino viejo de El Tablero, para unos parte de El Chorrillo, para otros El Pilarito o las Laderitas del Pilar. A Martagón nunca ha llegado el asfalto. Ni antes de 1975, cuando El Tablero estaba dentro del término municipal de El Rosario, ni después, con la cesión a Santa Cruz de Tenerife.

Según relatan los vecinos más antiguos, se trata de un antiguo camino real, de origen incluso guanche, utilizado durante generaciones para conectar zonas de cultivo y acceder a fábricas y fincas. En 1955 llegaron las primeras viviendas estables. Entre ellas, la del padre de uno de los actuales residentes, Feliciano Torres Alonso, que se asentó cuando no había más que tierra agrícola.

Una vía sin reconocimiento

Entonces, Martagón era una vía de paso entre El Tablero, Machado o El Centenillo. No había carretera asfaltada, ni servicios, ni reconocimiento administrativo. Solo terreno fértil, trabajo y la necesidad de levantar una casa cerca de los cultivos. Luis de Sande acredita un documento «de reconocimiento de la calle dentro del inventario del municipio de Santa Cruz».

El mantenimiento ha corrido siempre a cargo de los propios residentes. Cada año, cuando las lluvias se llevaban el picón y dejaban al descubierto las piedras, los vecinos allanaban el camino con medios rudimentarios: arena volcánica, palas, incluso maquinaria alquilada entre todos.

Promesas incumplidas

Los vecinos conservan recortes de prensa de campañas electorales en las que se anunciaba el asfaltado de la calle y se denunciaba públicamente su abandono. Décadas después, la situación apenas ha cambiado. Pagan el recibo de la basura, pero deben llevar los residuos a otros puntos del barrio. Algunos vecinos no tienen agua corriente y se abastecen de estanques de riego. La luz llegó en los años setenta, gracias a gestiones vecinales y contactos personales para sortear la autoconstrucción.

A la precariedad de los servicios se sumó un nuevo frente: la presión urbanística. «Grandes propietarios adquirieron terrenos colindantes, modificaron trazados en el Catastro y llegaron a cuestionar la existencia misma del camino», aseguran algunos de los mayores, que advierten: «Un camino público no puede desaparecer porque alguien lo compre».

Martagón

Martagón / Arturo Jiménez

La versión municipal

Frente a esta realidad, el concejal del Suroeste y de Infraestructuras y Obras del Ayuntamiento de Santa Cruz, Javier Rivero, reconoce las carencias de Martagón, pero advierte de que no tiene una solución sencilla. Explica que en el Suroeste existen actualmente 28 calles de tierra con vecinos viviendo en ellas, una herencia histórica ligada a suelos que nunca llegaron a desarrollarse urbanísticamente.

En el caso de Martagón, la dificultad es mayor. La vía no figura en el planeamiento municipal, discurre mayoritariamente por suelo rústico y se encuentra próxima a la vía exterior, en una zona de protección, según la versión del concejal de distrito. «No es una calle que tuviera asfalto y se haya deteriorado; es que nunca lo ha tenido», subraya Rivero.

Un futuro incierto

El edil recuerda que, de haberse ejecutado la vía exterior tal y como estaba prevista desde hace años, la solución habría sido la expropiación de los terrenos. Pero esa infraestructura no se ha materializado y su futuro sigue siendo incierto. Mientras, el Ayuntamiento ha intentado sin éxito hasta en tres ocasiones intervenir en Martagón.

Rivero asegura que el Consistorio estudia «una última posibilidad jurídica» para ejecutar una pavimentación provisional que mejore las condiciones de la calle sin vulnerar la legalidad, aunque no quiere generar falsas expectativas.

Solo dignidad

Los vecinos no piden grandes obras, solo transitar su calle con dignidad. Unos pocos cientos de metros de asfalto, cemento u otro material estable que ponga fin a los baches que rompen sus coches o impiden el paso de una ambulancia, bomberos o incluso un taxi. No hay aceras ni calzada en la que aún llaman calle Martagón. Luis de Sande lo tiene claro: «de haber pertenecido ahora a El Rosario, ya nos habrían asfaltado».

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