Los ‘tricampeones’ del concurso coreográfico del Carnaval se independizan
Tras quince años en otra escuela, la coreógrafa impulsa su propio proyecto con 400 alumnos y 200 bailarines para el Carnaval: «la vamos a liar grande»

Diana Rucabado, en primer término, arropada por un grupo de alumnos que ha seguido sus pasos en los últimos tres años. / Andrés Gutiérrez

El número 34 de la calle San Francisco Javier, en pleno barrio de El Toscal, en Santa Cruz de Tenerife, es un incesante trajín de niños y jóvenes enfundados en equipaje deportivo que, tras superar una angosta puerta, van al encuentro de sus salas de baile en unas instalaciones que parecen no tener fin. Es una gran locomotora donde el éxito se alimenta con trabajo en ‘calderas’ de ensayos sin tregua para conseguir que todo sea maravilloso. O sea, Wonder.
La coreógrafa tricampeona del Carnaval
Así se llama la academia de danza que ha abierto Diana Rucabado, la coreógrafa que ha firmado los tres últimos primeros premios del concurso coreográfico del Carnaval de Santa Cruz. Tantos títulos como ediciones de la reconversión del festival en certamen.
Una vida marcada por el baile
La historia de Rucabado está escrita en pasos que marcan ritmo, vértigo y determinación. Llegó a Tenerife con apenas catorce años, de la mano de su madre y el destino de quien creció en una escuela de baile antes de elegir su nombre. «No había otra opción», dice con profundidad, mirando a los ojos y a sabiendas del peso de las palabras. Su madre, Alicia, inculcó la pasión por el baile en Diana.

Algunos de los componentes de Wonder. / Andrés Gutiérrez
En la isla pronto empezó a dar clases. Y a crear. Y a crecer. Pasó por Los Realejos, luego por el Puerto de la Cruz, después por Madrid para formarse, hasta que recaló en la academia de Santa Cruz LS Tribu, donde estuvo casi quince años. Era profesora, coreógrafa, responsable de los musicales, de los grupos de competición, de los festivales y, al final, de aquellos montajes que se convertirían en una firma. Allí nacieron —y ganaron— Alicia, Maléfica y Narnia, los tres montajes con los que conquistó lo más alto del pódium del concurso coreográfico.
Un salto al vacío… y al éxito
La independización —o poner en marcha su propia academia— ocurrió «de un día para otro». Tenía previsto abrir en septiembre, pero la relación en su antigua escuela se tensó y decidió acelerar los planes. El 1 de mayo pidió las llaves de un local sin reformar en El Toscal, pero, como les dijo a sus alumnos: «Chicos, no podemos más», y 200 jóvenes secundaron el proyecto.

Ensayos desarrollados en la academia Wonder. / Andrés Gutiérrez
Medio millar de alumnos
Con ella marcharon unos 200 bailarines, incluidos los grupos de competición. Hoy, entre inscripciones y nuevos cursos, son ya 400 alumnos en una academia que supera los 500 metros cuadrados repartidos en tres aulas. Para superar con éxito el triple salto mortal, cuenta solo en el estilo de danza urbana con seis profesoras; y no es la única modalidad que se imparte en Wonder, que ofrece la posibilidad de adentrarse en contemporáneo, barras y estilos latinos. La clave del éxito: disciplina e implicación casi familiar.

Pasión por el baile, marca del grupo Wonder. / Andrés Gutiérrez
Carnaval, un escenario gigante
Si la academia le permite impartir técnica, el Carnaval les garantiza una proyección sin precedentes. De cara a 2026, Rucabado sacará a escena 200 bailarines, una cifra que obliga a dividir ensayos: cachos aquí, montaje más amplio allá. Las madres y padres, convertidos en un departamento de producción improvisado, viven enfrascados en el diseño: cosen, encargan materiales y montan vestuarios... Los recursos económicos se suplen con ingenio.
Más que el disfraz, el secreto mejor guardado de Wonder es el personaje elegido para coreografiar luego un musical que defienden en un concurso coreográfico, donde compiten flamenco, urbano, gimnasia rítmica o lírico bajo la concesión de los premios de Interpretación y Presentación, desde 2022. A Rucabado ‘le va la marcha’. «Voy a liarla grande», anuncia.
Wonder: un nombre que también cuenta una historia
Wonder —el nombre de la academia— surgió también de esa mezcla entre lo artístico y lo biográfico. Un guiño a su madre, a Alicia, al imaginario con el que siempre ha jugado en sus montajes y con el que ganó su primer premio. Habla con claridad: este es su momento de “madurez artística y empresarial”. Una etapa donde conviven niños de siete años que empiezan a bailar, jóvenes que llevan una década con ella, profesores que fueron alumnos y adultos que encuentran en sus clases un espacio para cuidarse.

Ensayos del grupo coreográfico Wonder de cara al Carnaval 2026. / Andrés Gutiérrez
«El baile está de moda», dice, «pero también es una necesidad. Aporta a nivel físico, emocional y social», lo que motiva que muchos quieran probar hasta experimentar algo ‘wonder’. Maravilloso.

Wonder, sello de calidad en el universo coreográfico, poner su vista en el Carnaval. / Andrés Gutiérrez
Wonder forma a alumnos como profesores
La academia Wonder, de Diana Rucabado, logra la cuadratura del círculo: los que empezaron de pequeños son hoy docentes; otros, en plena madurez, atraviesan la etapa competitiva; algunos se marchan a estudiar o trabajar y vuelven cuando pueden; y llegan nuevos que enganchan desde la primera clase. «Para hacer esto hay que estar un poco loco… Bueno, un poco no. Mucho», confiesa la coreógrafa, que cosechó los tres primeros de Interpretación del concurso de grupos coreográficos.
El proyecto de Diana Rucabado ha reunido en pocos meses a 400 alumnos y un equipo docente formado en su mayoría por antiguos alumnos, que mantienen su vínculo con Wonder.
El centro prepara su estreno en el Carnaval con 200 bailarines y un montaje que la directora mantiene en absoluto secreto. Los ensayos se reparten entre El Toscal y el pabellón del Colegio La Salle, mientras un equipo de madres y padres diseña vestuarios y estructura la producción.
Rucabado define la etapa que afronta desde mayo como su «madurez artística y empresarial», un ciclo donde conviven nuevas generaciones con bailarines que llevan una década formándose con ella, sinónimo de sello de calidad.
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