Entrevista
Francisco Tovar, expolítico represaliado por el franquismo: «Los demócratas nos dejamos sorprender por la ultraderecha»
Francisco Tovar Santos (Santa Cruz de Tenerife, 1949), exconcejal de su ciudad, fue detenido tres veces entre la dictadura y la Transición. Es un referente de la izquierda y voz autorizada en este Día de la Constitución y a los 50 años de la muerte de Franco.

Francisco Tovar, Paco para sus amigos, en una imagen de hace unos días. / El Día
Francisco Tovar reflexiona sobra la actualidad política nacional, regional y local en un día tan importante para él como el que celebra la Constitución de 1978 por la que luchó y sufrió persecución, golpes y humillaciones en el final de la dictadura franquista y en los primeros años de una democracia cuyo momento analiza entre la preocupación y la esperanza.
¿Qué piensa en este día tan especial tras cumplirse 50 años de la muerte de Franco?
(Se emociona). Recuerdo sobre todo a los compañeros que no tuvieron la fortuna de ver cómo la sociedad reaccionaba frente a la dictadura y la arrinconaba. Es el caso de Antonio González Ramos, del que hace unos días se cumplieron 50 años también de su muerte, asesinado por el policía José Matute. Los recuerdo con mucho cariño.
¿Qué le diría a ese 19% de jóvenes que valoran positivamente los casi 40 años de dictadura?
Eso solo se puede mantener desde la ignorancia y el desconocimiento. Las fuerzas democráticas, los demócratas, en general, nos dejamos sorprender por la reacción producida entre la extrema derecha. Les dejamos el terreno para que puedan llevar adelante sus amenazas y coacciones. Ha sido un descuido, muchos jóvenes se han visto enredados en esa madeja y se han encastillado en posiciones que no les corresponden ni histórica ni culturalmente.
Muchos mitos rodean al franquismo. De la creación de la Seguridad Social al sindicalismo. ¿Cómo valora esta relectura de la historia hoy en auge?
Eso es un cuento chino. La Seguridad Social no tiene que ver con Franco. La parte más rica y positiva de la protección se produce durante los años 20 y 30. El franquismo en todo caso la destruyó y la desmontó. Y al sindicalismo lo convirtió en una oficina de alistamiento. Recuerdo que, en la época del auge de la extrema derecha al amparo de la Confederación Nacional de Sindicatos, de los sindicatos verticales y sus sectores más radicales, salieron los autores de la matanza de abogados laboralistas de Atocha en enero de 1977.
¿Cómo contrarrestaría un revisionismo que niega el papel del pueblo español durante el régimen y la transición política?
Hubo varios acontecimientos que precipitaron el final del franquismo. Por ejemplo, las grandes movilizaciones sociales, las primeras huelgas que se extendieron por la Península y también por Canarias. La clase obrera volvió a encontrarse con sus raíces después de tantos años de persecución y de destrucción. Ese movimiento obrero, el estudiantil que creció a la par o los intelectuales desencadenaron una crisis social que la derecha no fue capaz de responder. La derecha se bloqueó y se quedó atrás. Hace poco vi en televisión una serie de documentales sobre la transición política. Entre otras cosas contaban la historia de cómo habían logrado deshacerse de un sector que iba a votar en contra de la ley de reforma y era una amenaza para la evolución del sistema. Unos políticos muy listos, entre los que estaban nuestro Lorenzo Olarte, Fernando Suárez o Belén Landáburu fueron los ponentes de la ley y organizaron muchas maniobras para intentar aislar a los más reaccionarios. Una de ellas fue graciosa porque invitaron a un crucero por el Caribe a más de cincuenta altos cargos del régimen, del sindicato de transporte la mayoría. Mientras tanto redactaban la nueva normativa.
«Solo se puede valorar como positiva la dictadura desde la ignorancia y el desconocimiento» «Contra Franco había mas entusiasmo en la izquierda, pero se vivía infinitamente peor que ahora»
¿Contra Franco se vivía mejor?
Contra Franco, los militantes de la izquierda éramos más jóvenes y en consecuencia teníamos un mayor grado de entusiasmo que el d ahora. Pero contra Franco se vivía infinitamente peor.
Del PCE al PSOE pasando por varias etapas, como la actual, sin militancia activa. Una trayectoria política de libro y parte de la historia de Canarias.
He intentado cumplir siempre con seriedad y solvencia, además de ser una persona fiel a sus convicciones y a sus amigos y amigas. También honesta. Eso se corresponde con una serie de aportaciones en el terreno de la política activa y otras en el de la reflexión digamos intelectual.
¿Cómo recuerda aquel Madrid al que llegó en 1966 para estudiar Económicas?
Podría describirse como una ciudad de Galdós, una estampa galdosiana porque era muy costumbrista, imbricada con el campo, sin servicios, atrasada y primitiva, pero también alegre y entusiasta con las causas. Creía en lo que aspiraba y se movía por ello. Quise mucho ese Madrid, me parecía admirable y formó parte de mi vida. El de hoy no logro explicármelo aunque lo sigo queriendo. Mantengo la esperanza de que la actual sea una situación pasajera.
Sufrió tres detenciones con un periodo preso en la mítica cárcel de Carabanchel.
Una fue en Madrid en 1966 y las otras dos aquí. No fui torturado, pero sí golpeado y humillado, lo menos que se podía esperar de esa gente. Lo de Carabanchel me cogió en una época intensísima, la del Proceso 1001 de los sindicalistas de Comisiones Obreras como Marcelino Camacho la de los fusilamientos de la gente del FRAP, Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico, partido marxista leninista escindido del PCE. Allí tuve camaradas para toda la vida. Dentro de una situación evidentemente negativa hubo aspectos positivos. Carabanchel era una universidad del pueblo y aprendíamos todo de todos,de los mineros asturianos o de los ferroviarios. Los juicios se celebraban en Madrid y allí llegaban los expedientes políticos, sociales y judiciales de toda España. Había debates interesantísimos en los que participé.
¿Cómo analiza el fenómeno del auge de la ultraderecha en Europa y de Vox en España?
En los momentos en los que la historia se agita y parece que las situaciones se precipitan, fantasmas del pasado como, por ejemplo, el fascismo, se rearman e intentan tomar posesión de la estructura política de una sociedad. El caso de Vox es parte de una situación de derrota ideológica histórica como fue la de la derecha española en la transición política. Ha surgido un encastillamiento en las posiciones más reaccionarias de parte de sectores de esa derecha. Aunque no es fenómeno extraño al conjunto de Europa, resulta significativa la violencia con la que ha estallado en España. Sin proyecto ni estrategia política, grupos de la extrema derecha han usurpado posiciones que corresponderían a la derecha tradicional y están tensando la realidad social de una forma inquietante. Yo creo que el fenómeno se va a agotar. Se va a agotar porque como decíamos esta gente no tiene ni proyecto ni ideología ni valores. Lo que le queda es un autoritarismo de origen fascista que les permite agrupar a cuadrillas de indocumentados alterando el orden y la vida social normal, creando causas artificiales como, por ejemplo, la antimigración o agravando los problemas de convivencia que se producen cuando hay movimientos sociales importantes. Creo que el asunto va a morir, pero no podemos confiar en que se produzca al margen de una izquierda que debe mantenerse como el referente moral, ético e ideológico que nos permita agrupar a la mayoría de las fuerzas sociales detrás de un proyecto humanista, solidario y democrático de izquierdas.
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